Desgaste de autoridad y desconcierto profundo

Todo parece indicar que una sola persona en la Argentina logró torcer el brazo del resto de los argentinos. Desde el mismísimo Presidente de la Nación al más acérrimo y humilde opositor. La vicepresidenta, Cristina Elisabet Fernández, logró que el presidente Alberto Ángel Fernández finalmente presente el plan para reformar la Justicia Federal y anuncie la creación de una comisión de juristas que en 90 días entregue un borrador de sugerencias para cambiar la Suprema Corte de Justicia. Guste o no, eso se llama tener poder político y la capacidad de arrastrar a 45 millones de personas a un debate inoportuno e innecesario en el momento en que el país debiera concentrar sus esfuerzos y recursos en cuestiones más urgentes.

Con la autoridad mellada, haciendo equilibrio sobre una delgada cornisa AAF tapó con ese tem, la tremenda crisis sanitaria que no le da tregua en la región del Amba (a la que Jujuy se suma con similares características); también pretendió tapar la aguda crisis económica, en la que ya desestimó cualquier acuerdo con los acreedores de la gran deuda externa, cuyo plazo de negociación se extingue mañana. Podría extender unilateralmente dicho plazo, como para dilatar unos días más el comienzo del feroz ataque judicial de los bonistas y frenar el arranque formal del default.

Podría buscar otro respaldo en el FMI que le asegure a la Argentina un turno en el respirador artificial del organismo internacional. También cubrió con el manto de la reforma la insostenible crisis social y de inseguridad que el conjunto de adversidades mantiene en estado de peligrosa ebullición. Lo logró a medias y por unas horas. Llegó un automático "banderazo" en contra, formidables ataques a la comisión de "notables" conformada por mayoría de amigos, abonando la certeza que el resultado buscado no sería la reforma en sí misma, sino la impunidad de las conocidas causas que se ventilan en los fueros federales. Queda la sensación de que para un tema tan trascendente hubiese sido lógico debatir y consensuar primero, y de última utilizar el Congreso para definir un resultado final republicano y democrático. Cuando esto pase, recién se verá si se creará por fin una Justicia independiente y transparente, o la reforma creará un manto de impunidad y más sumisión al oficialismo. Por ahora el Presidente eligió pagar el costo, presentó el tema digerido y siguió cavando en la grieta, como para que no se la pueda cerrar jamás.

Los peligros más palpables siguen vigentes con ferocidad. El coronavirus no puede ser controlado. Ayer AAF se vio obligado a tomar una decisión extrema suspendiendo mediante un DNU las reuniones sociales en todo el país. Eso marca la gravedad de la situación: AAF no apeló a sus videoconferencias con los gobernadores, ni consultó a nadie más. Seguramente sólo siguió alguna recomendación de su consejo de infectólogos. La urgencia lo obligó de esta manera, a rozar peligrosamente la figura del estado de sitio, que no se descarta de continuar las cosas así. A Jujuy le servirá reforzar las medidas que ya estaban vigentes.

Y el riesgo que corren oficialismo y oposición es muy grande: sus líderes pierden fuerza y pueden dividirse. Roberto Lavagna y su gente dieron muestras de disgusto y de rechazo. A Sergio Massa su privilegiado lugar con la Presidencia de la Cámara y en la línea de sucesión presidencial se volvió de pronto extremadamente incómodo. Y si su mano derecha Graciela Caamaño no hubiese ayudado a aprobar el tratamiento de los movimientos de jueces en el Consejo de la Magistratura, se le hubiese vuelto invivible. Por ahora, todo sigue pegado con alfileres. Los diputados nacionales de Jujuy votaron de manera obediente. Por la reforma, Julio Daniel Ferreyra, aún con diferencias, José Luis Martiarena, aún sin ser ultra-K, y María Carolina Moisés, ultracristinista, respaldaron el proyecto. El FdT repasa los votos de la Cámara, donde cada día se ajusta más su mayoría, y donde los aliados provinciales harán valer sus votos en oro.

Los diputados nacionales de JxC de Jujuy, Gaby Burgos (la única que habló recordó el ejemplo de Carlos Menem, para afirmar que "no fue beneficioso"), Jorge Rizzotti y Osmar Monaldi no participaron del debate. Pero también en la UCR todos miran de reojo a los que siempre se manifiestan dispuestos a "no poner palos en rueda", aun cuando piensen distinto. La gente de Lavagna en Jujuy se refugia en un silencio. Y la gente del PRO en Jujuy imita el mutis, mientras en reserva critican con indignación la decisión de Mauricio Macri de haber viajado a Europa -justo ahora- para ocuparse de temas de la Fifa, cuando hace días, parecía dispuesto a asumir el rol de principal figura de la oposición. Esmerilada la autoridad del Presidente, con la imagen de CEFK también en bajada; con Sergio Massa alternando entre los nuevos moderados (Máximo Kirchner y "Wado" de Pedro) y los anti-K de su sector; con Macri de "cuarentena deportiva" en París; y en los radicales dispersos la voz de Alfredo Cornejo suena firme, y se le suma la cada vez más cercana reaparición política de Lilita Carrió.

En Jujuy la política está realmente "freezada", sujeta a los vaivenes nacionales. Sólo en algunos búnkeres que logran discretamente escapar a la prohibición de las reuniones, dicen en voz baja amortiguada por los barbijos que lo mejor es esperar. El bipartidismo es la realidad que impone el protagonismo de la UCR y el PJ. Aquel obligado a acompañar al gobierno convencido de que no es tiempo para manifestar diferencia; este, expectante adhiriendo a las decisiones nacionales, sin esconder las agudas disidencias locales que hoy sería suicida exteriorizar. Sólo la izquierda altera brevemente esa convivencia forzada con su discurso duro y sus propuestas irrealizables. En todos los mentideros también hablan en tono de confidencia de la suspensión de las Pa so para el año que viene, y algunos que se dicen bien informados, desparraman datos de una suspensión de las elecciones intermedias (¿sería la solución?). Otros aseguran que en los más altos niveles se conversa de otras reformas más osadas: las de las Constituciones Nacional y Provincial. La clase política jujeña acepta que aunque el virus avanza, contagia, enferma y mata, debe acometer la recuperación de la economía que dejará un Jujuy quebrantado, con los índices de desocupados y subocupados nunca vistos, y con quiebras de empresas y comercios de todo tamaño. Hallar soluciones para la pobreza, la marginalidad, la consecuente inseguridad y la efervescencia social no debe bajar de la agenda.

Pero hubo una noticia agradable: llegaron a Jujuy finalmente los $ 1.250 millones del primer tramo de los $2.500 del préstamo que la Nación asignó a la Provincia. "No resuelve todo, pero ayuda", se escuchó en pasillos de Casa de Gobierno, donde ya se les partía la cabeza pensando en la pandemia. "Ya se llevó más de 600 millones de pesos extra y que se estima es menos de la mitad de lo que se deberá gastar hasta fin de año. Cada ‘gastito’ para combatir el coronavirus no baja de 80 millones", dicen. "Pero los fondos asegurarán el pago de sueldos, y aliviarán la baja de la recaudación que rebasó los pronósticos más pesimistas". Pero es Agosto... vale sahumarnos... y pedirle a la Pachamama su benévola intervención...

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