Nino Fuentes y su sello en los estudiantes

Alguna maestra lo recordará como alumno en Volcán, Mina El Aguilar o Pirquitas, hijo de padre ferroviario y de madre docente, o acaso el eco de su voz en las radios jujeñas de fines de los setenta, por sus baladas románticas o su trabajo de producción artística, y sin embargo el nombre de Nino Fuentes despierta emociones en varias de nuestras generaciones por una serie de jingles que creía olvidados.

Para llegar a ello, recuerda que "el camino de la música comenzó para mi desde muy chico, siempre fui el que recitaba en los actos de la escuela, el que cantaba, el protagonista, el presentador. Empecé a tocar la guitarra entre amigos, a los catorce hacía folclore aunque a mi siempre me gustaron las baladas, las canciones de amor, las canciones de las telenovelas. Hacia 1976 nos juntamos varios intérpretes con la consigna de que cada uno debía cantar sus propias canciones, y yo participaba con las mías".

Animaba desde adolescente las elecciones de las reinas escolares, tuvo su programa en Radio Nacional, llamado Expectativas, "y entonces me convoca el señor Fernando Pérez Paz para pasar a formar parte del plantel de profesionales de su radio, así que cobrar un sueldo, trabajar con locutores como Hugo Conde, era tocar el cielo con las manos. Entonces mi papá me aconseja ir a estudiar locución a Buenos Aires".

Llega allí con veinte años, "y pateando discográficas logro tener mi primer long play. Siempre grabé mis canciones, aunque incorporando en cada disco uno o dos covers para impactar en el oído de la gente con algo conocido, éxitos internacionales en su versión en español. A fines del 82, el señor Pérez Paz me encarga algunas canciones para la Fiesta de los Estudiantes, algunas hablando de la reina más bonita, otra sobre el paso de las carrozas, cada una dedicada a una de las partes de cómo se vivía la fiesta".

Nos tararea algunas de ellas y recuerda que se inspiró en sus propios recuerdos de estudiante jujeño, entonces le preguntamos cómo, en una provincia de tanta impronta folclórica, termina optando por la música melódica y nos responde que "son cosas que vienen con uno, porque el folclore te lo enseñan cuando uno empieza a tocar la guitarra, pero mientras ensayaba con mi primer grupo, Folcloreando, de repente cantaba una balada o "Muchacha ojos de papel", que en esa época estaba de moda".

Nos dice que "escribí siempre mis propias historias. Dos de las canciones del disco de la Fiesta de los Estudiantes ya me las mandan hechas, como "De muchacha se vistió", entonces las orquesté, las trabajé con músicos profesionales y nunca supe qué había pasado después con esa grabación. Seguí con mi trabajo radial desde Buenos Aires, hasta que un día mi papá me llama para decirme que en Jujuy se me escucha todos los años y mucho".

Nos confiesa que creyó que debían ser los deseos de su padre, "y se hace la ilusión de que está escuchando a su hijo por la radio. Al año siguiente lo mismo y le pregunto qué canción es, porque en algunos de mis discos tuve éxitos que sonaron mucho, entonces un amigo me dice que la que están pasando es la canción de los estudiantes, y eso digamos que fue como veinte años después de haberla grabado. La verdad es que no las recordaba bien y tuve que volver a escucharlas para rescatarlas".

Nos dice que "había cobrado por hacerlas, por grabarlas, porque Pérez Paz se encargaba de musicalizar el paso de las carrozas y las fue imponiendo desde las bocinas. En un momento se hicieron casetes que se distribuyeron, creo que ni tenía mi marca sino la de la Fiesta. Entonces empecé a volver a Jujuy, me empezaron a llamar de las radios, hacerme homenajes, muchos empezaron a conocer quién había hecho esas canciones, se declaró de interés cultural, me han destacado como ciudadano ilustre y tantas cosas lindas que agradezco tanto".

Nos dice que "son canciones que tomaron vida propia, que hace mucho dejaron de ser mías, son de la gente. Por primera vez pude escucharlas en el último desfile que se hizo en la avenida Córdoba, me metí en medio de la gente y me latía el pecho por todos lados, veía que las cantaba y tenía ganas de gritar: ese soy yo! Los arreglos y la dirección fueron de Miguel Provenzano, que era un gran guitarrista que hoy vive en Los Angeles, y su socio, que era el dueño del estudio, Federico Erlich, que también trabaja en Estados Unidos". Recuerda que "con ellos armé todo, con músicos contratados y cantando yo. Contraté un jinglero para que dos de las canciones no tuvieran la voz mía, o disfrazándola con coros como de hinchada en ‘Juntos cada día’. Fue un trabajo profesional, por encargo, el que tuvo el ojo fue Pérez Paz, que pudo habérselo encargado a cualquier otro músico jujeño. Me tocó hacerlas a mí y nunca imaginé que iban a ser clásicos, y que muchas generaciones de estudiantes hayan crecido escuchándolas".

Agrega que "la emoción de la gente a mí me conmueve mucho y me hace pensar en que para algo sirvió todo esto. Si la tarea de quien escribe una canción es la de llegar al corazón de otra persona, acá veo que he llegado al de muchas".

Actualmente se dedica a la producción de espectáculos musicales para grandes eventos, y sigue recorriendo el país con sus canciones.

 

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