Médica argentina que atendió decenas de casos y se contagió en New York

La médica argentina Victoria Moreno, de 38 años, estuvo en la línea de fuego del coronavirus en Nueva York y el COVID-19 llegó a golpearla: ella, su marido y su hija de 3 años resultaron contagiados por el brote que se extiende aún sin freno por la ciudad, hoy uno de los focos más peligrosos del mundo, con más de 280 muertos y 33.000 casos.

De San Isidro, egresada de la Universidad Austral, vino 14 años atrás a Estados Unidos para su residencia en Duke University y hoy trabaja como médica clínica en Jackson Heights, Queens, en un centro de guardias de cuidados no severos, donde la gente ingresa sin turno y se la atiende rápido. Las primeras semanas de marzo, antes de que el presidente Donald Trump declarara la emergencia nacional, Moreno recibía un aluvión de pacientes con síntomas de coronavirus que entonces no podían ser testeados, hasta que ella misma cayó enferma para luego contagiar a su hija y también a su marido, un arquitecto estadounidense. Su otra hija, de un año, permanece hasta ahora sin síntomas.

Desde su casa de Brooklyn, donde cumple cuarentena, pero ya prácticamente restablecida, la doctora habló por teléfono con Clarín para contar su historia y alertar a los argentinos sobre la peligrosidad del COVID-19. De acuerdo a su experiencia, el coronavirus es impredecible como “una ruleta rusa”.

-¿Cómo te contagiaste?

-En la clínica estábamos viendo muchísimos pacientes con síntomas de gripe y creo que más de uno de ellos tenía el coronavirus.

-Recién el 13 de marzo se declaró la emergencia nacional. ¿Qué veías en los pacientes?

-Desde que empezó marzo las consultas subieron muchísimo. La guardia se llenó de gente, algo muy raro para la época del año, y estábamos como estábamos en diciembre otra vez. Había muchísima gente quejándose como si tuviese gripe, pero la gripe ya estaba en descenso. De hecho, testeamos a estos pacientes con el test de la gripe y a todos les daba negativo. Pero la gente entraba con fiebre, con dolor en el cuerpo. Era uno tras otro con la misma sintomatología. El 9 de marzo y el 11 de marzo fueron dos días particulares en los que estábamos viendo muchísimos casos de coronavirus, sin poder diagnosticarlos objetivamente porque en ese entonces solo nos dejaban hacer el test en pacientes que habían viajado o en aquellos que habían estado expuestos a casos confirmados. Entonces, no teníamos manera de comprobar que estos pacientes tuvieran el virus, aunque mis compañeros y yo sospechábamos que estaban infectados.

-¿Ustedes no tomaban precauciones como el uso de barbijos?

-La verdad que no. Si había un paciente que se presentaba muy enfermo o con síntomas respiratorios les poníamos un barbijo a ellos, pero nosotros no. De hecho, la recomendación era que si uno estaba sano no usara ni barbijo, ni guantes, ni nada. Incluso para el personal de la salud, hasta entonces la recomendación era esa. Vi un solo caso de un paciente que había estado expuesto, y era un caso confirmado. Lo aislamos, y nosotros nos protegimos. Avisamos al departamento de Salud para que le hicieran el test.

-¿Cuándo comenzaste a percibir que tenías síntomas?

-Yo trabajé hasta el miércoles 11 y el jueves mi hija amaneció con fiebre. Tuvo fiebre 3 o 4 días y después de ese cuarto día empecé con fiebre yo.

-¿Pensaste que ambas podían tener coronavirus?

-Sospeché en los dos casos. Con mi hija no tanto porque tiene 3 y tenía un poco de placas en la garganta. En principio, pensé que era una faringitis, le di amoxicilina, pero no respondió bien y me asusté. Igual estaba bastante bien, no estaba terriblemente enferma. Pero cuando me agarró fiebre a mí, y un dolor terriblemente intenso en el cuerpo, ahí dije: “Esto es lo mismo que yo vengo viendo hace dos semanas en el consultorio”. El domingo 15 de marzo ofrecieron los tests en mi trabajo y fui a primera hora a hacérmelo yo y mi hija. Tres días después me informaron que eran positivos los dos casos.

-¿Tuviste fiebre fue muy alta?

-No tan alta, lo máximo 38,5 o 39. Tomé paracetamol y la controlé bastante bien. Lo que más me molestaba era el dolor en el cuerpo. Tenía mucho cansancio. Pero en tres días prácticamente me recuperé. Mi hija tampoco tuvo fiebre tan alta y al cuarto día ya estaba bien.

