Laberintos Humanos: Domingos y feriados

Los vecinos del paraje, reunidos en el almacén, discutieron qué hacer con Eustaquio Hermodoro, hombre que tenía buenas ideas pero tenía tantas que con ellas trabajarían todos los domingos y feriados, sin descanso, y ese no era el modo en el que querían vivir sus vidas.

En la siguiente reunión del Centro Vecinal, Hermodoro quiso someter a la discusión de los vecinos la obra del secadero de verduras, que había quedado pendiente del domingo anterior debido a las deserciones, pero uno de ellos, pidiendo un permiso que ya estaba arreglado que le darían, sugirió una reglamentación nueva para el cuerpo.

Sacó un papelito arrugado del bolsillo y leyó, lento pero seguro, que los vecinos, reunidos en el almacén, habían propuesto que en el paraje no haya nadie que sea mejor que ellos, y si el tal existe, que no viva entre nosotros sino, en cualquier otra parte, entre otras personas. Los demás, entre risas, aprobaron la propuesta con un aplauso.

Así se resolvía el asunto, nos dijo el comisario Pierro, y esa misma tarde el Eustaquio juntó sus cosas para mudarse a Humahuaca. De esa experiencia fue que Bautisto Solón dedujo que en la vida no alcanza con ser ingenioso y tener buenas ideas. Hay que saber que sin el apoyo de los otros no pasan de ser ideas y jamás se convierten en obras.

Por eso Solón sabía que no podía quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, le dijo Pierro a Blanca. Sabía que su inteligencia siempre le acarrearía problemas, y no culpaba de eso a nadie sino que aceptaba dócil y humildemente su destino.

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