El universo de Bach: ven, dulce muerte

El mundo sigue aún dormido, como en un suave letargo introspectivo y cauto, del cual no sabe cuándo se va a despertar. Así la hemos venido "remando" un tiempo , nos hemos visto globalizados más que nunca, compartiendo las experiencias por igual en todo el mundo. Del rico al pobre, del rey al más honrado señor que duerme en las calles, si, presidente, primer ministro o el vecino del frente, nunca hemos comprobado mejor que ahora que todos los seres humanos son iguales, sin distinción de raza, color de piel, credo o ubicación geográfica.

Un tiempo que nos lleva a reflexionar y mirar no hacia afuera, no hacia el exterior, hacia el otro, sino hacia nosotros mismos.

En este tiempo hemos aprendido tantas cosas, y no por los cursos online que hayamos hecho, sino por el tiempo que hemos tenido que pasar con nosotros mismos, enfrentado nuestros miedos, nuestros fantasmas, nuestras inseguridades, las frustraciones y las esperas.

Quizás hemos soltado lo que no nos ayuda, quizás hemos tocado fondo y hemos vuelto a la superficie.

A lo mejor alguien ha enfrentado el virus de la peor manera pero ha salido adelante.

Es posible que hayamos perdido a un ser querido o un conocido, sintiendo la proximidad de la muerte muy cerca, sintiendo un miedo o sensaciones hasta ahora desconocidas.

En noviembre, el mes de las almas, recordamos en especial este año a las personas que han pasado a otro estado, que están en otra dimensión, quizás en esa dimensión donde no hay dolor ni preocupación, donde la paz reina y la liberación del sufrimiento es la consigna.

Un compositor que se ha ocupado mucho del tema de la muerte, como liberadora y amiga, ha sido el músico por excelencia Johann Sebastian Bach.

Muchos conocen la música de Bach porque el lector amante del cine ha escuchado (y visto) la escenificación de la música del compositor alemán en alguna película de terror. Es el caso de la toccata y fuga en re menor, que fue escrita para órgano y para el placer de los oídos y no para aterrarnos al escuchar los primeros compases.

Si quizás asociamos esta música con el miedo, con las películas de Drácula, pues quizás no esté tan alejado nuestro pensamiento, que lleva a la muerte, como el famoso conde que sacrificaba a sus víctimas y que luego de la mordida fatal, pasaban a otro "estadio" de vida, una vida vampiresca.

Seguramente Bach no tenía esto en mente, sino la idea más bien religiosa de como sufrimos en este mundo, lleno de plagas, pestes, sufrimiento y dolor.

Es solo con la muerte cuando dejamos atrás esta vida de tantos sinsabores y tristezas.

Quizás el no veía lo que aprendíamos de tantos malos momentos, lo que ahora se llama resilencia, sino que fiel a su convicción protestante, veía a la vida como un manojo de tentaciones, opulencia, derroche y pecados. Recordemos que la Reforma Protestante se había concebido como protesta ante los excesos que Martín Lutero había visto en el Vaticano durante su viaje a Roma como joven religioso y que al ver aquellos desmanes no pudo más que rebelarse y fundar su religión mas "pura" y alejada del vicio que el veía.

Johann Sebastian Bach creó muchísima música para la iglesia protestante. Sus cantatas eran representadas en la iglesia los domingos y días de fiesta, con textos de los evangelios. También nos ha legado un conjunto de perlas musicales que el mismo interpretaba junto a su familia, en especial sus niños.

En el cuaderno destinado a su segunda esposa, Anna Magdalena Bach, concibió una de sus más famosas canciones "Bist du bei mir" (BWV 508), que nos habla de cuán feliz estará si su amada está a su lado a la hora de la muerte, si sus dedos cierran sus ojos, yendo así a hacia la muerte pero con alegría.

Otra forma de ver la vida y la muerte, una aproximación diferente desde el amor y la aceptación.

 

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