Ojos lanceolados

No nos habían dejado probar esas galletas que ostentaban en el plato, sobre la mesa, y la Martelia había prometido explicarnos la causa. Vamos a quedar como mezquinas, dijo mirando a la muchacha de delgadas prendas blancas y ojos delineadamente lanceolados.

Sus cabellos largos, lacios, caían de lado sobre uno de sus hombros, apenas apretaba los labios como si fuera a seguir hablando, respiró profundo y nos dijo que la convocaron para una sesión de galletomancia, pero si lo que quieren es una merienda sigan nomás. El precio es de todos modos el mismo, aseguró.

Pierro lanzó una risa que fue censurada por la mirada de su esposa. Martelia se sentía visiblemente incómoda porque fue ella quien la había contratado y la mujer de blanco tendió su mano para presentarse. No lo hizo como quien va a estrechar las palmas sino como quien sugería que le besara el dorso, cosa que nos llamó la atención.

Vladisdava, se presentó entonces y algo en su mirada y su sonrisa me sonaron a burla. Martelia me contrató porque quiere saber qué sigue sintiendo por ella alguien lejano, y yo le sugerí leer la situación en estas galletas de avena. ¿Y desde cuándo se lee una situación en galletas de avena?, quiso saber el comisario.

La situación macrocósmica puede reflejarse en cualquier microcosmos, como en este plato, dijo y luego agregó que, además, las hojas de coca están muy caras para que las usemos con estos fines. La adivinación también tiene que adaptarse a la economía, nos explicó mientras alzaba tres galletas para estudiarlas.

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