Llegó, sin excusas, el tiempo de la responsabilidad

Todas las recomendaciones, las exigencias, los pedidos gentiles, las presiones autoritarias, no alcanzaron. El optimismo exagerado, la sobrevaloración de medidas que se aplicaron en los comienzos de la crisis, el exceso de propaganda en procura de instalar una realidad dibujada, tampoco rindieron los frutos esperados. Ahora que el coronavirus se instaló con todo su rigor, nada parece haber sido suficiente. No es que antes no haya sido importante, pero ocurre que ahora que trepamos al pico del drama, llegó inexorable el tiempo de la responsabilidad de cada uno y de todos. Nosotros, los jujeños, entramos en el período más terrible, donde estaremos mirando la muerte cara a cara y no podemos seguir en la indolencia, recortando la obligación de cuidarnos y cuidar a los demás, detrás de la creencia de que "a mí no me va a tocar". No hay margen para la estupidez. Estos días cruciales, habrá que dejar que el Estado haga lo que debe -o lo que pueda- y colaborar -todos- en defensa de la vida. Sin embargo, en momentos críticos de la pandemia, gran parte de la dirigencia parece más preocupada por anticiparse a instalar un tiempo político/electoral, que no le hace ningún favor a la población.

Tras el acuerdo por la deuda, como era de esperar, se va disipando la euforia que deja paso a otros temas urgentes. El Gobierno trató de explotarlo a fondo, pero ensayó un discurso tan épico que fue perdiendo fuerza entrampado en su propia intensidad. Es un excelente arreglo, pero no es ni el Éxodo Jujeño ni la epopeya de San Martín cruzando los Andes. Voces sensatas del propio Gobierno -como la de Sergio Chodos, economista del equipo del ministro Guzmán y director por el Cono Sur ante el FMI- se apuraron a decir: "Estamos contentos, pero hay que ser mesurados, esto es parte de un proceso pero no es el fin del problema de la deuda". Pero el ala política, envalentonada, acentuó su arremetida: la reforma judicial que para muchos nació con un disparo en los pies, avanzó. Los operadores del Instituto Patria van por el juicio político al procurador general (interino) Eduardo Casal para poner en su silla al juez federal K Daniel Rafecas. El Congreso aprobó una legislación sobre el teletrabajo, tan reglamentarista y anacrónica que según los especialistas, ya comenzó a desalentar precisamente a los que dan trabajo. En tanto, y para evitarle los riesgos del coronavirus, calladamente la Justicia otorgó prisión domiciliaria en su casa de Mar del Plata a José Núñez Carmona, socio y amigo del exministro Amado Boudou, condenado en el caso Ciccone. El doctor Eugenio Zaffaroni volvió -sentencioso- a marcar la cancha: "Una nueva Constitución es inevitable".

JxC arde. Por las fuertes voces de Alfredo Cornejo, Mario Negri, Patricia Bullrich, adelantó que rechaza todo. Lilita Carrió, jefa de la Coalición Cívica, fue la más brava: "Utili zan la pandemia para establecer un estado de sitio", dijo y llamó a "resistir por vía del derecho" y sentenció: "No importa la pobreza a la que lleguemos, importa la dignidad con que salgamos". JxC apura su vigencia política desde distintos ángulos: Marcos Peña inició un armado territorial del proyecto Horacio Rodríguez Larreta 2021/23. Emilio Monzó y Rogelio Frigerio ensayan una alternativa que por ahora no sacó los pies del plato (del todo). Estas corrientes ya no tan ocultas en la coalición opositora llegan lentamente a Jujuy, donde el Gobierno radical está muy ocupado en su pelea contra el virus, pero también por la imagen que devuelven los sondeos y por estabilizar su frente interno que comenzó a dejar de disimular diferencias importantes.

No hay sólo enfrentamientos de orilla a orilla. Dentro del universo oficialista, el titular del bloque de diputados K, Máximo Kirchner, castigó a la dirigencia de la CGT por haberse reunido (virtualmente) con empresarios poderosos nucleados en AEA. "Se reúnen en Zoom desde sus casas y les piden a los trabajadores que salgan a producir. Me parece bien que se cuiden, por la edad que tienen". La socarronería recibió una respuesta letal de Carlos Acuña, que se expresó por el conjunto que forman Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez, Héctor Daher, Víctor Santa María y Julio Piumato: "Este muchacho que no laburó en su vida nos va a venir a decir a nosotros cómo tenemos que manejar la CGT". El chisporroteo enfocó que el cristinismo (cercano a la CTA) tiene caminos y objetivos diferentes a los de AAF, que tímidamente dedicó sonrisa al colectivo "Agenda Argentina" (militantes de pensamiento albertista) que creó Santiago Cafiero. Y es una muestra de la interna de la coalición gobernante que igual que la radical, tarde o temprano se asentará en Jujuy, donde ya hay fracciones esperando.

El Gobierno local no habrá imaginado tanta furia del virus, y hoy el sistema de salud no resiste los golpes de la pandemia. Reconocieron que el sistema público está colapsado "en algunos lugares", pero prestigiosos epidemiólogos afirman que el colapso a estos niveles no es sólo parcial. Llegó el apoyo que enviaron Córdoba y la Nación, desde donde monitorean hora a hora y muy alarmados la trepada de las curvas de contagio y los índices de letalidad de Jujuy. También, se apeló a que médicos y enfermeros superen sus temores (lógicos) y concurran a prestar servicios a los lugares críticos. Como no podía ser de otra manera, arreció el enfrentamiento colateral: gremios de la salud y organismos importantes como Amra (Asociación Médica de la República Argentina) cruzaron al Gobierno criticando sus esfuerzos y sus decisiones reclamando con "ruidazos" más atención y equipamiento.

Desde el Estado, se criticó a las Obras Sociales privadas, muchas de las cuales -es rigurosamente cierto- miran para otro lado frente a las crecientes demandas de sus afiliados. También se convocó a colaborar a prestadores privados, que en general, vienen fuertemente alineados en la línea de combate desde los primeros momentos. Pero se debe reconocer que ni el Estado ni los trabajadores de la salud bajaron los brazos, y aún con graves diferencias entre ellos. Sostuvieron el trabajo y hasta el nivel racional en sus choques. La excepción llegó de una legisladora oficialista -habitualmente sobria y moderada-, que encuadró a los que considera fuera de sus expectativas, como "los ruines cultores del estrago moral ocupan su tiempo en la canallada, buscando el pelo al huevo, pisando terreno burdo, sin otro fin que no sea generar humor social adverso, ajenos al desgastado ánimo de quienes empujan el carro desde marzo y lo seguirán haciendo sin vacilar". Desmesurada hostilidad, pero una autocrítica jamás. Los mensajes oficiales insisten con el lema: "Solos no se puede". Muchos (gremios, cámaras, colegios, profesionales, organizaciones sociales, partidos políticos, etc.) que se sintieron desplazados de las decisiones y las acciones, sienten que hoy la convocatoria aún es válida, pero tardó cinco meses.

Este Jujuy que estuvo a punto de volver a las clases, al turismo local, que había reabierto shoppings, comercios, caminatas, restaurantes, hoy se llena de anécdotas y relatos de la pandemia, muchos reales, otros que son parte del folklore de la imaginativa -y dañina- exageración popular. Jujuy, nuestro Jujuy, necesita que todos estrechemos filas de manera seria y solidaria. Ya tendrán tiempo Tirios y Troyanos, para exigir y ofrecer rendición de cuentas. Y hasta para hacer política.

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