Así fue hasta que llamaron al comisario Pierro. Tras conversar unos segundos, guardó su celular en el bolsillo y nos miró dispuesto a contarnos de esa muchachita que suele pasarse la mañana en la fila de los cajeros automáticos. Ustedes vieron cómo es ahora: distancia de uno a otro, barbijo que sólo deja ver los ojos, pero ya son muchos que me hablan de ella. La describen como de cuerpo más bien pequeño, largos cabellos negros y lacios y todos concuerdan en la fuerza expresiva de sus ojos, tanto que es capaz de mostrar en ellos si sonríe, si está triste o interesada.

Todos dicen que tiene un fuerte magnetismo que hace que se vuelvan en la fila y quieran conversar con ella. Deben ser todos varones los que lo dicen, dijo Blanca con algo de queja en el tono y su marido nos respondió que así parece. Les da conversación a los hombres, que pueden pasarse hablando con ella esa hora, hora y algo que se demora uno en llegar al cajero. ¿Y entones les roba?, preguntó Pierre Donadou Quispe. Ese sería el final más obvio, pero no se trata de eso en este caso. ¿Y entonces por qué la denuncian?, se preocupó Blanca.

No es que la denuncien. Les cuento el caso de Pantolón Bermiño, un hombre al que se lo tiene por veraz a fuerza de silencioso y a quien no se le conocen amoríos desde que su mujer lo dejó hará diez años. Pantolón le sonrió después de haber conversado con ella, entró al cajero y ya no la vio al salir, por eso le preguntó al personal policial que estaba en la puerta, y el joven policía sólo alzó los hombros.

¿Qué te pareció esta noticia?

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...