"La única forma de  ayudar y ayudarse a uno es siendo positivo"

En las enfermedades mentales suele pesar el estigma asociado al miedo pese a que afecta a mucha gente en quienes también hay muchos avances y resiliencia. Es el caso de Charly Mendoza, pseudónimo para resguardar su identidad, quien contó los grandes avances que tuvo en su vida a partir de ser tratado y llevar adelante actividades que le permitieron estar mejor y avanzar con tranquilidad.

El paciente vive con una pensión y junto a su familia de origen que lo apoya y acompaña en cada etapa. "Invierto para sentirme bien", dijo.

La vida de Charly, que hoy tiene 35 años, se volvió insostenible hace mucho tiempo atrás. "Desde 2002 mi vida, para decirlo criollamente, estaba en el fuego del infierno, y con el tratamiento médico descubrí el cielo. En mi vida estaba todo mal", recordó.

Tenía 17 cuando comenzó con una crisis de depresión al culminar el colegio, y tuvo que pedir ayuda para salir de ese estado. Su diagnóstico fue psicosis, esquizofrenia paranoide y al día de hoy toma medicamentos para dormir.

"Vivo una vida normal como toda persona que se tiene que desarrollar, sobrellevar las cosas, tomar herramientas del pasado para el futuro, sentirse querido, amado, respetado, aprendí los valores del optimismo, de la mejoría", afirmó. Dijo que aprendió mucho en el proceso, ante el enojo poder escribirlo en un papel de modo de transformarlo, y en su caso usa la guitarra para hacer música y expresarse.

"Desde que comencé mi tratamiento he podido sobrellevar y lograr muchas cosas grandes", relató Charly. La asistencia psiquiátrica incluye actividades que solía tener hasta el inicio de esta pandemia, talleres del Neuro fútbol club, grupo de vóley, básquet, fútbol. También hicieron taller de manualidades donde aprendió a hacer cadenitas.

"Aprendí de todo y me gusta mucho, mi sesión psicológica y psiquiátrica me gusta mucho, me funciona porque me descubro a mí mismo y me hace bien porque sé que cuento con gente que me escucha y un vínculo afectivo bueno", afirmó Mendoza agradecido al hospital Sequeiros y su personal.

Recordó la experiencia "Radio lúcido", propuesta que se hizo en calle Alvear, para ayudarse y "poder expresar lo que sentimos a través del arte", explicó. Cuenta con orgullo que toca la guitarra y canta, ya que asistió a talleres de guitarra, dibujo, canto, yoga y zumba.

Ponderó las actividades que hizo como parte del tratamiento y admitió que le gusta participar de los actos que solía hacer el hospital. "No está mal pedir ayuda, es tomar conciencia de que uno tiene que hacer su tratamiento para mejorar su calidad de vida, y así como a uno lo ayudan podemos ayudar a otros".

Pese a que ahora con la pandemia no se pueden hacer actividades presenciales, y muchos de los talleres no están a la mano, Charly no pierde contacto con el grupo de Whatsapp de Neuro fútbol club, allí cada uno cuenta lo que le pasa y se ayudan, además de que hay asistencia de dos psicólogos. Otro grupo "los más copados" está a cargo de un profesor y una responsable de autocuidado, otro de dibujo, que permite estar en contacto, hacer seguimiento a modo de sesión.

"La única forma de ayudar a los demás y de ayudarse a uno es siendo positivo, optimista. Sabemos que está el coronavirus y la pandemia pero me levanto, me lavo, pongo alcohol, uso barbijo y me activo", detalló y recordó que hizo equinoterapia con la familia.

La esquizofrenia es un trastorno mental muy estigmatizado

“La esquizofrenia es uno de los trastornos más graves que se presentan dentro de las problemáticas de salud mental, es muy compleja en la cual se presenta una alteración en la interpretación de la realidad. Hay una alteración en cómo la persona capta la realidad y esta se manifiesta a través de diferentes síntomas”, precisó el psicólogo Martín López, del Equipo Interdisciplinario del hospital “Néstor Sequeiros”.

Planteó que hay síntomas de varios tipos, alteración a nivel del pensamiento, la afectividad y la relación social o interpersonal. Las causas pueden ser múltiples, predisposición genética; significaría funcionamiento defectuoso, desequilibrio a nivel de neurotransmisores que repercutiría en un déficit de funcionamiento en emociones y conducta. También influyen los factores ambientales, experiencias estresantes o exógenas y sistemas familiares disfuncionales. Suele surgir en la adolescencia y adultez, desde los 16 hasta alrededor de los 30 años en promedio. Se manifiesta por síntomas positivos, negativos, cognoscitivos y emocionales.

Los delirios y alucinaciones son algunos de los síntomas llamados positivos, que implica creencias distorsionadas, ideas de estar siendo perseguido, amenazado, delirios de grandeza, creerse un famoso, etc. Y como alucinaciones con fenómenos de percibir objetos, sonidos, voces ausentes, una alteración en la percepción y del pensamiento, decir frases incoherentes. Otros síntomas son falta de expresividad, embotamiento afectivo. También síntomas negativos como falta de motivación, que no responde a los estímulos, progresivo aislamiento social, deja de interactuar con otros.

“En principio no es peligroso si la persona cumple con un tratamiento adecuado. Por ejemplo, en el hospital Sequeiros hacemos un abordaje interdisciplinario de la problemática, significa que la persona debe hacer un psicofarmacológico con un psiquiátra, psicoterapéutico, y saberes como terapia ocupacional, servicio social y otras disciplinas necesarias”, explicó. Si se sigue con un equipo, es tratable con abordaje integral y holística, favoreciendo la inclusión también en actividades psicosociales, recreativas y deportivas, puede tener rehabilitación social y calidad de vida.

Si la persona está en tratamiento el riesgo para sí misma u otras es mínimo, porque tiene buena adaptación social. Solo podría ser un riesgo si no continúa con un tratamiento farmacológico, contención, y si la persona por estas creencias delirantes o fantasías de que esté siendo dañada, perseguida, en su afán de protegerse intente dañar a otros o a sí misma si percibe que alguien controla su conducta o su cuerpo, o percepción de manifestaciones internas y para aplacar angustia. Afecta al 1% de la población pero sigue habiendo estigma que dificulta el regreso de la persona a su medio, y que se debe replantear.

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