Un gran respiro en medio de un mar de problemas

El acuerdo con los bonistas representó la primera gran victoria política de Alberto Fernández desde que asumió el sillón de Rivadavia, allanando así el camino para trazar las líneas gruesas de la pospandemia en la Argentina. ¿El ahorro de 30 mil millones de dólares en los próximos cuatro años resolverá los principales problemas que padece el país? Por supuesto que no, ya que la falta de inversión sigue siendo un gran freno a la creación de empleo, la inflación irá en ascenso a medida que se abra más la economía, la pobreza se incrementará este año de forma dramática y el poder adquisitivo de los trabajadores seguirá disminuyendo sin paritarias libres. Sin embargo, el entendimiento con los acreedores externos le permitirá al Gobierno contar con recursos extra para afrontar el exponencial crecimiento del gasto público provocado por la pandemia. No es poca cosa en tiempos de vacas flacas. 
En la Casa Rosada se vivieron jornadas de algarabía por lo logrado, pero todos saben que ahora viene otra negociación con el Fondo Monetario, que se espera que sea tan o más difícil que la anterior. “La relación que tenemos con el Fondo es muy buena, pero sabemos que la Carta Orgánica del organismo prohíbe las quitas de capital, por lo que el objetivo principal será estirar lo más posible los pagos para los próximos tres años”, aseguró ayer a El Tribuno un importante funcionario del Ministerio de Economía. ¿Cuál será la situación de la deuda argentina a más largo plazo teniendo en cuenta las reprogramaciones con los bonistas privados y con el FMI? En este rincón del mundo, en donde la imprevisión suele ser moneda corriente, pensar en lo que puede ocurrir en los próximos siete o diez años parece una utopía, aunque los riesgos de caer en un nuevo default en algunos años no desaparecieron por completo. 
Con las cuentas públicas en rojo, los casos de coronavirus en cifras exuberantes y la inseguridad claramente en aumento, el jefe de Estado necesitaba alguna política concreta visiblemente exitosa para mostrarle a la opinión pública que el rumbo del Gobierno -cuestionado por la falta de un plan económico- es el correcto. Desde el Gobierno nacional señalaron ayer que el anuncio de las sesenta medidas económicas que se están trabajando con los gobernadores podrían darse a conocer “en la próxima semana”, aunque confirmaron que básicamente se tratará de “créditos blandos para incentivar a las economías regionales”. Ese conjunto de iniciativas iban a ser públicas la semana pasada, pero el Gobierno puso primero en agenda a la polémica reforma judicial, que esta semana sufrió el rechazo de la Cámara del Crimen y de la Cámara Civil y Comercial. El acuerdo por la deuda no sólo le dio respiro a la economía en el corto plazo, sino también que corrió momentáneamente a la polémica reforma judicial de los primeros planos del debate público. Otro punto para el Gobierno. 
En ese contexto, Alberto Fernández buscó esta semana recuperar la iniciativa política con anuncios específicos ligados a la gestión, en un intento por exhibir un Gabinete en movimiento más allá de la ola de contagios. El mandatario relanzó el plan Procrear, anunció obras públicas para cinco provincias por 22 mil millones de pesos, inauguró un hospital en Buenos Aires y autorizó la vuelta de los entrenamientos en el fútbol argentino. 
Un dato que no pasó desapercibido fue la sorpresiva ofensiva presidencial contra Horacio Rodríguez Larreta, a quién había llamado “amigo” hace menos de un mes. Puntualmente, Alberto cuestionó la falta de atención en la Ciudad de Buenos Aires a los adultos mayores, argumentando que el Pami debe internar al 20 por ciento de los abuelos en hospitales bonaerenses. Más allá de si es cierta la afirmación, lo que llamó poderosamente la atención es la recriminación pública ante un hecho de semejante envergadura. ¿Qué buscó Alberto? Muy simple, minimizar las críticas internas que viene teniendo por su estrecha relación con el jefe de Gobierno porteño. En el kirchnerismo le piden que destaque más la figura de Axel Kicillof y que esmerile lo más posible la de Rodríguez Larreta, el dirigente opositor mejor ubicado en las encuestas. Esa estrategia podría condicionar un poco a Larreta pero termina afectando más a Alberto Fernández que al jefe de Gobierno, ya que vuelve a poner sobre la mesa el debate en relación a si el Presidente es tan dialoguista como se lo quiere presentar. La imagen positiva del mandatario se debe, en gran medida, a los gestos de diferenciación que mostró de Cristina Kirchner, por lo que aumentar la agresividad de sus discursos sólo lo asemeja más a ella. 
El combate de la pandemia sigue siendo, por lejos, la principal responsabilidad del Presidente y todo su Gabinete. En ese contexto, esta semana el Gobierno anunció que darán de alta a los pacientes positivos tras catorce días de aislamiento y sin hacerles un hisopado. El anuncio sorprendió a propios y extraños, ya que es literalmente imposible saber si una persona ya no tiene más el virus sin realizarle una PCR. ¿A qué se debe este cambio de estrategia sanitaria? Sencillo: a la falta de testeos, una situación que se vino dando en el país durante toda la cuarentena. 
Tras ese anuncio, el Gobierno porteño señaló que no aplicará esa nueva metodología ya que tiene capacidad de hisopar a quienes lo necesiten. La decisión de Larreta tiene claramente un tinte político de diferenciación con el Gobierno de Alberto Fernández, debido a que en la Ciudad de Buenos Aires hace rato que están dando altas sin PCR. La política partidaria vuelve a meter la cola donde no debe. 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Nacionales

Últimas Noticias de Jujuy

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...