"Lo que me trajo aquí fue el amor de mi esposa"

En El Bananal, en Yuto Manuel Liendro nació, trabajó y conoció a Kristina, la mujer que con su dedicado amor le dio un cambio inmenso a su vida.

Ella es de la comunidad autónoma española País Vasco y en aquel entonces estaba en Yuto, trabajaba como voluntaria en el campo por medio de la parroquia. Fue ahí cuando se conocieron y empezó el amor.

Después de unos tres años de conocerse se pusieron de novios y entre viajes de ida y vuelta para poder estar juntos decidieron establecerse en Jujuy. Lo intentaron un tiempo pero como la situación económica no era la mejor, decidieron probar suerte en Bilbao.

Pese a que la llegada a una ciudad desconocida no fue para nada fácil el jujeño supo con mucha paciencia hacerse su lugar en el "Viejo Continente".

Allá aprendió el oficio de marmolista que hasta hoy ejerce, es un fiel y orgulloso representante del folclore argentino, reconocido por hacer los mejores asados y pizzas y un enamorado de sus raíces con profunda añoranza por su tierra.

"Desde el segundo día que llegamos aquí que nos queremos volver", dijo Manuel Liendro al comentar que este es un sentimiento que comparte con su esposa quien en esos viajes a Jujuy quedó enamorada de nuestra provincia.

Tal es el deseo que "con mi señora tenemos planeado cuando nos jubilemos, seamos viejos y los hijos ya sean independientes irnos a vivir a El Bananal de donde he salido".

La música, su legado familiar

Manuel ya pegaba "unos alaridos" como él dice para sus amigos en Río Piedras acompañado de su guitarra, una pasión que no dejó morir pese a la distancia. En 2008 formó su grupo de folclore autóctono Los cantores del lapacho que convoca en cada concierto a entre 300 y 400 personas. El grupo está conformado por su hija mayor Itxaro, bombista; por Isidro Salinas, guitarrista de Abra Pampa que lleva allá más de 30 años y por Juan Cruz, de El Galpón provincia de Salta.

"Tengo la suerte y la dicha de decir que en algunos conciertos subí con toda la familia al escenario. Mi mujer baila, mi hija Nerea baila con mi hijo pequeño Imanol y mi hija mayor es la bombista del grupo", contó. Su pasión por el folclore autóctono lo llevó a ser convocado para dar charlas sobre cultura gaucha argentina en escuelas de Bilbao.

"No soy estudiado pero cuento lo que he vivido en el monte, en el campo y eso me llena de orgullo", dijo el jujeño.

Además, forma parte de un coro de la ciudad de personas adultas mayores, siendo él el más joven con 53 años de edad.

La gastronomía, una pasión

Hace más de diez años que el jujeño hizo su huerta, con semillas enviadas por su padre a través de cálidas cartas. Semillas que todavía atesora y más aún después de su fallecimiento. Así, los nuevos brotes del recuerdo de su padre florecen a diario en su tierra en esos tomates, zapallitos, pimientos, choclos y en la planta de burro para el mate. Todos frutos que deleitan a la familia y a los amigos en las juntadas, ahora postergadas por la pandemia, en las que el jujeño es protagonista por ser el autor de los mejores asados y las más entretenidas sobremesas con bombo y guitarra en vivo.

"Hemos fusionado bien la cocina pero más comemos cosas de allá que de aquí. Hacemos guiso de arroz, carbonada y ñoquis. Yo me dedico a hacer pizzas y tallarines caseros, picante de pata con panza. Pero lo que siempre echo de menos son las humitas y los tamales que no sé hacer", contó Manuel Liendro aferrado al recuerdo de su Jujuy.

 

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