Dolor por la partida del canillita José “Kizca” Gareca

Y en medio de esta cuarentena, de vacío en las calles, de incertidumbre, temor y desazón, fueron muchos los amigos y gente conocida de la comunidad que partieron, algunos en el más absoluto silencio. Así dejó esta vida terrenal, el canillita de los barrios del acceso sur, don José Ricardo Gareca, conocido afectuosamente con el apodo de “Kizca” y se fue, con la misma humildad que vivió a lo largo de sus 62 años. Lo despidieron sus hijos Darío y Milagros, quienes lloraron su partida y la imposibilidad de poder velar sus restos, tradición arraigada en nuestro pueblo, otro duro golpe que recibieron las familias en este tiempo. 

Don José, era conocido como el canillita de la avenida Brasil. Solía salir temprano, a bordo de su bicicleta a retirar los diarios y se ubicaba en una pequeña silla, en la platabanda ubicada en la intersección con la avenida presidente Perón, allí, justo en los semáforos, cómplices perfectos, que, en cada cambio de luces, le daban el tiempo necesario para poder vender sus diarios.

Por dos décadas, el canillita, formó parte del paisaje sampedreño, cosechó muchos amigos y era el anunciador de las buenas nuevas que llegaban en su diaria entrega. Muchos empleados del Centro Judicial San Pedro, eran sus asiduos clientes, y siempre tenía tiempo para escuchar a cada uno de ellos, sabía de sus alegrías y tristezas, de sus logros y las contrariedades de la vida. 

Durante esta pandemia, un desaprensivo motociclista lo embistió, provocándole daño en una de sus piernas. Para poder movilizarse comenzó a usar un bastón, y ante la crítica situación sanitaria, no pudo contar con una rehabilitación ni atención hospitalaria. Aguantó todo lo que pudo en su humilde vivienda. Pero esta semana, su corazón no resistió y quedó allí, en los brazos de su hijo, que hizo todo cuanto pudo para salvar su vida. 

Se fue don José, el canillita de la avenida Brasil, y cuando se abran las puertas y la vida retome su ritmo normal, seguramente, se notará su ausencia, muchos tal vez se pregunten que fue de él. Don José partió, dejó esta vida para anidar en el corazón de su familia, de sus amigos y de gran parte de la comunidad, a la que le ofreció su servicio con esa sonrisa que lo caracterizaba. Descansa en paz, canillita sampedreño, hoy, tu hijo Darío tomó la posta que dejaste, y será quien siga llevando el diario a tus amigos, a tus clientes y seguramente volverás en cada charla, en cada recuerdo que surja al momento de llegar el periódico.

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