Laberintos Humanos: Parte del equipo

Ya Bautisto Solón era parte del equipo, nos dijo el comisario Pierro. Cada mañana se aparecía con su sonrisa suave y su trajecito de sastre como si cobrara un sueldo. De hecho, era más puntual y predispuesto que muchos de los que no lo hacían por placer sino como trabajo. La verdad es que nunca supe la causa que lo movió a sumársenos, pero con el tiempo lo agradecí como en aquel caso de ese joven que cayó por un barranco, hará de eso cosa de veintitantos años, capas que más. No voy a decir el oficio del hombre ni su apellido, ya sabrán comprender por qué.

La cosa es que fue él mismo quien llegó a mi despacho cuando Solón estaba sentado, calladito, en el sillón. Creo que ni lo vio y así, ajenos en apariencia uno al otro, pasarían a ser el centro del relato. El hombre parecía estar a punto de quebrarse cada dos palabras, no digo llorar porque no era su estilo pero la voz se le ajaba como papel viejo. Las palabras se le atoraban en la garganta pero salían, un tanto nubladas algunas, y así nos dijo que su ayudante se había desbarrancado. Trabajaba con él desde hacía unos meses, le tenía aprecio, no sabía cómo iba a hacer para informarle a la familia. Le pedí los datos del lugar, siguió diciendo Pierro, y la de metros por los que cayó. Me puse el sobretodo y esperé a que Bautisto Solón me siguiera sin decirle nada, porque era su costumbre hacerlo y porque no tenía por qué obedecerme, como ya saben ustedes, pero entonces lo escuché decirme que acaso tengamos por acá todos los elementos necesarios para resolver el enigma.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...