Laberintos Humanos: La piedra

Es algo similar a lo de la piedra brillosa, dijo el padrecito lentamente porque sabía que se metía en temas que le eran ajenos. En el paraje se decía por igual que era una piedra sagrada, como sostenían aquellos que veían en sus brillos el andar de algún Santo, pero quienes se quedaban absortos con lo oscuro aseguraban que era demoníaca.

Era evidente que había caído de media cuesta, donde se encontraba la mitad partida. Se trataba de una roca de tamaño humano, oscura pero espejada, de forma parecida a un triángulo. Los triángulos, siguió diciendo, nos hacen pensar en el equilibrio. Tal vez sea por eso de tener una base plana, firme, y una punta etérea.

De todos modos, ese no era el misterio de esta. No, al menos, el misterio que se contaba y por el que fui a verla. El secreto era mirarla como se mira un espejo, sin pensar en lo que se verá, para que aparezcan reflejadas cosas que sucederán en el futuro. Como les dije, era la mitad de una piedra, y uno miraba en su corazón.

La otra mitad estaba como a tres o cuatro metros de alto, y de aceptar que no se trataba sólo de reflejos en la laja que cada uno transformaba a su antojo, habría que pensar que vaya a saberse cuantos millones de años estuvo ese futuro encerrado en la piedra. Ustedes saben que las rocas estuvieron a kilómetros de profundidad hasta que afloraron con los cerros, pero aún entonces no era más que una roca.

En las cercanías se contaba, pero acaso sólo fuera un mito, que el día en que se partió para caer, todos tuvieron un sueño extraño.

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