Honor y gloria eterna al gran revolucionario,  licenciado y general Manuel Belgrano

Producida la Revolución del 25 de mayo, el 15 de julio de 1810, la Primera Junta le encarga a Mariano Moreno la redacción del ‘Plan de las Operaciones‘ y el 30 de agosto lo presenta a consideración de la Junta que lo aprueba. En el contenido de lo que fue un verdadero Plan Económico, Social, Militar y Diplomático podemos encontrar la formación científica de Belgrano, quien estaba muy entusiasmado con la economía política, y que junto a Mariano Moreno eran los de mayor conocimiento científico y técnico entre los miembros de la Primera Junta. En el Plan se había escrito:" (Ó)hacer publicar en todos los pueblos que a todas las familias pobres, que voluntariamente quisiesen trasladarse a la Banda Oriental y a las fronteras a poblar, se les costeará el viaje, dándoles las carretas y demás bagajes para su transporte y regreso, y contemplándoles como pobladores, se les darán terrenos a proporción del número de personas, que comprenda cada familia, capaces y suficientes para formar establecimientos, siembras de trigo, y demás labores y esto por el término de diez años, que serán los periodos que deberán habitarlos, y pasado dicho término, podrán venderlos, o enajenarlos como más bien les pareciere, sin que el valor de dichas tierras tengan que abonarlo".

El Plan fue la guía que llevaban en sus alforjas Vieytes, Castelli, Belgrano y otros patriotas de avanzada en el recorrido de la Guerra de la Independencia, para construir una Argentina moderna una vez logrado el objetivo Revolucionario. Son también las ideas de Bernardo de Monteagudo, el revolucionario tucumano que a los 19 años había escrito la proclama del levantamiento revolucionario de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809.

Es muy valioso hacer referencia que en el mismo mes de agosto de 1810 Manuel Belgrano escribe en el Correo de Comercio respecto de los terratenientes: "¿No escandaliza que un poseedor de terrenos inmensos, los más de ellos abandonados, prive a sus conciudadanos de una porción de tierra a las orillas de un río navegable, para que traigan sus ganados en pie para matarlos, cuando por ese medio ahorrarían los gastos inmensos de conducciones en unos países de tan poco arbitrio?". Este es el Belgrano que la cultura oficial oculta. También es sorprendente su nivel de conocimiento de los países y la economía del mundo, el 10 de junio de 1810 escribe sobre China y dice: "no hay país más poblado que el que habita, ni Nación más poderosa en el Orbe", destaca el rol del comercio interno de China y las ventajas de promoverlo en relación a la agricultura y la industria, agregando "si nuestros antepasados se hubieran fijado en estas ideas y no se hubiesen deslumbrado con las riquezas de convención, tan pasajeras y precarias, que las atraía el comercio marítimo o exterior, seguramente estos países presentarían un aspecto muy diferente del que tienen".

La concepción de la relación entre los pobres, los pueblos originarios y las tareas de la Revoluciones, es la que Belgrano plasma en la práctica a través de su ‘Reglamento para las Misiones‘ de diciembre de 1810. Allí, en lo que se puede considerar como la primera Constitución redactada después de mayo de 1810, en su artículo 1º establece que: "todos los naturales son libres, gozaran de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode", por lo que podemos considerar que un claro programa de devolución de la tierra a los pueblos originarios. En abril de 1810 en el Correo de Comercio había propuesto una Reforma Agraria en los siguientes términos: "es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se les dan propiedades, que se podría obligar a la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen tierra enteramente desocupadas, y están colinderas con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitantes están rodeados de grandes propietarios y no tienen ni en común ni en particular ninguna de las gracias que les concede la ley: motivo porque no adelantan".

