Laberintos Humanos: El móvil del delito

Como la dueña del gallinero insistiera tanto con que las faltantes se las había robado la vecina, cruzamos la chacra y fuimos a entrevistarla, nos contaba el comisario Pierro diciendo también que en ese trayecto fue que don Bautisto Solón se le presentó tendiéndole la mano y regresando pronto a su silencio. La vecina tenía sus propias gallinas, tan abundantes como las de la víctima, lo cual descartaba uno de los móviles más evidentes. Hice preguntas de rigor tratando de ser cortés, y cuando estaba por marcharme don Solón me preguntó, tímidamente, si podía participar del interrogatorio.

Lo hizo con ese tono suave que pasaría, con el tiempo, a ser habitual de la seccional, ese modo de pedir que no admite negativas. Me intrigaba conocer cuál sería su duda y le di permiso. De todos modos, la dueña de las gallinas robadas era tan insistente en sus acusaciones que, sólo por oponerme, deseaba que su vecina fuera inocente. Supongo que la doña debe acusarla de todo, ¿no?, dijo Solón y la mujer, poniendo cara de fastidio, aseguró que años que la aguanta. Si no es la azada es la pala, hasta el marido, Dios me libre y guarde, cree que le quiero robar.

Yo ni paso cerca de su casa para no escucharla acusarme de que le falta una aguja de tejer o un par de cebollas. Bien, dijo Solón, entonces es cierto que le robó las gallinas pero tiene una causa que la justifica. Si durante años alguien nos acusa sin motivo, ¿por qué no darle motivo ya que tenemos que seguir aguantando?, le dijo al comisario Pierro con una sonrisa ancha.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...