Aprendiendo en tiempos difíciles

 En esta semana con tantas malas noticias y que cambian cada día por el coronavirus, vamos a ver lo positivo que poco se dice y que quizás no vemos o no se prioriza en los medios.

 Necesitamos ver una esperanza pero es difícil saber lo que puede pasar, esta pandemia nos ha tomado de sorpresa y sin tiempo para prepararnos.

 Vemos cómo no distingue entre ancianos, gente joven, príncipes y mendigos, europeos, asiáticos o americanos. Y nos hace pensar una vez más, aunque esta reflexión peque de obvia y lógica, que todos somos iguales. Ni títulos ni dinero sirven para escapar del aislamiento social impuesto para evitar propagar el virus, sólo estando en casa y evitando el contacto físico con otras personas nos mantienen sanos, no sólo a uno mismo sino también al prójimo. Evitando el contacto físico el coronavirus no se esparce, sobretodo si el que lo porta no sabe que lo tiene, porque a veces los síntomas tardan en manifestarse o lo hacen sólo de forma leve.

 Pero la cuarentena  voluntaria nos ayuda a ver y a apreciar de lo que nos privamos de hacer y lo que no veíamos, a valorar y a pensar.

 Es cierto, no podemos visitar a nuestros familiares y amigos, no podemos salir pero sí podemos entrar, ver nuestro interior y la riqueza ya presente o a desarrollar.

 Como distracción están el internet y las redes sociales, contactos con amigos a través de diferentes medios pero, qué pasaría si también colapsaran estos servicios?

 Pues no queda otra que enfrentar a nuestro mejor amigo: nosotros mismos. Ver nuestra vida pasada, presente, evaluar: aprender, mejorar, cambiar, reflexionar.

 En un tiempo en que los transportes se detienen, la sociedad parece suspendida en el aire y la gente permanece en sus casas la naturaleza se atreve a entrar en las ciudades. 

 Un cambio en el mundo que parece también golpear nuestra puerta y los resultados son buenos si vemos la otra cara de la moneda: el aire parece más limpio, menos basura en las calles, menos ruidos, reducción de gases, aguas que vuelven a ser cristalinas, animales que se atreven a pasear por la ciudad ante la falta de humanos. Quizás una suerte de reconciliación de Pachamama con el hombre, o a la deidad que personalmente se evoque.

Como decíamos en la columna de la semana anterior, la especie humana y su instinto de supervivencia ha hecho que haya ganado ante guerras y pestes, calamidades que han diezmado países y continentes. Aún así, aquí estamos, y seguiremos estando.

 La imaginación y la tecnología ha hecho que todas las estructuras cambien a un ritmo más rápido que nuestro pensamiento. De pronto nos sentimos dentro de una película en la que nadie nos ha invitado a participar, pero en la que nos la ingeniamos para llegar hasta el final y que muy probablemente lo haremos.

 Las clases se han visto interrumpidas, los locales donde se impartía enseñanza se han cerrado pero aún así las instituciones educativas han preparado propuestas donde se dan clases "on line“, a través de skype, zoom o foros especialmente diseñados por centros educativos, una especie de enseñanza a distancia que ya existía pero vista nuestra capacidad de improvisación se ha puesto al alcance de todos, en una suerte de experimento para algunos, los menos avezados en tecnología. Pero aprender sigue estando al alcance, no de todos pero sí de muchos.

 También la solidaridad se ve presente en estos momentos, donde algún vecino hace las compras para los mayores, quienes se ven más amenazados o quizás alguien de casa que sabe cómo instalar aplicaciones en nuestros teléfonos móviles y así poder ayudar a estar en contacto con nuestros seres queridos pero que están en otros países.

 Así, en la cultura y es lo que a nuestra columna respecta, la tecnología a través de apps y programas de edición ha hecho posible que muchas orquestas, coros y músicos se pongan en contacto para seguir haciendo música, que es nuestro trabajo, pero sin público presente y sin teatro. No nos queda otra alternativa que la transmisión en vivo desde nuestras casas o hacer un video entre los miembros de un grupo para luego colgarlo en las redes y llegar así al público.

 Cómo reacciona la audiencia? Pues será todo un tema, cambiar nuestras estructuras de vida por un tiempo indeterminado. El hombre es un animal de costumbres y como tal, terminaremos adaptándonos. Eso sí, ni las distancias ni las circunstancias nos detienen, la música es nuestra vida y sin ella ni nuestro público, no nos realizamos.

 Pero de todo tiempo malo podemos aprender algo y servirnos de esa enseñanza para el futuro.

 Y cuando recordemos marzo de 2020 sabremos cómo nos hemos comportado y qué aprendimos en este momento tan duro pero que ya habrá pasado.

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