Flores jujeñas, argentinas, primavera y música

 El lector seguidor de esta columna y amante de la naturaleza habrá notado en Jujuy la proximidad de la primavera por los lapachos en flor.

 Es que en agosto se ha celebrado el Día del Árbol.

 Ese hermoso árbol que humildemente decora nuestras ciudades, con sus plazas, calles y patios, no pasa desapercibido en ninguna parte por el colorido de sus grandes y bellas flores.

 Los colores que nos regala este árbol muy sudamericano, envidia de los otros continentes es una explosión de generosidad y alegría, exuberancia, calidez y delicadeza.

 No sólo el color rosado, lila, amarillo o blanco que se ofrece a nuestros ojos, pero también la textura suave de sus flores, campanillas de terciopelos y de suave textura, perfume fino y poco sentido.

 La generosidad de este árbol que se reproduce con tanta facilidad en la región cálida de Jujuy también es conocida por sus propiedades medicinales, muy explotadas en la industria farmacológica europea pero poco difundida en Jujuy, donde la medicina tradicional de origen prehispánico nos hizo conocer la  bondad de los refrescos de ayrampo, de los cactos argentinos, las infusiones llantén, cola de caballo, especies que crecen en los campos de nuestra provincia, pero el lapacho aún queda catalogado como árbol de sombra o de bonitas flores.

 Otros árboles con flores bonitas es el palo borracho, conocido en otros países como toborochi.

 Su forma tan redondeada y con espinas como de una rosa gigante atrae a los niños y a todos los extranjeros, por la curiosidad de su forma exótica y voluminosa.

 Se puede decir que es una combinación rara pero feliz, pues sus flores nos recuerdan a los lirios, a las azucenas y a los floripondios pero sus espinas parecen los de una rosa gigante, sus hojas a la parra virgen que trepa los árboles o crece junto a las paredes.

 Eso sí, su sombra es única, ningún árbol puede ser tan coposo y tan generoso con su sombra, como el palo borracho, árbol sudamericano y de pura cepa.

 También el chañar con su color amarillo intenso nos invade en esta época del año. Además de sus flores y su aroma, también sus propiedades curativas no han sido ajenas a las culturas nativas y muchas veces hemos probado el famoso arropo de chañar.

 La primavera es la estación de la alegría, el color, la esperanza y el calorcito que va preparando el camino al intenso calor jujeño del verano, teñido de tormentas, rayos y gotas inmensas que luego del temporal abren paso al sol fuerte y generoso de nuestro norte.

Las flores jujeñas, las flores argentinas, todas autóctonas y de gran belleza, unas más conocidas que otras, así es la naturaleza de la provincia de Jujuy.

 ¿Y cómo se plasma esto en nuestra columna cultural? ¿Por qué hablamos más allá de la música clásica de las flores y de la primavera?

 Pues, porque agosto fue el mes del árbol y qué árbol más característico de nuestro norte que el lapacho.

 También porque la primavera es el primer movimiento de una suite escrita por el compositor barroco italiano Antonio Vivaldi. Seguramente el lector amante de la música barroca, el lector que disfruta de las películas por su música y fotografía además de la dramaturgia que seguramente en alguna película ha escuchado la primavera de Vivaldi, pero también el público en general, que en alguna publicidad de la televisión o en Youtube se escucha como cortina de fondo.

 También el movimiento Primavera, de la suite de Vivaldi fue utilizada por el compositor para una de sus óperas, que son menos conocidas, pero de un gran virtuosismo.

 De nuestra Argentina tenemos al compositor santafesino Carlos Guastavino, conocido como el Schubert de las Pampas porque al igual que el compositor austriaco, escribió muchísimas canciones para voz y piano, instrumento que amaba, pero también para voz y guitarra, instrumento argentino por excelencia y de fácil transporte y cuidado.

 Uno de sus ciclos de canciones se llama “Flores argentinas”, una selección personal de Guastavino de flores pero notamos la ausencia de nuestras flores jujeñas, como los ejemplares autóctonos arriba mencionados, pero quizás algún compositor presente o del futuro nos dedique a la provincia un ciclo de canciones con poesías referidas a nuestras flores jujeñas, tan ligadas nuestra memoria y nuestro corazón.

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