Otro hubiese sido el destino de nuestra Patria Argentina de haber triunfado el ala más avanzada y esclarecida de la Revolución de Mayo a la que pertenecía Belgrano, habiendo sido derrotada porque la hegemonizó un sector de terratenientes y mercaderes solo interesados en resolver el problema del libre comercio, ‘los partidarios de sí mismo‘ como él los denominaba y caracterizaba con justeza. Con ello la tarea democrática agraria y el anhelo de hacer un país con verdaderos agricultores y con industrias no se pudo concretar, quedando así la Revolución de Mayo inconclusa.

En el curso de la década entre mayo de 1810 y junio de 1820 Manuel Belgrano tuvo alegrías y amarguras, aciertos y errores; en él predominaba el optimismo y la felicidad de estar luchando por una causa justa, donde sus aciertos políticos y militares definieron el triunfo sobre los españoles. Tenía admiración por el heroísmo de la guerrilla gaucha que dirigía Güemes. En una ocasión llegó a escribir: "yo abandono mi Anacarsis (filósofo griego que escribía poemas de elogio a los guerreros), Qué Griegos! yo he visto a los gauchos realizar acciones que los superan" y en relación a las 30 mujeres ‘ínas de la Coronilla’, que murieron combatiendo a Goyeneche, expresó Gloria a las cocha bambinas que se han demostrado con un entusiasmo tan digno de que pase a la memoria de las generaciones venideras". Después de conocer el informe al respecto del soldado Turpin mandó que todas las noches los oficiales del Ejército al pasar lista preguntasen: "¿Están presentes las mujeres de Cochabamba?". Fue duro con los vacilantes y ‘desnaturalizados‘, como denominaba, a la ‘gente principal‘ que se quedó en San Salvador de Jujuy, desobedeciendo su mando del 29 de julio de 1812, y que formaron gobierno con el jefe realista Pío Tristán la noche del 23 de agosto, cuando el General y su pueblo habían emprendido el camino rumbo a Tucumán, lo que terminó siendo una de sus mayores amarguras.

Hay quienes le señalan el error político-militar de liberar a Pío Tristán y a sus oficiales tras el triunfo de Salta, bajo juramento de no volver a tomar las armas hasta un armisticio, cuestión que Tristán "cumpliría a rajatabla su juramento". Belgrano volvió a San Salvador de Jujuy el 21 de marzo de 1813 y en reconocimiento al heroísmo del pueblo jujeño creó y donó una Bandera especial, que es conocida como "La Bandera de la Libertad Civil", la que hoy se conserva en Casa de Gobierno de nuestra provincia. Distintos sectores de clases dominantes y políticos a lo largo de la historia se apropiaron de la significación del Éxodo Jujeño para tergiversar los hechos y lograr una hegemonía de clases de su simbolismo.

Ante la restauración monárquica contra revolucionaria

En marzo de 1814 Fernando VII reasumió el trono de España y comenzó los preparativos contra revolucionarios para recuperar las colonias con una gran fuerza militar. Ante ello, en diciembre de ese año el Director Posadas designó a Belgrano y a Rivadavia para la misión diplomática de conocer el comportamiento de Inglaterra ante la pretensión de España. Poca gracia le causó a Belgrano compartir la tarea con el personaje que le había ordenado retirarse hasta Córdoba sin presentar combate a los realistas después del Éxodo Jujeño. El mismo que antes le había prohibido enarbolar la bandera celeste y blanca enviándole a cambio la bandera española. Estuvo en esa misión hasta noviembre de 1815; no lograron el objetivo de consensuar con los ingleses y con un sector de la Corona Española en contradicción con Fernando VII. Rivadavia, por su parte, utilizó su estancia en Londres para hilvanar sus propios negocios con la Banca, que usaría a pleno cuando llegara a la Presidencia y entre otras cosas contraería el empréstito con la Baring Brothers, origen de la política de endeudamiento externo de Argentina.

