El poder de la música

En lo que va del año, el lector seguidor de esta columna se habrá extrañado las pocas contribuciones musicales, como los reportes musicales de óperas y conciertos que presencia y al que es invitado cordialmente el que escribe esta columna.

 Es que los tiempos actuales y en lo que va del año, pocas son los conciertos que se ofrecen por el Coronavirus que no ha dejado lugar libre a su paso.

A tres meses de terminar este año, aún saboreamos la expectativa si en 2021 las cosas cambiarán para mejor.

 Pero ya todo ha cambiado: nuestra vida social, el visitarnos, el recibir a un nuevo amigo en nuestra casa, darnos besos, abrazos y hasta compartir el mate cebado, para los que disfrutan de esta bebida entre los cuales no me incluyo.

 Con nuestras esperanzas puestas en las vacunas, una parte de la población en el hemisferio norte se opone rotundamente, fundándose en consecuencias graves para la salud de las personas, también por forzar a vacunarse a alguien que no quiere ejerciendo su derecho a la libertad.

 El que escribe hace más bien un reporte a manera de observación de la sociedad europea y cómo afrontan las problemáticas diferentes partes de la sociedad, y su repercusión en el arte y la música, que es el propósito final de esta columna cultural que se escribe desde la Vieja Europa.

 Muchas personas protestan contra el confinamiento que se puede venir nuevamente por causa del Coronavirus. Mucho contacto social desenfrenado, acompañado del alcohol y las desinhibiciones que el mismo provoca, han hecho que mucha gente se infecte nuevamente y se hable de un nuevo confinamiento y la clausura momentánea de tiendas, restaurantes y cafés se ha reflejado en el descontento de los propietarios y los que alquilan.

 También los servicios de turismo se han visto afectados por las prohibiciones y los seguros de salud que no corren el riesgo de un enfermo en el exterior.

 En fin, la vida se ha vuelto fría, distante, insegura pero siempre con una esperanza.

 La esperanza es lo que nos queda, la vida, la salud que no nos falte, la fe puesta en un dios o diosa o en el mismo Universo, que seguramente nos dará lo que necesitamos.

 A veces, en momentos de dolor, la pérdida de un ser querido, la lejanía, las circunstancias, los enojos de la frustración, quizás con el poder de la música podemos transformar esa mala sensación con la ayuda de ese bálsamo de amor, el poder de los sonidos que transforman nuestro humor y nos transportan a un lugar donde estamos con nosotros mismos, íntimamente siendo nosotros mismos.

 No hay una lista única de canciones o música que nos hagan felices, todo depende de nuestras experiencias, nuestra historia y claro, nuestro humor.

 Puede ser un tema que nos guste de nuestra juventud o infancia, que nos transporte a un momento donde fuimos felices. La primera vez que salimos con nuestros amigos a bailar, las luces de la discoteca y las risas. O cuando nuestros abuelos nos cantaban el feliz cumpleaños y las canciones que escuchábamos de niños. También puede ser las rondas infantiles.

 La música de películas es otro ejemplo, cuando vimos una “peli” que nos hizo feliz. O los dibujos animados con sus bandas sonoras tan entrañables. Muchos de estos dibujos animados, pelis, podemos verlos nuevamente gracias al internet y disfrutar desde casa, recordando buenos tiempos o momentos felices y convirtiendo nuestro humor en algo bonito y que nos hace felices.

 Entre las óperas, las óperas cómicas son las más escuchadas a la hora de recrearnos la alegría. Una ópera cómica clásica es “El Barbero de Sevilla“, de Rossini, con las famosas arias de Fígaro, el Barbero Coqueto, pero también las arias hermosas del Conde Almaviva y su enamorada Rosina.

 Una ópera de amor muy bonita y también graciosa, es “El elixir de amor” y cuenta la historia de un campesino que por amor lo hace todo. De esta ópera es el aria “Una furtiva lágrima”, un aria de bravura para todos los tenores, muy difícil técnicamente pero de una hermosura única cuando es bien cantada. Pero también los dúos y tríos nos hacen sentir felices.

Las óperas de Bellini, siguiendo en la tradición del bel canto también son muy melosas y las melodías nos transportan a otro mundo, dependiendo, claro está, del cantante.

Una grabación de “Los puritanos“ de Bellini, con la fantástica María Callas, es la forma de iniciarnos en el bel canto.

 Es una voz que sin esfuerzo puede cantar todas las pirotecnias vocales exigidas por este tipo de ópera y que deben sonar con una facilidad increíble, haciéndonos pensar que son fáciles de cantar.

Querido lector: ¿Tienes alguna canción que te pone feliz? ¿Por qué?

 

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