Cuarentena

Entonces llego a mi casa y me recluyo en la cuarentena, enciendo la computadora (suelo poner música en la que no canta nadie, al menos en castellano) y chequeo la correspondencia. En estos días se multiplican los mensajes, pero hay cantidad de videos y de audios que prefiero evitar.

Aunque no soy partidario de andar criticando y entiendo que haya quienes necesiten cierta dosis de protagonismo, paso por alto la información que no venga de fuentes confiables. Otros son mensajes de amigos que comparten cosas más o menos intrascendentes pero entrañables, sobre todo por venir de amigos.

Pongo tres o cuatro Me Gusta y comparto alguno que me resultó gracioso o interesante. Se me hace que muchos, que acaso anden solos o preocupados, se pondrán bien al saber que se leen sus chistes o sus reflexiones, no porque sea yo sino por saber que hay alguien que los lee. Comparto también la última pintura de algún conocido, alguna canción que me recuerda algo.

Elijo, como hago todos los días, la foto de algún bonsái. Adoro esos árboles pequeños que repiten a los otros, los de los montes, de los cerros, y que me saben al fruto de un diálogo entre el artista y la planta. Los míos son muy pequeños, apenas brotes de algunos meses en sus latitas. Algún día, cuando valga la pena, los compartiré.

Tomo uno, dos mates y me detengo en un mensaje que, no sé por qué aún, me llama la atención. Es de Jazmín Torfe, del Bachillerato Nº 2 de Perico, y me pongo a leerlo. Conforme pasan las oraciones va cobrando mi atención cada vez más.

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