"Fue muy difícil porque vas a algo que no conoces"

Hace quince años, Luisa Torres supo que la enfermedad hereditaria de riñón que se llevó a su hermano llegaba para quedarse. Luego de tratarse para ganar tiempo logró un trasplante. Su esposo le donó el órgano y aunque nunca pudo retomar la vida como esperaba hoy lucha esperanzada en volver a sus controles en Salta, que la pandemia impidió.

"Me diagnosticaron hace quince años poliquistosis renal, que es hereditario. Varios de mis hermanos tienen la enfermedad, todos descubrimos la enfermedad en grande. Fui a hacerme una ecografía para ver si estaba embarazada y dan el diagnóstico ese. El embarazo fue riesgoso y me dieron siete meses de reposo total", recordó Luisa Torres, hoy con 55 años de edad.

"Juega mucho si una está bien anímicamente, yo trataba de mostrarme fuerte, sacar fuerzas de donde no tenía. El proyecto era volver a trabajar, retomar mi vida pero ya no pude", relató. Confesó que tuvo momentos de depresión pero se aferró a su fe para salir adelante, y es que recibió también apoyo de sus compañeras catequistas y de su grupo de oración de la iglesia San Cayetano de Palpalá.

Recordó que la noticia impactó mucho en su rutina familiar. Es que entonces su esposo tuvo un accidente, se había roto los ligamentos y se operó, y a su hijo lo había mordido un perro y no podía caminar, lo cual significaba llevarlo al médico.

Su estado anímico ese año no era el mejor, y es que también perdió a su hermano quien con una patología similar falleció por una complicación de una infección a raíz de la diálisis. Debido a que su enfermedad no tiene tratamiento más que cuidado en las comidas, siguió adelante hasta 2011 en que comenzó a tener síntomas, mareos, vómitos y malestares.

Para entonces otra hermana ya había adquirido la enfermedad y se trataba en Salta, por lo que la convocó a consultar con ella. Ya con sus riñones deteriorados le dieron un tratamiento para unos meses tras lo cual debía llegar a diálisis.

"Fue difícil porque con mi hermano ya conocía la hemodiálisis, es muy sufrido y hay que estar preparado incluso psicológicamente porque es difícil aceptar, recibir la contención. La mayoría de la gente estamos en la ignorancia total de las enfermedades renales", recordó.

Por la mala experiencia de su hermano, en 2012 comenzó diálisis peritoneal en Salta, cuyo catéter es en el abdomen, tan invasiva que la hemodiálisis pero que no deterioraría tanto porque es breve y se puede hacer en casa varias veces al día con muchos recaudos de higiene. Durante cinco años se hizo ella misma esta diálisis peritoneal hasta que tuvo una infección por una bacteria, y pasó a hemodiálisis con un catéter en el cuello por tres meses, una etapa que se tornó dura por ello.

Mientras buscaban donantes para trasplante, estaba en lista de espera y ningún hermano podía donar porque compartían la genética y la enfermedad, por lo que fue su esposo Hilario Espinoza quien decidió donarle su riñón. Los estudios fueron positivos y había compatibilidad alta, por lo que se inició la lucha con la obra social para completar cada uno de ellos.

El 14 de mayo del 2018 se concretó el trasplante en Salta, tras una postergación debido a que ambos esposos estarían internados y tenían que organizar a la familia, y dejar a los hijos. Con la voz quebrada en llanto Luisa revivió el duro momento de incertidumbre en que llegó al quirófano. "Fue muy difícil porque vas a algo que no conoces, si bien los médicos te explican, el riesgo está y encima éramos los dos", señaló acongojada por el recuerdo.

Recuperó el tono por uno más positivo al recordar el resultado y que fue el nacimiento de su nieto Lucas Mateo una semana antes lo que la impulsó a luchar.

"Gracias a Dios todo salió bien, los dos, mi marido se recuperó rápido, en un mes estuvo trabajando", recordó.

No obstante ella sí tuvo un par de complicaciones, un virus intrahospitalario y por las defensas bajas le afectó los huesos y hoy camina con dificultad.

Tiene esperanza de lograr sus controles y no retroceder

La lucha de hoy para Luisa Torres tiene que ver con sus temores de volver atrás en su estado de salud. Es que actualmente lleva seis meses sin controles porque la obra, de diciembre a febrero, la dejó sin cobertura por falta de pago a las clínicas. En marzo logró un turno y ya en Salta, mientras acompañaba a su hermana, estuvo a punto de ir pero se suspendió por la cuarentena, y desde entonces no logró completar los controles, pese a que envió análisis básicos en mayo con resultados un tanto negativos. Sigue gestionando llegar a Salta para ver a su médico, pero la dificultad es la restricción para viajar a la vecina provincia por la fase 1 de la cuarentena. Tampoco tiene vehículo propio, un impedimento ya que ningún remisero acepta porque estaría obligado al aislamiento, por lo que ansía que cambie la situación sanitaria de la provincia para lograr retomar sus controles.

Trastorno hereditario

La enfermedad renal poliquística es un trastorno hereditario en el que se forman grupos de quistes, principalmente en los riñones, que provocan que estos se agranden y dejen de funcionar con el paso del tiempo. Los quistes son sacos redondos no cancerosos que contienen líquido. Varían en tamaño y pueden llegar a ser muy grandes. Tener muchos quistes o quistes grandes puede dañar los riñones. Este tipo de enfermedad renal poliquística también puede provocar que se formen quistes en el hígado y en otras partes del cuerpo. Además puede ocasionar complicaciones graves, como presión arterial alta e insuficiencia renal. Esta poliquístosis varía notablemente en cuanto a gravedad, y algunas complicaciones son evitables. Los cambios en el estilo de vida y los tratamientos pueden ayudar a disminuir el daño en los riñones debido a complicaciones.

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