Políticos al gobierno...el virus al poder

La tan particular situación de sufrir una pandemia y su efecto colateral inmediato, una cuarentena generalizada, está poniendo a prueba a todos los protagonistas de la sociedad. Les prueba sus nervios, sus reacciones, y especialmente a la clase dirigente, su capacidad de reacción y el temple con que resuelven y comunican lo que resuelven. Alberto Fernández en la Nación y Gerardo Morales en la Provincia, son los principales responsables de pilotear la crisis y como tales, quedan cada día más expuestos al reconocimiento y también a la crítica. El presidente, que pugna por mostrarse moderado y sereno, ha venido construyendo paralelamente su liderazgo político. Sin embargo, en los últimos días tuvo poco felices participaciones en la vida nacional. Haber tratado de miserables a los empresarios fue una agresión innecesaria que no sólo alcanzó a los poderosos de siempre, sino que golpeó más a los pequeños y a los muy pequeños, que se desesperan por mantener con enorme esfuerzo las fuentes de trabajo. Aquellos despiden de a miles y éstos se desprenden de uno o dos empleados -a veces de la propia familia- pero nada permite afirmar que en ninguno de los casos lo hagan sin piedad y sin remordimientos. Aquí mismo, en Jujuy, fuertes empresas miran con pavor el futuro inmediato y por las pymes y micropymes, el titular de la Unión Empresarios Luis Alonso ya no tiene más recursos y advertencias que abrir el paraguas para lo que puede venir.

El golpe del Presidente fue un mazazo a todos. Horas después, Alberto abrió nuevamente la discusión entre dos grupos de argentinos al prácticamente beatificar al sindicalista Hugo Moyano, figura discutida si las hay, y un hombre tan poderoso, cuyas decisiones dependiendo de sus intereses y su humor -ya lo demostró varias veces- pueden parar la vida económica y productiva del país. El viernes la hecatombe de las malas decisiones y la imprevisión, alcanzó los funcionarios dilectos del Presidente: el titular de Anses Alejandro Vanoli, y el presidente del Bcra Miguel Pesce, lanzaron a las calles millones de jubilados y pensionados desesperados por hacerse de dinero en efectivo, en una puja dolorosa que la actividad bancaria alimentó con enorme insensibilidad e imprevisión, tanto de las entidades empresarias como de la entidad gremial que conduce Sergio Palazzo, hombre de origen radical, que en los últimos años se arrimó al calor del kirchnerismo y que algunos ya califican como "el nuevo Moyano", por el enorme poder que acumula.

Los tres fueron señalados por el caos que destrozó la cuarentena en el grupo de más alto riesgo. Y todos reaccionaron tarde: desde la madrugada hasta la medianoche la tragedia caminó por las calles amontonada entre los "beneficiarios" y con la amenaza del virus flotando orondamente entre ellos. Después todo se pudo acomodar. Pero quedan los interrogantes: ¿Nadie se hará cargo del viernes negro? ¿Se arregló todo con el enojo y un reto presidencial "en voz alta"? Reventaron la cuarentena y ¿nadie asume responsabilidades ni pagará los costos políticos los costos de salud ya los pagaron los jubilados? Y también lo está pagando quien toma las decisiones con la más noble intención y nunca tuvo culpas en la desorganización: el Presidente de la Nación. Pero si le ocurre, es porque él lo tolera.

En Jujuy, el gobernador Morales libra su batalla aparte. Descansa gran parte de su responsabilidad en la brillante gestión de Omar Gutiérrez y de Pablo Jure, los médicos responsables del comité de emergencia, que trabajan a destajo en el control de todos los innumerables detalles que requiere la pandemia. Y con ellos, los equipos de salud y seguridad, también de una labor encomiable para los que toda gratitud es poca. El GM como es obvio, se reserva las decisiones finales, y también la otra batalla que no cesa: la de un tiempo político diferente, pero lleno de los bemoles de siempre. Resolvió cambiar el tradicional mensaje de rendición de cuentas de su administración del 1 de abril, este año esperado como pocas veces, por un informe más del COE, pronunciado desde el Sagrado Recinto de la Nacionalidad, el Salón de la Bandera, por TV y plataformas digitales, ante el breve y selecto auditorio de las autoridades del Poder Legislativo. Sugirió a la audiencia que toda la información correspondiente a la apertura del 159º período ordinario de la Legislatura puede hallarse en las páginas web del Gobierno, algo que desde la oposición y diferentes sectores de la vida pública, afirman que resulta difícilmente comprobable. Pero se cumplió con el fasto constitucional en tiempo y forma.

No fue el único tema a comentar. El GM tuvo encontronazos potentes: el episodio de un ómnibus con ciudadanos extranjeros que estaban en Jujuy fue detenido al entrar a la Caba. El gobernador aseguró que se había tramitado ante las embajadas de Venezuela, Colombia y Perú el envío de esos ciudadanos para su posterior remisión a sus países. Las embajadas desmintieron categórica y oficialmente esa gestión. Es probable que el fracaso de los acuerdos que dejó expuesto al gobernador, haya sido consecuencia de mala gestión de intermediarios, que obligaron al primer mandatario a un desgaste innecesario, en el peor momento. Otro tema que lo golpeó fue una respuesta del gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, quien cruzó las manifestaciones de GM en las que dudó (con lógica elemental), que la provincia patagónica no tenga casos de coronavirus. "Le faltó el respeto al pueblo chubutense" dijo Arcioni y lo invitó a que "visite nuestra Provincia así ve cómo se trabaja en las medidas preventivas", descargando también injustamente un cachetazo sobre una provincia donde responsablemente se combate a la pandemia en todos los frentes.

Nada es fácil en estos días. Pero tal vez lo más importante, sería que tanto la razonabilidad, como la prudencia y el sentido común, queden exentos de entrar en cuarentena. Eso ayudaría a evitar el optimismo de superficie que a veces intenta -con comprensible desesperación- el Presidente, cuando afirma que a partir del 13 tratará de volver del "economicidio" de haber apagado toda la producción, cuando simultáneamente afirma que recién para mediados de mayo se verán los verdaderos picos de la crisis sanitaria. También ayudaría evitar el pesimismo profundo que a veces intenta -con comprensible grado de gran sinceridad- el gobernador, cuando asegura que el pago de sueldos -hoy estirado hasta el 14- no podría cumplirse el próximo mes, instalando el germen del pánico en muchos jujeños. Ambos líderes entre prueba y error avanzan tratando de improvisar lo menos posible. Imaginar un consejo económico y social sigue siendo una alternativa válida, porque mientras más se comprometan en el esfuerzo, más seguro será que el fin noble de las decisiones no se convierta en excusa para otros intereses.

Los políticos, los conductores, han asumido cabalmente su responsabilidad y se deben acompañar y apoyar los esfuerzos y directivas que emiten. Pero se debe comprender que todo es factible de ser corregido o desechado por nuevas decisiones que se deban tomar sobre la marcha. Porque si bien los políticos gobiernan, el poder lo tiene el coronavirus. Al menos por ahora.

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