Llevo un "Diario de la Cuarentena", pero no lo comparto

¿Qué hacés en cuarentena?

En esta cuarentena obligatoria estoy trabajando mucho más que antes. Trato de seguir una rutina: levantarme temprano, bañarme, cambiarme como si iría a la oficina, desayunar y sentarme en la computadora. A leer. A escribir.

Los primeros días de este año pensé que me iba a gustar mucho poner la fecha. Y ahora, pierde su gusto, se ha convertido en una necesidad, para no perder el rumbo.

Trabajo en varios proyectos individuales y en algunas colaboraciones colectivas, en las que interactúo con personas de otras latitudes.

Me lavo las manos y, mientras lo hago, intento cantar, pero no me sale. Pienso en las indicaciones que he visto largamente en varios medios. No puedo cantar, pero aprendí a lavar mis manos en profundidad.

Intento continuar con la planificación anual de actividades literarias para el Centro Cultural "Tizón". Mi objetivo es conectar a la literatura con los lectores, promover la lectura y la escritura creativa. Mis propuestas se centran en el contacto, el encuentro. Ahora son un desafío porque las reglas han cambiado. No podemos salir de casa.

¿Qué es lo que más te preocupa?

Los primeros días de confinamiento me asaltó la angustia: ¿qué no nos están comunicando acerca de la situación global? ¿Cuánto tiempo pasará hasta poder volver a abrazarnos o a salir? ¿Cómo harán algunas personas para cumplir el confinamiento, con sus victimarios, en condiciones lamentables?

Hace unos días hablaba con un amigo español y le decía que se venga a Jujuy, que aquí estábamos bien, que mi casa es grande y podría darle refugio. Veía esta situación como algo muy lejano. Y nos explotó en la cara: el mundo es más pequeño de lo que pensamos y Jujuy es parte del mundo. No nos gusta pensarlo así, pero es una realidad. En esos primeros días, me invitaron a una radio y no acepté. No quería salir de casa y no sé si la productora lo entendió. Un amigo me invitó a tomar un cafecito, si andaba por el centro. Era como si nada pasara. Y yo sentía que estaba protagonizando una película de ciencia ficción sobre el fin del mundo. El fin del mundo tal como lo conocíamos.

No tengo mucho problema con no salir de casa. Mis acciones cotidianas son leer, escribir, leer, bordar, tejer: todas a realizar puertas adentro. Todas, bastante solitarias. Todas creativas y que requieren disciplina y paciencia. Soledad y silencio. Digamos que, abstrayéndonos del problema enorme que supone esta pandemia, serían situaciones ideales. Pero no puedo dejar de pensar en el maldito coronavirus.

Sigo los informes del COE y me enorgullecen los profesionales que bregan por nuestro bienestar.

Esta realidad que nos toca universalmente, ¿se vuelca en tus escritos? ¿Inspira? ¿Qué le pasa a la escritora con esto?

Sí, claro. Estoy un poco agotada de que todo sea sobre coronavirus y covid-19. Y recurro a otros temas. La Editorial Sherezade de Chile ha lanzado un "Reto escritor" para escribir un microrrelato por día y lo estoy haciendo. Llevo un "Diario de la Cuarentena", al estilo de Hernán Casciari, pero no lo comparto. Es más bien una bitácora personal.

Varias personas me pidieron que diera un taller literario virtual, pero no puedo hacerlo. Mi mejor estrategia es contar con la presencia de los talleristas. Pero lancé un par de propuestas por redes sociales: sugerencias de lecturas, que van desde buscar los libros que andan dando vueltas por la casa, hasta leer a Olga Orozco (actividad planificada para realizarla en el Centro Cultural "Tizón", al cumplirse 100 años del nacimiento de la poeta). Luego, algunas propuestas de escritura creativa. Propuestas de estímulo creativo para que quien tiene ganas de escribir, pueda hacerlo. Me han enviado sus textos varios escritores reconocidos, personas que asisten ocasionalmente a las actividades que realizo en el Tizón, y algunos que se animan a escribir por primera vez. Todos agradecen el estímulo creativo. La creatividad es una cantera que nunca se agota, que no tiene piso ni techo.

Quisiera que todos lean y escriban porque son formas de libertad y de búsqueda: la búsqueda, ahora, es hacia adentro. Recorrer la casa hasta encontrar un objeto del que podamos contar su historia. Trabajar con la imaginación y con la memoria emotiva.

Creo que este es mi pequeño aporte en estos tiempos. Paso mucho tiempo respondiendo a esos mensajes y realizando devoluciones de los textos: algunas correcciones para optimizar las producciones, una mirada externa que ayuda a llevar algo bueno hacia su esplendor. Es mucho trabajo. Es agotador. Pero satisfactorio.

¿Y a la creadora? (Digo por las artesanías que hacen en tu familia)

Seguimos trabajando. Seguimos tejiendo para nuestra iniciativa de hacer las mantas para personas en situación de vulnerabilidad. Creemos que, en algún momento, esto terminará y volveremos a nuestra construcción colectiva.

Nuestro proceso productivo artesanal no se detiene. Cada objeto pasa por la mirada y las manos de todas. No sé cómo seguirá nuestro emprendimiento. En mayo teníamos previsto hacer una muestra y trabajamos como si pudiéramos hacerla. No permitimos que la incertidumbre nos detenga.

¿Cómo puede el arte ayudar en estas circunstancias?

El arte, la escritura, son siempre sanadores. Nos sostienen en momentos de crisis. Hablo de la literatura, no de libros de autoayuda, que no son más que manuales de instrucciones y no impulsan a la creatividad. La literatura nos ayuda a comprender el mundo, a bucear en la condición humana, nos instala en este mundo, otros múltiples mundos posibles.

Nos ayuda no sólo como entretenimiento, o como una posibilidad de enriquecer nuestro léxico y nuestras competencias comunicativas, sino desde su función catártica. Creo que la escritura nos conecta con la realidad. Julia Cameron sostiene que la escritura es un acto de conexión, que conecta al escritor con su yo primero y luego con el mundo. Escribir es un modo de ordenar el caos, es una búsqueda. Y toda búsqueda es, en algún punto, sanadora.

¿Qué proyectos tenías para este año, y cómo se vieron afectados?

En estos días tendría que estar preparando las valijas para viajar a España para una beca de escritura. Obviamente es algo que no se dio. En mayo se haría el Congreso Internacional de Minificción en Lima, Perú, que también se suspendió.

Todos los proyectos que tenía se ven afectados, hay otros ahora que tenía abandonados y retomo.

Me gustan los cuadernos. Me gustan las lapiceras de colores. Hice acopio de ellos y tengo soporte para escribir. Un cuaderno es algo más importante que una hoja suelta y tiene, casi, la forma de un libro. Así que escribo en un cuaderno y esos grandes proyectos se achicaron. Escribo en mis redes. Ya desde el año pasado había empezado a compartir unas "Crónicas de lo cotidiano", que ahora están atravesadas por la cuarentena.

¿Cómo afecta a tu economía esta situación? y ¿qué apoyo necesitarías en tu caso para paliar este momento?

Me pregunto cómo puedo ayudar a tantas personas en situación de vulnerabilidad. Mi economía es precaria. Si no cobro mi sueldo, no sé cómo sobreviviría. Vivo al día, pero sé que voy a estar bien. Sé que hay más personas buenas y solidarias que de las otras. Y que de esta, vamos a salir juntos. Depende de todos: de poner cada uno lo mejor de sí para recuperarnos de esta y volver a abrazarnos.

 

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