"Una muerte sin despedida deja un dolor interminable"

La muerte es uno de los golpes más duros de la vida y es mucho más agobiante cuando no se puede despedir a ese ser querido, por eso, Paula Robles Ávalos, que perdió a su padre por Covid-19, pide la aprobación del proyecto "El último adiós" a partir de su experiencia que fue traumática, ocasionándole problemas en su salud mental, angustia que también atraviesan otras personas que perdieron familiares este último tiempo.

El hecho de no saber si esa persona que enterraron era su padre, no poderlo acompañar en su peor momento y las crisis de angustia posteriores al fallecimiento fueron las graves consecuencias que ella padeció y sigue padeciendo actualmente, por eso no quiere que a nadie más le pase lo mismo.

Su padre fue el destacado médico forense Guillermo Robles Ávalos quien falleció el 17 de julio tras contagiarse en la clínica en la que estaba trabajando, ubicada en la ciudad de Perico. Transitó con el virus por dos semanas sin síntomas pero la siguiente los empezó a tener y se le generó una neumonía.

En ese sentido, su hija mencionó, en diálogo con El Tribuno de Jujuy, que "se contagió por un paciente de él que no le había dicho que era un caso positivo, quizás fue por el miedo que había, en ese tiempo no había tantos casos en Jujuy. Se internó solo, estuvo cuatro días. En todo el momento de la internación a mí no me dejaron entrar a la clínica, solo tenía contacto por teléfono".

Lamentablemente, esa misma semana en la que se internó, falleció y su hija no pudo despedirse ni estar con él antes de ese momento. "Murió en la madrugada del 17 de julio después que lo trasladaron desde Perico al hospital "San Roque", ahí tampoco pude verlo. Eso me generó mucha bronca, después de eso me exigieron que saque el cuerpo en 24 horas, yo quería cumplir la voluntad de mi papá que es la cremación o el entierro en el mausoleo de la familia en Perico", añadió.

Explicó que tampoco pudo tener acceso al mausoleo porque el COE le exigía que el cuerpo vaya a tierra, "pensaban que la esposa de mi papá o yo nos podíamos encerrar en el mausoleo, por eso no nos dejaban, algo incomprensible. Y como no hay crematorio, todo se complicó. Entonces no me quedó otra, me fui obligada a buscar un cementerio".

Indicó que fue muy desgastante hacer todo ese trámite, y en medio de todo eso la seguían llamando para que saque el cuerpo cuanto antes. "Yo no podía dejarlo tirado así nomás, les pedí tiempo, fue inoportuno todo eso en el momento difícil que pasaba por su muerte. Tuve que comprar una parcela en un cementerio privado", sostuvo.

"Quería ver que era él"

Al respecto comentó que "yo pude comprar eso pero hay mucha gente que no puede, la parcela más barata sale 16 mil pesos. Tampoco se me permitió ingresar a la morgue, yo quería ver que era él antes de enterrarlo, pero nunca pude. Pedí firmar una declaración jurada para verlo desde lejos al menos y saber que era él".

La empresa de sepelio le entregó el cajón que tampoco lo pudo ver, "no sé de qué color es, ni el material del mismo. Cuando llegué al cementerio ya lo habían enterrado, vi la corona de flores y supuse que era él la persona que estaba ahí. Una muerte sin despedida nos deja un dolor interminable", aseguró.

Mitigar el sufrimiento de los que pierden a su familia

El protocolo fue redactado por antropólogos, abogados y otros profesionales, entre los cuales se encuentra Paula Robles Ávalos, y se denomina “Tratamiento Humanizado del Final de la Vida y Formas Alternativas de Despedida en Contexto de Pandemia por Covid-19”. Al respecto, dijo que se comunicó “con el Colegio de Antropólogos después de lo que me había pasado y ellos me comentaron que ya venían teniendo esa demanda y veían cómo la situación se iba complicando. Entonces con ellos fuimos armando el protocolo rápidamente”.

El protocolo consta de dos etapas, la primera se relaciona al acompañamiento al paciente cuando se le da un diagnóstico de estado crítico para que la familia pueda tener acceso al lugar donde se encuentre la persona internada. La segunda parte es la que se relaciona con los rituales funerarios. “En nuestra provincia tenemos una cultura muy arraigada a las almas por eso esto no pasa desapercibido y con la situación de pandemia se torna más complicado aún. No es para nada fácil y más porque tenemos esta cultura”, expresó.

El mismo se basa en las pautas que brinda la red de cuidados al final de la vida del Conicet, “ellos al ser antropólogos son especialistas en sociología por eso hacen referencia mucho a las condiciones que se viven en Jujuy y hablan de cómo hacer la despedida de una forma simbólica. Que el fallecido dé una vuelta por el barrio, que los familiares lo puedan despedir, pasó algo así con un policía que falleció que dieron una vuelta por el centro para que lo despidan”, señaló. También explicó que en el documento hay un consentimiento por parte del familiar que ingresa a acompañar a la persona internada, el cual debe firmar haciéndose cargo de posibles consecuencias. 

Graves secuelas

Sobre lo que atravesó después de la pérdida de su padre, Paula Robles Ávalos contó que “nunca pensé que la iba a pasar tan mal, tengo ataques de pánico, me agarró angustia porque realmente no sabía si mi papá estaba o no ahí. Fui hasta la empresa de sepelio a preguntar para que me digan si estaban seguros de si era mi papá o no”. “Estuve como dos meses muda, no caía en lo que había pasado. Luego salí de eso, vi lo que pasó la familia que le entregaron mal el cuerpo y eso me hizo sentirme insegura nuevamente. Todo eso me generó más angustia, necesitaba asegurarme que estaba ahí”, agregó.

Para finalizar manifestó que “actualmente me siento deprimida, por eso mismo quiero que este pedido se apruebe para que otras personas no pasen por lo mismo. La única forma de sanar es ayudando a otros, porque yo tuve los medios para intentar superar esto, pero otros no. Hay que dejar de ver a los muertos como un número más”.

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