Intolerancias e incoherencias que potencian la crisis

Cuando promediaban estos 180 días de confinamiento desde estas líneas advertíamos que muchas de las actitudes y decisiones de la clase dirigente, responsable de organizar y desarrollar el combate contra el virus, comenzaban a mostrar rasgos de un exagerado autoritarismo y la rediviva desmedida inclinación a echarle la culpa al otro. Eso, ya comenzaba a cansar a la gente todavía sana pero encerrada y con libertades que comenzaban a restringirse.

La conjetura era obvia: esos indicios podían llegar a desembocar en la reaparición del viejo clamor popular: "que se vayan todos". Veinte años atrás esa ardorosa queja se diluyó y no sólo no se fueron todos, no se fue nadie, y todos siguieron instalados en la vida pública, a lo sumo alternándose en el uso -y abuso del poder- según cómo se mire. En el banderazo del sábado, ese clamor no fue sólo una sensación. Se mostró en cantos y en carteles, y se presentó en sociedad como un embrión que amenaza con crecer, desarrollarse y convertirse en un "monstruo grande que pisa fuerte", si no aparece una reacción urgente. Algo se hizo mal, o no se pensó bien, y mientras se trate de tapar la crisis sanitaria y la depresión económica con relatos o propaganda, nada servirá. Ocurre a nivel nacional y provincial. Las cifras del coronavirus y los datos de la economía son lapidarios.

La coalición nacional gobernante, se debate entre respetar las promesas de campaña, y justificar las acciones de la gestión: nada que ver aquellas con éstas. Al propio Presidente Alberto Ángel Fernández, lo asfixian con los archivos de su personalidad "prepresidencial" que contrasta con sus decisiones como Jefe del Poder Ejecutivo. Que por esa razón se hayan devaluado su palabra y su credibilidad, termina convirtiéndose en peligroso para el país todo. Corte de puentes con la oposición, tembladeral en la seguridad judicial, atacar a la empresa privada y a la prensa, desprecio por el valor del mérito, el flagrante engaño con el cepo al dólar, incoherencias y desconciertos en la instrumentación de medidas económicas, que repercuten dentro y fuera de Argentina. Y obviamente volver al hábito de culpar a la gestión anterior de todos los males, (AAF: "Pido un poco de prudencia después del desastre que nos dejaron"). Casi un calco de lo que decía Cambiemos, en aquel arcaico 2015. Los políticos nacionales, siempre consideraron que la historia comenzó -para bien o para mal- el día que llegaron al Poder. La coalición opositora, por su parte, repite en distintos tonos y temas que "estábamos mejor, cuando estábamos peor", y niega toda posibilidad de aciertos a los esfuerzos de los que están hoy. Pero a todos, frente a micrófonos y cámaras, no se les cae de la boca el "diálogo y el consenso". De la boca para afuera. Así va a ser difícil, y los buenos intentos reales y el trabajo de los "remadores" de la unidad, volverá a caer en saco roto.

En Jujuy, no son muy diferentes las cosas. Después de un largo inventario de culpables de la crisis sanitaria que se atraviesa -desde el lado del oficialismo y de la oposición- ambos terminan cayendo en el lugar común esperado: que cada opositor o cada ciudadano común que se queja sólo buscan hacer política, o que a cada gesto o acción del gobernador y miembros de su equipo, sólo los mueve el afán de ocupar prensa y posicionarse para la próxima campaña electoral. Naturalmente, los moderados, los que realmente buscan el diálogo y ejercen la tolerancia y la paciencia, en muchos casos son castigados desde ambos lados, según sean la conveniencia del momento y de los castigadores de turno.

Está claro que no se puede seguir sosteniendo ni promoviendo tal grado de tensión, cuando lo imprescindible es exactamente lo contrario. Es como una autodescalificación de toda la sociedad. Vuelve aquí la necesidad de que diálogo y consenso, sean verdad. Los papeles preponderantes le corresponderán a la coalición gobernante, a la coalición opositora, y obviamente al Poder Legislativo, (donde se deberían ejercitar con respeto y firmeza, la convivencia y los acuerdos necesarios), pero que está puesto en "modo avión" desde hace mucho tiempo. Surgen otras consideraciones: dentro del oficialismo, no se escuchan públicamente voces que no sean ecos de las órdenes del Ejecutivo.

Sin embargo, off the record, entregan datos de disidencias, broncas contenidas y ganas de disentir. Apenas se conoció en estos días, por fuera de Cambia Jujuy, brevísimas expresiones disonantes de un sector de la antigua Corriente de Opinión Nacional (CON), que desde el rojiblanquismo en el poder descalificaron inmediatamente. Los peronistas del JxC también delatan un estado de tensión interior, que contienen "por razones de estrategia" dicen en voz baja. Muy baja. En la coalición opositora la situación no es diferente. Al presidente del PJ Rubén Rivarola, cada día se le hace más difícil contener un pensamiento con una sola dirección.

Diputados "rebeldes" que reclaman para sí la exclusividad de la oposición, funcionan paralelos al bloque que preside Pedro Belizán, interpretando cada acompañamiento a las medidas del gobierno como una claudicación. Por cuerdas separadas, también comenzaron tímidamente reuniones de sectores críticos del PJ, que desde el oficialismo del PJ FdT, también descalificaron con firmeza e hiriente ironía, diciendo que para reunirse "les sobraba un ascensor aun con distancia social, igual que los votos que representan la mayoría de ellos". Otros sectores, hibernan con prudencia esperando mejores momentos.

El gobernador Gerardo Morales, se esmera por mostrar en la prensa porteña que ahonda su distancia de Mauricio Macri, quizás ansiando recuperar aquella posición que enarboló hasta perder en el histórico congreso de Gualeguaychú en el 2015. Sin embargo apuesta por una conducción colegiada de JxC, rogando que esta vez la UCR no vuelva a ser furgón de cola. Y debe tener firme su sueño presidencial generado otros momentos mejores. Tampoco para él es fácil: recientemente el encuentro con la dolorida familia Vargas fracasó, entre denuncias de ambos lados por sospechas de utilización política y mediática de lo que debió haber sido un bálsamo entre la angustia y la desorganización. El titular del PJ Rubén Rivarola, mira desde Jujuy al peronismo nacional en estado de ebullición, donde el cristinismo y La Cámpora parecen haber colonizado casi totalmente al pensamiento y las decisiones presidenciales. Es consciente de que es tal la intensidad de la hoguera que arde en el PJ en el centro del país, que una chispa mal dirigida y en un momento inoportuno, puede terminar con los sueños y los proyectos de los que quieran almorzarse la cena.

Estamos mal. El virus ya alcanza perfiles de plaga bíblica y la economía nos sigue emprobreciendo sin piedad. La respuesta para ambos males, sólo debe llegar desde la política. Y la gente espera de sus dirigentes políticos, nacionales y provinciales, el máximo esfuerzo de razonabilidad y cordura. Acelerar rumbo al abismo sería fortalecer aquella bronca que puede terminar en que se vayan todos. Y ése sería uno de los peores males que nos podrían pasar.

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