Un escándalo que expuso al Gobierno nacional

Argentina sigue siendo un país inexplicablemente distorsionado en sus valores fundacionales y también en su denostada clase dirigente, que volvió a mostrar su peor cara durante el bochornoso velatorio de Diego Armando Maradona. Los argentinos somos incapaces de despedir a nuestro máximo ídolo sin caer en una violencia cavernícola ni en una utilización política vergonzosa, que fue observada en cadena nacional por todos los países del mundo, desprestigiando aún más la cuestionada imagen de la Nación ante los ojos de presidentes, inversores extranjeros y turistas.

Lo que debió ser una ceremonia íntima en donde la seguridad garantice el corte de los accesos para evitar la llegada de público, se transformó en una bomba sanitaria y furiosa irreproducible ante los ojos de la opinión pública. Argentina, desafortunadamente, volvió a demostrar que no está preparada para organizar un evento de estas características, tal como ocurrió con la final de la Copa Libertadores que terminaron disputando en Madrid.

¿Con qué lógica Alberto Fernández ofreció la Casa Rosada, un lugar cerrado e institucional, para realizar una ceremonia que tendría cerca de un millón de personas? La verdad es que no hay ninguna explicación razonable que pueda justificar eso, más allá de querer asociar a la popular figura de Maradona con la del Gobierno de Alberto y Cristina. ¿Mezquindad política? Todo hace pensar que sí.

¿Por qué el Gobierno nacional organizó un velorio que estaba claramente prohibido por los protocolos de coronavirus a sabiendas de que podría agravar sensiblemente la situación sanitaria del país? Ese es otro de los interrogantes que no se terminan de comprender, aunque podría tener una explicación más ligada a la política que a la pandemia: el Gobierno buscó capitalizar todo el movimiento de gente como si fuese un acto de respaldo al kirchnerismo, fuerza política a la que apoyaba el director técnico de Gimnasia La Plata. ¿Cuál fue el resultado? Volvió a mancharse la imagen del jefe de Estado, que quedó como la cara visible del escándalo mundial tras dar decenas de notas periodísticas contando sus anécdotas con Maradona.

¿Con qué autoridad se exigirán políticas de aislamiento previas al segundo brote de Covid si el propio Estado convocó a una multitudinaria violación del distanciamiento social en la Plaza de Mayo? Con ninguna, aunque esto no es la primera vez que ocurre en las últimas semanas, ya que también ocurrió durante el Día de la Lealtad Peronista. Ni esa convocatoria ni la del jueves fueron consideradas por el Gobierno como "súper contagiadoras", palabra utilizada para denostar los cacerolazos de la oposición, muy inferiores en cantidad de gente. En los hechos, el jueves se terminó la cuarentena en la Argentina y la dirigencia política deberá repensar rápidamente de qué forma volverá a instalar la cultura de la prevención en la sociedad. Lo curioso de todo esto es que se da justo un mes antes de que comience el período de vacunación masiva en el país, que alcanzaría en una primera etapa a cerca de doce millones de personas.

¿Quién planificó que uno de los velatorios más masivos de la historia argentina podía realizarse en sólo diez horas? El Gobierno se ataja ante esa cuestión asegurando que fue la familia de Diego la que no quiso una despedida más larga. Aún siendo así, el Presidente está obligado por su responsabilidad institucional a no autorizar un evento que, desde el principio, se veía venir como un descontrol con pocos precedentes. Si uno alista un millón de personas con un metro de distancia entre cada una, la fila llegaría desde la Casa Rosada hasta Bariloche. Ese dato, por sí mismo, refleja con absoluta claridad cuán previsible era lo que ocurrió.

Alberto Fernández asegura que el Estado organizó el velatorio porque de otra manera hubiera sido peor. Es muy probable que esa hipótesis sea cierta, aunque sería analizar una situación contrafáctica e imposible de comprobar, pero quedó claramente demostrado que la participación del Estado no mejoró la seguridad ni logró garantizar ningún tipo de orden. No es exagerado afirmar que estuvo en riesgo la seguridad del Presidente y su vice durante los desmanes producidos en el Patio de las Palmeras de la Rosada, ya que ambos se encontraban presentes en la Casa de Gobierno. Lo que ocurrió fue una locura institucional, sanitaria y hasta de seguridad nacional.

La política

Sólo 48 horas después del escándalo los jubilados argentinos se enteraron que el aumento del cinco por ciento que recibirán en diciembre en realidad será un dinero a cuenta del incremento de marzo. ¿Qué significa eso? Simple, un incremento cinco por ciento inferior al que iban a tener en marzo. La política de ajuste está siendo cada vez más depredadora con los jubilados, a quienes se les eliminó una fórmula de movilidad que les hubiese dado más dinero, fue reemplazada por otra que no contempla la inflación y, encima, ahora tendrán un aumento menor en cuatro meses.

"El ajuste lo están pagando los acreedores", afirmó días atrás el Presidente. Está claro que no todos lo ven de la misma manera que el jefe de Estado.

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