En la tierra y en su red de vínculos encuentra el ancla para pensar

Compositora e intérprete de sus canciones, Nora Benaglia presentó en el 2019 también un libro de poemas. Como a todos nosotros, la cuarentena la obligó a modificar sus hábitos y proyectos, por eso la consultamos sobre cómo pasa estos días y empezó por contarnos que "frené la actividad musical porque es muy fuerte todo lo que está pasando, me agarró más como gente que como artista".

Nos cuenta que "estoy haciendo una huerta, cosechando y haciendo salsa con los tomates que saco, estoy limpiando la casa, ordenando, escribiendo bastante pero no canciones, y como sigue la actividad en la Escuela de Artes 49, estoy armando mis clases virtuales, cosa que lleva tiempo porque es algo nuevo y hay que buscarle la vuelta. Les paso archivos de música para que escuchen, y poesía".

Agrega que "tenemos que encontrar la forma de no desmotivarnos. No sé si la hiperactividad va a ayudar, sino más bien ir alimentándose de cosas que en algún momento se puedan transformar en una producción. Todavía está todo muy a flor de piel, siento que estamos muy vulnerables, incluso la situación de los profesores en la escuela es frágil. Y uno empieza a encontrar sentidos compartiendo música, comunicándose con la familia, con los hijos que están lejos".

Piensa que es tiempo de "hacer más fuerte esta red virtual que es como una imagen de lo que es el mundo real, y tenemos que reforzar esa imagen. Ahora estoy haciendo un cantero más para sembrar, ya tenía dos hechos, y pongo zucchini, brócoli, mucho tomate, eso lo necesito y tengo la suerte de tener este pedacito de tierra acá, y el sol que siempre hay en la Quebrada. Eso nos va a ayudar un montón, somos muy afortunados por el lugar donde estamos".

Nos cuenta que "lo que estoy escribiendo no es algo tan coyuntural. Trato de ver el trasfondo de lo que pasa, leyendo las entrelíneas, la letra chica. Me lleva a pensar mucho sobre cosas que una intuía, pero que fueron muy abruptas y muy absolutas, siento que no es tiempo de metáforas y hay que ser cuidadosos con lo que está mal, muy pacientes con los que necesitan paciencia y muy intolerantes con los que no merecen tolerancia".

Piensa que "esas son cosas que no me permiten concentrarme en la canción. Voy a tener tiempo para intentarlo, y lo que me vuelve a centrar es estar en la tierra, ver en qué anda cada uno, acompañarlos, ahí encuentro el cauce. Cuando empezó la cuarentena estaba en un montón de proyectos, en un grupo de teatro con Silvina Togneta, Martín Ezquivel y Martín Dacar, donde los cuatro actuamos y ensayamos desde hace un año una creación colectiva". También estaba "trabajando con una productora cordobesa, Susana Guzmán, para unos proyectos como solista, empezando a hacer las maquetas para grabar una producción con siete u ocho temas, que va a ser un álbum virtual de composiciones mías, y trabajando mucho con el colectivo de mujeres Por Más Mujeres Músicas, algo muy potente que me llevaba mucho tiempo, mucho corazón, mucho debate, y escribiendo poesía más firmemente".

Cuando piensa en cómo puede influir esta situación a futuro, enumera "las cosas pequeñas, hechas a mano, lo sensorial, pensar que no hay soluciones individuales a problemas colectivos, trabajar siempre en red, algo así me imagino. Se sale juntos, no sé si enteros, cada uno va a tener que dejar un cacho para alimentar ese colectivo que se está pariendo, que va a costar mucho. Vamos a salir distintos, yapados, diferentes". Y termina contándonos que "la obra de teatro habla del amor, del amor en sus formas más diversas, y por ahí pienso que es la única clave que tenemos para salir".

 

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