Laberintos Humanos: Barbijo celeste

Pantolón Bermiño estuvo esa mañana haciendo la fila del cajero. Después de media hora de avanzar lentamente, se volvió para ver quien lo seguía a la distancia social prudente, nos contó Bautisto Pierro, y fue entonces cuando se dio con esos ojos bellos y expresivos sobre el barbijo celeste.

Pantolón se quedó extasiado ante esa mirada y la saludó con la cabeza. Ella sonrió, y pudo ver esa sonrisa en el brillo de sus ojos. No precisaba levantarse el barbijo, y entones empezaron a conversar, cosa que hicieron cada vez más animados por la hora que restó hasta que le tocó el turno, le pidió cortésmente permiso y entró para retirar su dinero.

Habrá tardado un par de minutos, sin duda lo hizo rápido para seguir conversando con la muchacha. Acaso pensaba esperar a que ella terminara su trámite para seguir la charla, pero no porque tuviera ningún fin conquistativo, no era esa clase de hombre aunque tampoco lo era de alguna otra clase. Era un hombre y ella era una mujer atractiva y agradable.

Pero al salir, ella ya no estaba en la fila. Había esperado a sus espaldas ese largo rato que demoraron en llegar al cajero, y no podía explicarse por qué desistió cuando ya le tocaba el turno. Entonces fue que le preguntó al policía que le echaba alcohol en gel en la mano, y el uniformado alzó los hombros.

No me diga, le respondió al fin. Hace al menos una semana que vengo escuchando la misma historia de esa muchacha de ojos bellos y de conversación agradable que desaparece cuando está por tocarle el turno del cajero.

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