Interesante movimiento turístico en Tilcara

Así como alguna vez, allá por el mes de marzo, nos sorprendimos con la ruta vacía, ahora vuelve a asombrarnos una caravana de vehículos que, el domingo a mediodía, encaraba las últimas curvas antes de llegar a Tilcara. Ni aquella vez, en la que empezamos por ser optimistas para ir calibrando, de a poco, las dimensiones de lo que sucedía, ni esta, ya acostumbrados a la incertidumbre, tenemos certezas de lo porvenir, pero el movimiento turístico nos llena de esperanzas.

Sabemos que aquí la música tiene una importante cercanía con el turismo, porque más allá de la creatividad y de la expresión de una cultura, el arte sonoro es también un trabajo. Lo es en todos lados, pero más donde tocar en peñas y en restoranes, en salas y en plazas, fue el principal sustento de muchas familias, y podemos imaginar la congoja de Santa Cecilia, su patrona, durante todos estos meses de quietud para el mundo del espectáculo. Porque si todos los escenarios del país se cerraron, acá se le agregó la falta de turismo, que nutría las butacas.

No nos vamos a apresurar a decir que, este fin de semana largo, se produjo un milagro en el que la Santa Patrona de los músicos y de la música fue la protagonista. En algo sin duda ayuda que haya tres días no laborables, un clima apacible que refresca por las noches y tantas ganas que tienen los jujeños de volver a andar la Quebrada, y hubo cosas que, debemos reconocerlo, se empezaron a parecer a las de antes del mes de marzo.

Hablamos de un Tinglado lleno de puestos y de clientes, hablamos de una plaza con oferta artesanal, recuerdos y comidas locales con turistas y vecinos en torno, con música sonando en vivo en el centro de la plaza, los bancos ocupados por familias o por grupos de amigos, caras desconocidas pese a lo poco conocidas que nos resultan las que se ocultan tras el barbijo, y una sensación de renacer que alegra y que, veremos con más detalle pasado el fin de semana, debe haber dejado algún rédito económico.

Que sea un impasse de la pandemia, un ojo de la tormenta, no es algo que podamos decirlo hoy. Tal vez debamos acostumbrarnos a tiempos intermitentes de turismo con otros de intimidad, de soledad para algunos, o como en la canción de María Elena Walsh llegue el doctor en su cuatrimotor, portando una vacuna que nos permita dejar atrás este tan extraño 2020.

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