Enfermo y preso decide volver a buenos aires

Tras un levantamiento militar en Tucumán en noviembre de 1819, paradojas de la Patria, el General Manuel Belgrano fue apresado y estuvo al borde de ser engrillado, lo que anticipaba que la guerra civil se profundizaba y sobrevendría ‘la anarquía de los años 20‘. Su arresto obedecía, además, a su relación y acuerdos con su confidente ‘amigo y compañero querido‘, el General Martín Miguel de Güemes, tal como lo llamaba en su correspondencia. En abril de 1816 ante las luchas internas entre fracciones a las que se oponía había escrito: ‘quiero ir a vivir con los indios‘. En 1818, coincidieron con Güemes en que el llamado ‘Bando del Fuero Gaucho‘ tenía que ser avalado por el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, trámite que aprobó y facilitó Belgrano, de manera de tener más poder para neutralizar a la oposición de la clase terrateniente-mercantil del Noroeste Argentino, que se autodenominaba ‘gente decente‘, opuesta al ‘bárbaro‘ Comandante de gauchos. Después de 1815 Güemes dispuso que ningún gaucho sería obligado a prestar servicio a sus patrones estando en las filas de la guerrilla que combatía a los españoles. Se trataba de una cuestión de fondo en un proceso revolucionario porque cuestionaba las relaciones sociales de producción serviles y dominantes establecidas por el sistema feudal-colonial. La élite porteña opinaba lo mismo de él. Bartolomé Mitre, el máximo exponente de la historia liberal oficial, lo llamaría en su libro ‘Historia de Belgrano‘ ‘déspota‘ que sublevaba ‘contra él a todas las clases ilustradas de su provincia‘. Los ‘decentes‘ de Salta, Jujuy y Tucumán cometieron la infamia de conspirar contra Güemes llegando al colmo de intercambiar correspondencia y mensajes con Olañeta, Jefe del ejército realista, para planificar su ingreso a Jujuy y Salta, logrando con la traición su asesinato en junio de 1821. No olvidamos que tras la ocupación de Salta, el 7 de junio una parte de los ‘decentes‘ formaron gobierno con el Español Olañeta.

El 17 de enero de 1820 Manuel Belgrano escribe desde Tucumán al Gobernador de Cuyo que ha dispuesto trasladarse a Buenos Aires dado su precario estado de salud. Tras un penoso viaje es llevado a una casa en San Isidro, escribiendo su testamento el 25 de mayo. El Licenciado Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano falleció a las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820. Murió solo y pobre el científico de la economía política, el pensador revolucionario y abnegado patriota; hombre honesto y desprendido de todos su bienes materiales, que donaba la mitad de su sueldo para que los soldados se alimentaran mejor; que rechazó el título honorifico de Capitán General argumentando que ‘no veo en él sino más trabas para el trato social y más gastos Ó para el sostén de una escolta‘; que siendo Jefe del Ejército del Norte dio por su valor en combate el rango de Capitana a María Remedios del Valle, de origen africano, y para Juana Azurduy propone su designación como Teniente Coronel; que habiendo nacido en el seno de una familia acomodada murió en la pobreza. No fue noticia importante para quienes gobernaban Buenos Aires en esos días. Su ejemplo de vida patriótica, entregada a la Revolución, vive hoy principalmente en el corazón de los pueblos que lo aman y habitan en el territorio donde libró sus principales combates militares y políticos por la Guerra de la Independencia. Su legado nos impulsa a luchar para conquistar una Segunda y Definitiva Independencia, que esta vez finalmente resuelva la cuestión agraria, la democratización de la propiedad de la tierra y la Soberanía, que él no pudo concretar porque como señalamos más arriba, la Revolución de Mayo fue cooptada y usurpada por los ‘partidarios de sí mismos‘, que solo estaban interesados en el libre comercio y en apropiarse de la tierra pública desde el gobierno, primero con la enfiteusis de Rivadavia y luego con las mal llamadas campañas al desierto.

Por último, de su gran humildad recordamos sus palabras:

"Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella".

(Por Por Benito Carlos Aramayo, economista y profesor emérito de la UNJu).

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