Reflexión en tiempo de cuarentena en cuaresma

El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida; ¿quién me hará temblar? Salmo 27

Querida comunidad parroquial de San Pedro y San Pablo:

A los Agentes de Pastoral especialmente, a las familias de la catequesis y a todos los fieles que dan sentido y contenido vital a esta comunidad, deseo ofrecer palabras como gesto de cercanía en este momento en que el bien común requiere "distanciamiento social".

Nuestra misión es construir la comunión y, sin embargo, en este tiempo de crisis, el aislamiento es lo más propicio como medio de prevención. Por paradójico que parezca, mantener la distancia entre nosotros significa que realmente nos preocupamos los unos por los otros. Nos mantenemos a distancia no porque tengamos miedo de enfermar; sino porque queremos ayudar a romper la cadena de transmisión viral.

"Soportar este sufrimiento"

En estos momentos que nos toca transitar es doloroso para nosotros, y sobre todo para nuestros mayores, no celebrar libre y abiertamente la Eucaristía, el sacramento de comunión; considerando que es un momento en que más lo necesitamos. Y sin embargo tenemos que soportar este sufrimiento en el espíritu de la solidaridad humana y la comunión, porque "si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento" (I Cor. 12:26).

En este tiempo de cuarentena en cuaresma, estamos invitados a detenernos y reflexionar sobre la cercanía de Dios para con nosotros. Ahora que se restringe el culto público y libre para todos, por el bienestar de los fieles, nos demos cuenta de la importancia de la comunión espiritual. Es ahora entonces que hemos de sentirnos invitados a experimentar este tiempo como un prolongado "Sábado Santo", como cuando la Iglesia "se abstiene de la celebración de la Eucaristía" meditando sobre la pasión del Señor y esperando su resurrección. No dudemos de que Jesús permanece cerca de nosotros siempre e incluso cuando tenemos hambre del Pan de Vida.

Esta situación no puede paralizarnos en nuestra "misión", debemos cruzar las fronteras lingüísticas, culturales e incluso ideológicas para difundir la Palabra de Dios y no permitir que el egoísmo "endurezca nuestro corazón".

"No olvidemos la lección"

La pandemia actual muestra claramente que, para que algo circule, son necesarios la cercanía y el encuentro personal.

Cuando esta crisis termine, no olvidemos la lección: si queremos que el Evangelio circule en nuestro mundo secularizado, en nuestras familias y comunidades, son necesarios la misma cercanía y el encuentro personal.

Recordemos ahora más que nunca la exhortación de nuestro obispo: "Que en ningún hogar de Jujuy falte una altar para la Virgen María, y que en cada corazón Ella tenga un trono desde donde nos proteja". Y que ese altar nos reúna cada día a orar juntos como familia de Dios.

No olvidemos rezar por los enfermos y por aquellos que los cuidan. Incluso en nuestra soledad, Dios está cerca de nosotros, y nunca estamos solos porque todos somos de Cristo, y Cristo está en cada uno.

Con mi bendición, y fortalecidos en la oración.

P. Miguel David +

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