-¿Y después se enfermó tu marido?

-El día que yo me sentí mejor, cayó mi marido y él estuvo con 8 días con fiebre. Fue horrible porque también tuvo muchísima tos, dolor en el cuerpo, dolor de cabeza y garganta, un poco de diarrea. Ninguno de nosotros está dentro de la población de riesgo. Pero él recién ahora se está recuperando.

-¿Tienen que quedarse en cuarentena cuánto tiempo más?

-La recomendación es que te hagas el test otra vez y que te dé negativo dos veces, pero no lo están cumpliendo porque necesitan tanto que el personal de salud vuelva, que te hacen volver. Igualmente, cuando volvés, lo haces totalmente protegida. Ahora se usa bata, máscara, guantes, anteojos para cubrir los ojos, todo. Ahora no te dejan ver pacientes si no estás totalmente cubierta.

-¿Crees que en Estados Unidos se minimizó al principio la pandemia? ¿Se debió haber hecho algo antes?

-Para mí estamos atrasados dos semanas con los datos. Desde el 1 de marzo vengo viendo posibles casos que ni siquiera tenían la opción de hacerse el test. Los números están atrasados y lamentablemente mucha gente se contagió cuando nosotros pensábamos que solo había 50 casos en la ciudad entera. Y había más, yo los vi.

Desde el 1 de marzo vengo viendo posibles casos que ni siquiera tenían la opción de hacerse el test

-¿Cuántos pacientes veías vos en un día con síntomas de coronavirus?

-Por ejemplo, el 11 de marzo, en un turno de 12 horas, vi 65 pacientes y te diría que 40 tenían esos síntomas. Y en el otro turno hubo cifras similares. No sé si todos tenían coronavirus porque no tuve forma de probarlo, pero yo luego me sentí igual que ellos y después mi marido.

-¿Los pacientes que viste esos días se iban a su casa sin recomendación de aislamiento?

-Claro, nada. Se tomaban un taxi en la puerta de la clínica. Hubo mucho contagio sin que nosotros supiéramos que estábamos expuestos porque en los medios y en los comunicados que recibimos del Centers for Disease Control (CDC) y del gobierno de Nueva York nos llegaban estos datos que para mí estaban atrasados.

-¿Las medidas que están tomando ahora son acertadas? ¿Crees que el sistema de Nueva York va a desbordar?

-Hoy están mucho más alertas y preparándose para muchas internaciones. Lo que yo sé es que los hospitales por ahora no están colapsados. Están tomando medidas, como abrir un centro de convenciones para instalar camas, traer un barco sanitario y más respiradores. Hoy se están preparando para muchas internaciones, pero es difícil predecir si el sistema se va a colapsar o no. Se tomaron las medidas correctas, pero se atrasó un poco.

-¿Por qué crees que Nueva York es uno de los epicentros de la pandemia?

-Estoy de acuerdo con lo que dice el gobernador Andrew Cuomo. Es una ciudad tan cosmopolita, con tantos inmigrantes, y estamos tan cerca uno del otro que es prácticamente imposible evitar el contagio. Los aeropuertos no se cerraron del todo y con los viajes la ciudad se llenó de casos.

-¿Cómo sigue tu familia argentina tu caso?

-MI papá se preocupó inicialmente pero ahora está más tranquilo, porque ya pasó. Gracias a Dios no necesitamos internación y ellos están en la Argentina tratando de contar esta historia para que la gente se lo tome más en serio. Más que nada hablé muchísimo con mis compañeros de la facultad que trabajan en distintos hospitales y distintos centros. En la Argentina los veo muy preparados, hay una especie de cultura de alerta mucho más fuerte de lo que había acá hace dos semanas.

-¿Qué mensaje darías a tus colegas en nuestro país y a los argentinos en general?

-Les diría que el virus es altamente contagioso, especialmente en gente sin síntomas. Entonces, la única manera de evitar el contagio masivo es el aislamiento social. Todo el mundo dice lo mismo, pero no hay otra forma de explicarlo. Seguramente, la mayoría de los pacientes que contraigan el virus estarán bien como mi marido, mi hija y yo. Pero hay que tener en cuenta que hay otros que no van a estar bien y no hay forma de predecir quién va a terminar con complicaciones. Esto es como una ruleta rusa.

 

Fuente: Clarin

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