“Debemos dejar de naturalizar la violencia”

El cineasta Francisco Márquez en diálogo con El Tribuno de Jujuy se refirió a su nueva película titulada “Un crimen común” que fue seleccionada a para la Competencia Argentina en el marco de la 35° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y que podrá verse hoy online en el sitio web del encuentro cinematográfico www.mardelplatafilmfest.com.

La película gira en tono a Cecilia una profesora de la Universidad de Buenos Aires que tiene una vida personal y profesional ordenada de clase media. Una noche de lluvia toca la puerta desesperado Kevin el joven hijo de su empleada doméstica. Ella temerosa decide no abrir y finalmente el muchacho se va. Al otro día encuentran el cuerpo del chico en el río y todo parece indicar que fue asesinado por la policía. Y la mujer entra en un círculo de degradación atormentada por no haber respondido al pedido de ayuda. La película inquietante lleva a reflexionar sobre temáticas vinculadas con la violencia estatal y las diferencias de clases y también transita por cuestiones relacionadas con la culpa, la empatía, los prejuicios, los dilemas morales y lo hace utilizando magníficamente los elementos del lenguaje cinematográfico para dar cuenta del declive emocional de la protagonista. Sin duda una propuesta muy interesante que interpela al espectador.

 

¿Qué significa el Festival de Mar del Plata para Ud.?

Es un festival muy importante, que quiero mucho, lo he transitado como espectador y tiene una programación muy cuidada. Y hoy tengo sensaciones contradictorias que tienen que ver con esto de la virtualidad porque hace que todo sea un poco abstracto, en el sentido que uno no tiene esa ansiedad del estreno, los nervios de la sala llena y la devolución del público o sucede de otra manera. Así que son sensaciones de ambigüedad.

 

¿Qué recorrido tuvo la película?

 

Se estrenó en el Festival de Cine de Berlín lo que fue muy bueno no solo porque es un encuentro muy importante sino porque fue presencial ahí tuvimos varias funciones y el encuentro con el público fue intenso. Luego empezó la pandemia y a partir de ahí la película empezó a recorrer festivales internacionales online, estuvo en Londres, Brasil, Irlanda, Turquía, pronto estará en Cuba, está haciendo un recorrido internacional muy intenso y eso nos tiene muy contentos. Tendrá su estreno comercial en Brasil el año que viene y  aquí en el país tomamos la decisión de esperar salas, cuando lo permitan las condiciones sanitarias estrenaremos comercialmente aquí.

 

¿Por qué se inclinó por este proyecto?

 

Al momento de encarar un proyecto no es que uno va a buscar algo, sino que surgen temas en lo cotidiano que conmueven o movilizan y en el caso de esta película aborda cuestiones que a mí me inquietan mucho y que son recurrentes en la sociedad que tienen que ver con la muerte de los jóvenes de los sectores populares por la violencia estatal. Son casos que ocurren cotidianamente (de ahí el título de la película) son crímenes comunes. Sin embargo, el filme no cuenta ni la historia de un pibe, ni el entramado policial detrás de este tipo de situaciones o los encubrimientos policiales o políticos, sino cómo nos vinculamos como comunidad (ahí está la otra acepción de la palabra común) con esos crímenes. Cecilia, la protagonista es una persona progresista que observa críticamente la realidad sin embargo hay algo que tenemos internalizado (y cuando digo “tenemos” me incluyo a mí porque esta es una película que también a mí me interpela) y es la cuestión de la sociedad de clases, porque parece que la pertenencia de clase muchas veces es casi de vida o muerte y también la manera en la que vivimos en nuestra sociedad naturalizando estos crímenes, porque si uno estuviese todo el tiempo dándose cuenta de esto que sucede no podría vivir, porque sería muy angustiante, entonces lo naturaliza cada vez más. Y esto es un problema y por lo menos a mí eso me conflictúa. Por eso hicimos esta película, intentando reflexionar para pensar esta situación.

 

La película aborda también el tema de la culpa ¿Cómo trabajó eso?

 

La cuestión de la culpa es algo que se aprecia bastante, la película habilita esa apreciación, pero más que el tema de la culpa lo que me interesaba era abordar cómo un personaje a partir de un hecho empieza a cuestionar su sentido casi existencial cómo a partir de ese hecho se desmorona, se desmembra, necesita refundar el sentido de su vida, repensar su práctica, sus vínculos, la manera en cómo se relaciona con el mundo. Eso es lo que trabajamos en la película y lo hicimos desde la forma con un trabajo con la luz, el sonido y el espacio todo se va degradando y hacia el final no se encuentra una solución, no porque no la haya sino porque siento que no soy yo el que la tiene que dar, sino que tenemos que pensar en común. El grito final es para que despertemos para dejar de naturalizar la violencia que vivimos.

 

Entonces ¿qué lugar le da Ud. al espectador en este cierre?

