Confrontarse en tiempos del coronavirus (y superarlo)

No es fácil permanecer encerrado dentro de nuestras casas en un confinamiento no deseado e impuesto sin consideraciones por el coronavirus, puestos a la merced de nosotros mismos y enfrentados a nuestros temores, nuestras frustraciones, nuestras metas diarias y también las grandes, todas pospuestas o arruinadas por el corona virus.

 Sin anuncios ni preparación, un día nos vimos sin la posibilidad de movernos libremente y nuestras alas se vieron, en su momento, cortadas. Pero es el momento de abrir las alas y volar con otra dirección, la contraria a la que habíamos seguido.

Muchos proyectos se caen, conciertos que se cancelan para evitar la congregación de gente, partidos de fútbol que se hacen sin la presencia de los hinchas, misas que se celebran ante la sola presencia de un camarográfo, como le tocó al papa Francisco en la bendición que solía hacer ante una plaza de san Pedro llena de peregrinos venidos de todas partes del mundo para tener esta experiencia única y por única vez en la vida.

 El virus no hace distinción y ante él, como ante Dios, somos todos iguales.  Príncipes, primeros ministros, presidentes pero también gente común, un vecino de la residencia de ancianos o un vendedor de frutas de la calle.

 Mucho más rápido que el pensamiento mismo y sin tiempo de reflexionar o aprovisionarnos nos hemos recluido sin saber qué pasa en verdad y cómo continuará esta historia. Tampoco sabemos hasta cuando.

 Sin embargo, en medio de tanta oscuridad, incertidumbre y frustración, las alternativas a nuestras actividades y la posiblidad de continuarlas aparecieron y nos invadieron.  Nos volvimos dependientes del internet y de un día para el otro aprendimos a ser expertos o quizás habituarnos a tener que trabajar con la computadora.

 Si bien se pierde el contacto social directo, estamos en contacto a través de las redes sociales. Podemos hablar con amigos y familia que están al otro lado de los mares y vernos a través de las cámaras incorporadas a algunos programas para hablar por teléfono o de mensaje.

 La enseñanza online ha logrado su mayor momento: no hay alternativa para seguir dando clases y seguir aprendiendo que a través de Skype, Zoom u otros programas creados para este fin.

 Es un desafío para todos: aprender y seguir aprendiendo con lo que tenemos a nuestro alcance.

 Muchos tutoriales de youtube para aprender a hacer diferentes cosas, hacer música o aprender a manejar programas para instalar o aprovechar un programa en nuestra computadora.

 También los músicos nos la hemos visto dificil y no nos queda otra que aterrizar en este nuevo formato de hacer música y ensenhar.

 No es lo óptimo pero no nos queda otro remedio, y tendremos que acostumbrarnos, pues no sabemos cuándo volveremos a hacer música en vivo. Los conciertos, festivales, actuaciones en estadios o en pequenos bares o pubs, todo se ha detenido en un momento, y ese momento permanece congelado por más de un mes.

 De tripas corazón y a seguir adelante! Muchos echan mano a youtube para filmarse y dar clases o enseñar trucos.

 Otros optan por dar conciertos en live streaming, en transmisión directa a través de redes sociales o de un sistema propio. El público sigue allí.

 Pero, ¿cuando los miembros del grupo estan en lugares diferentes? Todo un reto que no conoce límites. Nos hemos puesto a filmar a cada uno y grabar las voces o instrumentos y luego de un collage, lo podemos colgar en youtube o donde queramos.

 Más que un producto musical en vivo, es una experiencia de hacer música en lata. Como los envasados que en época del corona virus vuelan de las góndolas de los supermercados, esta música enlatada y producida por el que recibe todas las grabaciones y las une, es todo un arte.

 Un arte sin precedentes y que está sentando historia, aquí y en la China, dicho literalmente.

 Ahora que nos preparamos  para una pascua sin procesiones y con iglesias vacías, imaginemos cómo viviremos esta experiencia, „enlatados“ en casa, sin poder visitar a nuestros familiares y amigos pero quizás organizando una reunión con ellos, estando cada uno en su casa, adosado al sofá de la sala y comiendo a la distancia un trozo de rosca de pascua, si es que nos han dejado harina en el estante del supermercado.

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