Laberintos Humanos: Los enredos

Varias amigas de la víctima del robo, pareja del cabo Urbiña, denunciaron que les ofrecieron las prendas íntimas que le desaparecieron a la Cecilia Minuá. Por eso las fuimos a visitar, para tomar testimonio, y nos repartimos tres yo y dos el cabo. Eso pudo haber quedado ahí, nunca dimos con el botín aunque la denuncia señalara muchos detalles de los revendedores.

Pero a los pocos días empecé a notar las ojeras del cabo. Llegaba cansado a la seccional, parecía que apenas podía dormir por la noche. En una de sus guardias, me confesó que visitaba a una de las amigas de su novia, la Cleta Mendía, y la verdad era que tras estar con ella, como no tenía el coraje de confesárselo a la Cecilia, terminaba amaneciéndose en su casa.

Dura la vida de un donjuán, aseguró Pierro Donadou Quispe, por experiencia, tras escucharlo al comisario, que siguió relatando que así andaba el pobre, medio sonámbulo ya, cuando Cecilia Minuá empezó a sospechar algo de lo que sucedía, pero jamás le pasó por la cabeza que se tratara, justamente, de su amiga.

Celosa como se estaba poniendo, fue a la casa de la Cleta para confesarle su plan: voy a volver a fingir que me robaron para que el comisario mande al cabo Urbiña de consigna, así lo tengo vigilado yo a él. Ya me parecía que el primer robo era una patraña, dijo Bautisto Solón con una seguridad que nadie le cuestionó.

Tal como usted dice, dijo el comisario Pierro, pero el tema es que la Cleta estaba enganchada con el cabo y era a quien se le pedía que ayudara a su amiga para cuidarlo.

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