Una prueba de liderazgo para Alberto Fernández

Con un discurso de neto corte sanitarista, Alberto Fernández supo generar una aprobación mucho más grande de la que cualquiera se hubiese imaginado sólo dos meses atrás. Esa imagen positiva, que ronda el ochenta por ciento, curiosamente se ve inalterable ante el pico de casos de coronavirus y también ante el derrumbe sin precedentes de la economía nacional. El desafío central del Presidente, ahora, no tiene que ver con consolidar su posicionamiento ante la opinión pública, sino con fortalecer su liderazgo y estilo de conducción, que la última semana volvieron a verse fuertemente amenazados por el sector más radical del kirchnerismo.
El jefe de Estado tejió con paciencia una buena relación con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien podría ser el candidato a presidente más competitivo de la oposición de cara a las elecciones de 2023. Ese vínculo agrandó la base de sustentación de su Gobierno en el territorio más hostil para el peronismo y además le permitió trabajar estrechamente junto al distrito más afectado por la pandemia en la planificación de las medidas. Pese a eso, los principales referentes del kirchnerismo cuestionaron públicamente su estrategia de control del virus en las villas, también la reapertura parcial de muchas de las actividades y hasta sugirieron la posibilidad de aislar a la Ciudad de Buenos Aires de la Provincia. En esa larga lista se anotaron Axel Kicillof, Sergio Berni y varios legisladores nacionales que responden directamente a Cristina. 
¿A qué se debe esa repentina ofensiva contra Rodríguez Larreta? Básicamente a dos cuestiones: la primera tiene que ver con la pandemia y la segunda con los todavía lejanos comicios legislativos del año próximo. La profundización de los casos en territorio porteño afecta directamente al distrito conducido por Axel Kicillof, ya que muchísimos bonaerenses trabajan en la Capital Federal y eso aumenta sensiblemente el riesgo de una disparada de la curva también en la provincia más poblada del país. Esa situación podría verse agravada a partir de los próximos días, cuando muchos infectólogos creen que el país llegará a los mil contagios cada 24 horas. 
En una entrevista publicada ayer por El Tribuno, el ministro Ginés González García afirmó: “Los que dijeron que iba a ser terrible le erraron todos. ¿Se acuerda cuando decían que íbamos a tener treinta mil muertos, cuarenta mil muertos? Nosotros nunca tuvimos esa estimación y hemos sido muy cuidadosos”. La realidad se conocerá en los próximos días, pero lo cierto es que la tasa de duplicación del virus pasó de 25 a 13 días en las últimas dos semanas, mostrando una preocupante aceleración. 
Hay un dato que no puede subestimarse a la hora del análisis, y es que la Ciudad está realizando muchos más testeos por millón de habitantes que la provincia, sobre todo en los barrios más vulnerables. Algo similar ocurre a nivel nacional, donde Argentina es uno de los países de la región que menos pruebas de coronavirus realiza. Nunca terminó de quedar en claro si la poca cantidad de hisopados en el país tiene que ver con la falta de insumos o con una política planificada desde el ministerio de Salud. De todos modos, la situación comenzó a corregirse lentamente desde las últimas dos semanas.
El plano político es otro de los pilares básicos para entender las rispideces que se generaron los últimos días con Rodríguez Larreta. Esto es así porque a Cristina le preocupa mucho el protagonismo que está tomando el porteño con la colaboración de Alberto Fernández, quien constantemente resalta su tarea y se muestra junto a él. Sin ir más lejos, llamó mucho la atención que el jefe de Estado se sacó con el jefe de Gobierno cuando se anunció el test rápido creado por científicos argentinos. En esa imagen había un ausente que no pasó desapercibido: Axel Kicillof. 
“Cristina está convencida que el kirchnerismo podría ganar el año que viene las elecciones legislativas en la Capital, y por ese motivo no quiere fogonear la figura de Larreta”, señaló ayer un estrecho colaborador de la expresidenta que pidió reserva de su identidad. 
¿Con qué argumentos de campaña se le pedirá a los porteños que voten a la oposición si las principales políticas durante la pandemia fueron tomadas con el consenso de Alberto Fernández? En el entorno de la vicepresidenta consideran que el operativo desgaste no puede esperar hasta junio del año que viene, cuando queden definidas las listas, porque sería demasiado tarde para profundizar un perfil fuertemente opositor. No hay que olvidar que, después de Alberto Fernández, Rodríguez Larreta es el dirigente con responsabilidad institucional con mayor aceptación de la Argentina. Sin embargo, el dato que más preocupa en el Instituto Patria es que el jefe de Gobierno porteño tiene menos imagen negativa que el Presidente y que el gobernador bonaerense Kicillof.

La deuda

Argentina entró formalmente en default cuando el viernes no efectuó el pago de 503 millones de dólares, pero esa es una situación temporal que hasta ahora no trajo revuelo en los mercados ni tampoco un gran impacto en el tipo de cambio. Ocurre que los principales hombres de negocios consideran probable que en diez días se llegue a un acuerdo ya que una cesación de pagos en contexto de pandemia sería muy desfavorable para ambos. 

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