El Pulso de la Semana
Soplando en el viento...

Tuvo que ocurrir un inmenso dolor, la folklórica lentitud del Estado, la impotencia de la gente de a pie, también la indiferencia de muchas personas e instituciones. Tuvo que ocurrir un "septiembre negro" en esta pequeña provincia, alejada de todo y adormecida en su belleza en el apartado ángulo noroeste de un país en crisis. Tuvieron que producirse en pocos días desapariciones y muertes de cuatro jóvenes mujeres para que se sacudiese el letargo y se despertasen las urgencias por visibilizar la angustia que venía contenida y aumentando la presión durante semanas. Las redes sociales canalizaron mejor que los medios tradicionales la autoconvocatoria de una multitud sin líderes ni banderas sectoriales.

Las calles de San Salvador de Jujuy y de varias ciudades del interior se llenaron de gente. Salvo matices, las consignas dominantes fueron "Ni una menos", "Vivas nos queremos" y "Justicia". Por supuesto, aparecieron los de siempre, que quisieron apropiarse del clamor popular y masivo para llevar agua para sus habituales miserables molinos de violencia y antigestión. Y aparecieron los otros de siempre, prestos a subestimar y minusvalorar la queja espontánea y enorme, diciendo que estaba promovida por conspiradores que sólo pretenden desestabilización o derrocamiento. Miles de voces cantando los taparon, y miles de pies transitando las calles jujeñas los pasaron por encima y los dejaron descolocados, identificados como torpes de toda torpeza, y huérfanos de toda razón o justificación. El tema se volvió excluyente, y si aprendemos de la experiencia que dejó, podría instalarse una bisagra en el comportamiento de la sociedad y sus instituciones. Y hubo reacciones que merecen analizarse.

En la gente de Jujuy, de todas las franjas sociales, económicas, educativas y etáreas, la repercusión fue unánime: sorpresa y aprobación. La sorpresa vino de la mano del reconocimiento a ese movimiento arrollador y pacífico, inicialmente femenino, pero rotundamente abarcativo en su expresión. La aprobación fue el siguiente paso: los jujeños reconocieron que la violencia de género es tan estructural como primitiva, con diferentes matices, y vino siendo tolerada, esquivada y hasta en algunos casos naturalizada por un sesgo cultural ancestral. La última semana de septiembre marcó el final de esa oprobiosa tolerancia enraizada en sectores de una sociedad que todavía mantiene a la mujer y particularmente a las jóvenes y a las niñas en un escalón inferior de la consideración y el respeto. Y ni qué hablar de las personas de los colectivos Lgtbi (lesbianas, gays, transgéneros, bisexuales e intersexuales) que con valentía formidable, soportan todo tipo de incomprensiones y ataques, para defender sus derechos y su opción a vivir según sus inclinaciones y sentimientos personales.

PEDRO BELIZÁN / “NO SIEMPRE ENTENDEMOS EL DOLOR DE LA MUJER”

La reacción más sonora apareció sobre el final de la semana más dura del "septiembre negro", desde el Estado. El Gobierno entre tardíos pésames y acompañamientos a familiares y amigos de las víctimas, cuando aún resonaban los ecos de las marchas, apresuró el envío a la Legislatura de un proyecto con el rimbombante título de: "Ley de Creación del Comité Interinstitucional Permanente de Actuación ante la Desaparición y Extravíos de Mujeres y Niñas o Personas de la Diversidad". Las conversaciones previas a la sesión no iban a lograr jamás el apoyo de la oposición. La Izquierda no aceptó que se diera más poder a los funcionarios que según explicó Alejandro Vilca (FIT) "no estuvieron a la altura de sus obligaciones". Desde el PJ, se atacó la movida oficial. El sentido mensaje de la diputada Fátima Rocío Tisera Villagra, preciso y vital, expresado desde su doble condición de mujer y legisladora, y el reconocimiento de disvalores culturales "por los cuales los hombres no comprendemos el dolor de una mujer", que expresó con sinceridad el presidente del bloque Pedro Belizán, sintetizaron las expresiones de todo el sector. Se debe hacer notar que también al rector de la Unju le extrañó -como a muchos- la introducción de la palabra "extravío" en el proyecto del Gobierno. "No se puede mandar una ley que use la palabra "extravío".

En una norma de coordinación interinstitucional usar la palabra extravío, la verdad, demuestra cómo piensan algunos niveles", lamentó Rodolfo Tecchi y recomendó "bajar mensajes más claros a la sociedad". Le tocó al jefe radical, Alberto "Piqui" Bernis, la difícil tarea de actuar otra vez como el muro de contención para las múltiples críticas y como primera espada de Cambia Jujuy para justificar la aprobación en soledad de la Ley Nº 6.185 (soledad observada porque quienes siguieron el debate por TV aseguran que no se levantaron las manos suficientes). Como sea, no se puede dudar de la voluntad del gobernador de querer llevar adelante "un claro proyecto político de combatir la violencia contra la mujer y de mejorar las capacidades del Estado para enfrentar el crimen organizado, la trata y la explotación de personas", como expresó Bernis.

Sin embargo, quedó marcado que este Comité, integrado por funcionarios y organismos oficiales al que suman otros de la Justicia, pudiera haber sido citado de urgencia, sin necesidad ni de ley ni de debate, a medida que las desapariciones y la presión social iban recargando el escenario provincial. Hubiese bastado una simple seña del Poder Ejecutivo -autoridad y capacidad de mando le sobran- para armar de hecho un gabinete de crisis y acometer la lucha de manera urgente. Los ataques se centralizaron -quizás un tanto injusta y hasta cruelmente- en el ministro de Seguridad, Ekel Meyer, y la presidenta del Consejo Provincial de la Mujer, Alejandra Martínez, dos funcionarios del riñón selecto del gobernador, de fuerte gestión y trabajo permanente, que ahora, investidos de mayor poder y obligaciones, además deberán regenerar la confianza del resto de los jujeños, demostrando que el nuevo Comité cumplirá su cometido.

Para cerrar esta columna, permítame el amable lector, reproducir un fragmento de la letra del fantástico tema de Bob Dylan, "Soplando en el viento". Dice así: "Cuántas veces debe un hombre levantar la vista, antes de poder ver el cielo./ Cuántas orejas debe tener un hombre antes de poder oír a la gente llorar./ Cuántas muertes serán necesarias, antes de que él se dé cuenta, de que ha muerto demasiada gente./ La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento. La respuesta está flotando en el viento".