Preparándose para la Navidad

En la época de Adviento, muy próxima a la Navidad, se llenan los espacios publicitarios y las calles con música navideña. Qué mejor época para descubrir, conocer o redescubrir la música navideña.

Como sabemos, la Navidad se originó con el nacimiento de Jesús y la elección de esta religión para el imperio romano, que conquistó Occidente. No sólo la parte oeste de Europa (los actuales Italia, Grecia, España, Francia, Portugal, parte de las Islas Británicas, Alemania y Países Bajos, entre otros) sino también norte de África y parte de Oriente Medio. Tan grande que luego se dividió en imperio romano de Occidente y de Oriente, con diferentes idiomas oficiales, el latín y el griego, y que más tarde dieron lugar, a partir de dialectos o variantes, a las lenguas oficiales de cada uno de esos países y que conocemos como italiano, español o castellano, francés, por citar algunos, e incluso algunos que prácticamente se han extinguido, como el occitano en Francia.

El imperio romano tenía una religión oficial, porque claro que existían otras religiones menores, pero la oficial era la que luego, a través de la literatura clásica conocemos, como los dioses Júpiter, Juno, Marte, Venus y que testimonio del mismo son los días de la semana en castellano, como Martes, Jueves (alusión a Júpiter) que a su vez, eran dioses griegos, los famosos dioses del Olimpo (Zeus que pasó a ser llamado Júpiter, Hera, Juno, y así).

La adaptación marcó la vida del imperio romano, pues luego de este pasado politeísta y lleno de dioses y pequeñas o grandes fiestas en honor a los mismos, como las Bacanales y las grandes orgías, pasó a limitarse a un solo Dios, al adoptar la religión cristiana, emergente en Jerusalén, y que es el actual Israel, donde está Belén, lugar de nacimiento de Jesucristo.

Esta adaptación no logró desterrar las antiguas celebraciones en honor de los dioses menores, sustituidos por estatuas de los santos.

Igual fenómeno se vio en América Latina, donde las culturas originarias eran también politeístas y que era un común entre la mayoría de las culturas del mundo.

La adopción, ya sea voluntaria, también conocida como conversión, o a la fuerza, como sucedió especialmente en América Latina durante la colonización, marcó también el origen de las fiestas religiosas.

La Navidad, así como la Pascua, fueron celebraciones nuevas para el imperio romano que acababa de adaptar esta nueva religión y donde la cultura giraba en torno a los dioses protectores con sus fiestas. Claramente esto debió haber sido un choque no sólo cultural sino también moral y hasta personal, al tener que dejar de festejar a tal dios patrón de tal o cual cosa.

Pero como sabemos, el ser humano es capaz de adaptarse en muy poco tiempo y seguir remándola, como hemos escrito en uno de nuestros artículos anteriores. La capacidad de reinvertarnos, aquí y en la China, en el sentido más literal de la palabra, no es nuevo y lo vemos ahora, en los tiempos de la nueva pandemia conocida como coronavirus o Covid-19.

Nunca hemos dejado que las circunstancias nos hagan decaer y nos destruyan, siempre hemos salido adelante. Entonces, para el ser humano, ¿qué era cambiar de religión o de dioses (o dios?).

Pues las celebraciones de Navidad o Pascua seguirían celebrándose como antes, pero con un dios distinto. Las fiestas paganas en honor al sol o a la primavera verían una transformación leve pero efectiva. El pueblo seguiría celebrando, pero bajo un nombre distinto.

Lo mismo sucedió en América Latina, y hablando concretamente, en la América Andina, donde los dioses tuvieron un drástico vuelco y se tuvieron que mimetizar o camuflar bajo otro nombre, pero el sentimiento es el mismo, ¿no?

Un ejemplo muy claro es la pintura del pintor Melchor Pérez de Holguín (Cochabamba, Virreinato del Perú, 1660-Potosí, 1732), cuya pintura de la Virgen Maria mimetiza excelentemente y da por primera vez una figura humana occidental a la Pachamama, en este caso representada como la Virgen del Cerro, pero que para los que querían, y en especial los catoliquísimos españoles, veían a la Virgen María, Madre de Jesús y los otros, los dominados, veían a la Pachamama, Madre Tierra, pues esta figura emblemática de mujer con una corona, emerge de la tierra y extiende sus brazos al cielo.

Se podría decir que es una reinvención por parte de Melchor Pérez de Holguín de la Madre Tierra, haciéndola más cercana a ambas culturas coexistentes en la época colonial española de América.

Cada uno de los bandos estaba feliz y veía lo que quería ver. Una forma de conciliar la vida a través del arte y que sirve de ejemplo al arte barroco mestizo, arte que unió a artesanos indígenas y mestizos con maestros españoles.

La música barroca sudamericana también fue fruto de este mestizaje. Los villancicos brillaron por la excelencia de los mismos. No sólo la cultura indígena y la sensualidad de la misma influyeron en la creación de los villancicos polifónicos del Alto Perú, sino que los esclavos africanos, traídos a la fuerza en un denigrante acto, también contribuyeron. Es así como surgieron las Negrillas o Guineos, también conocidos como Villancicos de Negros.

¿Tendrán que ver con las adoraciones de Navidad que conocemos en el Norte argentino? ¿Se las seguirán cantando? ¿Has escuchado alguna vez en vivo una negrilla?

 

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