Laberintos Humanos: El eterno retorno

Les decía que hubo en Tilcara delitos que también fueron ficción, nos dijo el comisario Pierro. Y uno de ellos fue el que denunció la Cecilia Minuá para que yo le mandara al cabo Urbiña, su novio, que andaba faltando mucho de la casa, para que investigara el caso. Pero se termina por enganchar con una de las testigos que puso la Minuá, su pareja.

Se trataba de la Cleta Mendía, y la Cecilia Minuá no va que se le ocurre mentir otro delito, del que supuestamente era víctima, y le pide justamente a la Cleta que sea la que dé el falso testimonio. Pero la Cleta se había aquerenciado con el cabo, va y se lo confiesa, empezando por el primero de los falsos robos y siguiendo por este, que ni siquiera había llegado a concretarse en la ficción.

El cabo era un hombre recto, salvo por sus debilidades carnales, y se presentó en mi despacho para denunciar a las dos: a su novia Minuá por haber mentido dos robos y a su amante Mendía por haber sido su cómplice en el primero. No tolero las mentiras, aseguró porque acaso se sintió estafado.

Vos tampoco fuiste muy honesto con la pobre Cecilia, le dijo el comisario al cabo y decidieron dar por cerrados los casos sin hacer mucho escándalo, total que todos parecían haber aprendido la lección, sólo que a los dos meses los vio paseando juntos al cabo Urbiña y la Cecilia Minuá, y a los pocos días, cuando la Cecilia se apersonó en su despacho para denunciar un robo, le pidió que no lo volviera a meter en sus asuntos maritales sin saber si acaso este nuevo delito pudiera ser cierto.

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