Laberintos Humanos: El muchacho

Tras conocer a la abuela alegre porque, adverso o favorable, el futuro que se le reflejaba en la piedra era al menos un futuro, el padrecito se cruzó con un muchacho que venía silbando, lo cual es signo de alegría. Fuera de la anciana, eran tristes todas las historias de quienes vieron su futuro.

¿A usted tampoco le afectó haber visto su futuro?, le preguntó y el joven le respondió que le había pasado algo raro. Estaba mirando la piedra, le dijo, cuando vi que en el reflejo caminaba hacia mi la muchacha que más me gusta. Hace años que estoy enamorado de ella pero no sé cómo encararla.

Ella venía hacia mi, me puso nervioso porque comprendí que tenía que animarme y decírselo cuando sentí que a mis espaldas gritaba un pájaro. Me volví para verlo, y lo vi alejarse abriendo las alas para agarrar el viento. Entonces dejé que mis ojos regresaran a la superficie de la piedra, y ya caminábamos de espaldas, ella y yo, quien sabe hacia dónde.

No supe qué era lo que me había pasado, dijo entonces. Es algo que me lo revelará el destino. El padrecito comprendió que el pájaro lo había salvado, y que el joven era tan sabio o tan desinteresado como para no volver a buscar una respuesta, y fue en ese momento en el que lo escuchó decirle que ahí venía.

El sacerdote vio a la joven acercarse con algo de timidez, sonriendo un poco. Estaba seguro que ella sentía algo por el joven. Antes de ir hacia ella, el muchacho le dijo que estaba agradecido de no saber cómo terminaba el asunto, porque de otra forma no podría disfrutarlo.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...