Laberintos Humanos: El sueño

El día en que la roca se partió para que la mitad cayera al valle, todos los vecinos del paraje tuvieron un sueño extraño. Podría decir que fueron decenas de sueños distintos, ya que los vecinos no eran tantos, pero algunos sostenían que se trataba del mismo sueño: alguien se le acercaba al soñador para pedirle que fuera a verla, porque en ella algo se le rebelaría.

Hasta aquí, nos contaba el padrecito, todos soñaron lo mismo, pero para algunos ese "alguien" era la Virgen, para otros un extraño peregrino zaparrastroso y para los demás fue el mismo Diablo, y en ello cada uno tuvo sensaciones diferentes: para unos la alegría de poder ir a verla, para otros el temor de lo que encontrarían, unos el misterio y otros cierta desidia que ocultaba el miedo.

Según el mismo cuento, más tarde o más temprano, todos el mismo día acudieron a esa extraña cita. Al irse viendo en el camino, ya que quedaba a algunas horas de las casas más cercanas, se fueron poniendo al tanto y empezando a saber que todos, de un modo o de otro, habían soñado con esa piedra partida.

Ninguno la recordaba. Debía ser la mitad de aquella otra parte que aún estaba clavada en el cerro, como a tres o cuatro metros de altura, pero mentirían si dijeran que habían reparado en ella cuando estuvo sana. Lo que hoy veían era esa mitad cerca de la playa del arroyo, brillosa a contraluz pero oscura, a la que se fueron acercando de a uno, como si se fueran a confesar.

Y cada uno, al arrodillarse para verla de cerca, tuvo una reacción diferente a los demás.

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