Renacer turístico también en Tilcara y Maimará

Algunos datos que quedaron de este fin de semana, en Tilcara, nos dicen que el sábado entraron 250 vehículos y ayer 300. Las tendencias mayores fueron en grupos de adolescentes y familias. Del total, el 60% habría optado por dormir en la localidad, generalmente los adolescentes por una noche y las familias reservando por más. Las encuestas que se realizaron en la localidad también nos hablan de una gran cantidad, aún no cuantificada, de gente que visita la Quebrada por primera vez.

Con cautela, no más que en los fines de semana y con la capacidad disminuida por el protocolo, Tilcara va buscando establecer el piso de actividad turística desde el que empezar a imaginar un futuro. ¿Con cuánto se puede trabajar y esperar a que lleguen tiempos mejores sin haber desistido?

En la noche del sábado se vio una escena que acaso pueda resumir el juego de resultados y de expectativas: en una pizzería, dos personas se sientan en una mesa para cuatro. La mujer que los atiende les pide que por favor se pasen a la de dos, quien sabe si no la va a necesitar. Todos sonríen porque lo creen demasiado optimista, pero a los minutos no sólo estaban ocupadas las mesas, sino que tuvieron que decirle a una familia que ya no había más lugar.

Todos empiezan su relato con entusiasmo hasta que parecen recordar que nada será lo mismo que antes. Una vendedora de recuerdos de la plaza empieza por decirnos que le dedicó buena parte de la cuarentena a revisar su vida en los últimos veinte años, y en ayudar a su hija con la tarea a distancia. Tampoco volvió a abrir salvo los fines de semana.

La casa Padilla, que suma la oferta de varios hospedajes de precios variados, volvía a tener movimiento.

La venta callejera de empanadas y humitas, un remisero que llevó a una familia hasta Tunalito porque subía a Punta Corral en Maimará.

 

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