 

Para mí es muy importante, por eso valoramos tanto la sala cinematográfica, porque ese es un lugar de encuentro, es un lugar casi sagrado, donde la película se termina de completar. Las poquitas veces que hemos tenido la posibilidad de pasar la película en sala pasaron situaciones interesantes, por ejemplo, en Berlín los europeos que estaban allí hablaban de la represión en Argentina como si no ocurriera algo similar con los árabes allí. Y era muy interesante ver cómo los inmigrantes que estaban viviendo en Alemania se identificaban con lo que sucedía en la película y ocurrían  discusiones en la sala. Una chica de la India dijo que ella había sentido lo mismo en Alemania y un alemán salió le de la sala indignado diciendo que esas cosas no ocurrían allí. Y eso es fuerte. Para mí es muy importante lo que sucede con el público y por eso también la película propone una experiencia física, la intención es que uno pueda ponerse en los zapatos de Cecilia y preguntarse qué haría en una situación así. No buscamos tomar una distancia crítica del personaje, tener una mirada desde afuera porque eso sería cínico de mi parte y muy cómodo. La idea era meternos ahí adentro. Por eso la película a mí me resulta incómoda, porque nos pone en un lugar que es muy difícil pero no lo hace los fines de provocar sino para tratar de reflexionar desde ese lugar.

 

¿Cómo fue el trabajo con las protagonistas?

 

Fue un trabajo súper intenso, pero no intenso en el sentido de ensayar mucho porque casi no lo hicimos sino que nos juntamos a leer  y a hablar sobre nuestras experiencias y sobre los personajes para tratar de entenderlos y lo hicimos juntos con Andrea Testa (productora ejecutiva) y  las actrices Elisa Carricajo que hace de Cecilia y Mecha Martínez que interpreta el personaje de Nebe y fue muy importante porque esta última no es actriz profesional es una dirigente el movimiento piquetero, es de La Matanza en el Gran Buenos Aires y era su primera experiencia actoral. Tanto a Elisa (Carricajo) como a Mecha las elegí más que por sus condiciones técnicas (que son importantes) por su sensibilidad. Yo sabía que si entendíamos la conducta del personaje al momento de interpretarlo en el set iba a salir. En definitiva, lo que hacen es expresar la sensibilidad humana. Ese trabajo común que se hizo entre Elisa y Mecha fue clave. A mí me gusta pensar que la película no sólo una ficción de Cecilia sino un documental del encuentro entre Elisa y Mecha.

¿Qué importancia le da a los festivales de cine?

 

Son importantes en tanto permiten acceder a un tipo de cine el cual está cada vez más vedado en las salas cinematográficas en el país por lo menos. Si se ven los datos del año pasado, hubo 3 compañías de distribución que ocuparon el 90% de las salas cinematográficas entonces los festivales permiten que uno pueda acceder a un tipo de cine al que por este nivel de concentración no se tiene acceso. Y vale mencionar que los festivales siempre son un éxito de gente con salas llenas y eso es una confirmación de que hay público para este tipo de cine lo que debería llevar a reflexionar sobre la necesidad de políticas estatales para diversificar la distribución más allá de los festivales. Los festivales están muy bien pero no puede ser que uno tenga solo unas semanas al año para acceder a un tipo de cine que no se puede ver en otro lado.

 

 

¿Cómo sigue el camino de la película?

 

Pronto estaremos en La Habana Cuba, en un festival que queremos mucho, ya fuimos con una película anterior (“La larga noche de Francisco Sanctis”) y el filme se verá en sala, en forma presencial y allí la gente vive las películas, habla de ellas, comenta. Es increíble lo que sucede ahí, con la película anterior se dividió el público, se peleaban y fue una cosa muy interesante y “Un crimen…”   seguirá luego su camino por Suecia, Brasil y va a tener va tener su estreno comercial en Suiza y en Inglaterra porque es una coproducción. Y tendremos el estreno comercial Argentina lo más pronto posible y esperamos poder llegar a todo el país porque nos gusta acompañar las películas de manera presencial y siempre que se pueda haremos lo posible.

 

Ud. fue docente de la Enerc NOA ¿Qué recuerdos tiene de su paso por Jujuy?

 

Fue una experiencia hermosa, es muy lindo poder dar clases de cine en general (ahora estoy dando clases en la Sede Cuyo) y en particular en la Sede NOA porque se vive el cine con mucha pasión y compromiso y pude apreciar otro tipo de historias y miradas. La idea de las sedes regionales es armar focos de producción. Hay potencial en los alumnos. Me parece que sería sumamente importante que haya un plan de fomento federal que garantice la producción en las provincias. En lugar de estar pensando como disponemos de las mejores condiciones para que otros hagan negocio y produzca aquí, yo si fuera del presidente del Incaa vería cómo hacer para que se puedan producir series en cada una de las provincias y armar una producción de series a nivel federal que muestre las diversidades de todas las regiones del país y que alimente los contenidos de los canales de toda la Argentina. Yo creo que ese sería el camino que se debería tomar y le daría fuerza e impulso en las sedes regionales de la Enerc.

 

 

¿Cuál es su visión sobre el cine del interior?

 

Justo hace unos días vi “Las mil y una”, la película de Clarisa Navas de Corrientes y es un filme muy valioso, es una muy buena película que muestra cosas que no estamos acostumbrados a ver en cine, es otra forma de hablar, de moverse, de vincularse. Y la referente máxima es Lucrecia Martel.

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