"Cuando vine sentí lo que  era realmente extrañar"

Todo comenzó en una noche de asado cuando Candela Ghigo conoció a Pablo Agudo Velázquez, un jujeño que hace tiempo ya vivía en España y estaba de vacaciones en Jujuy. Aunque en un primer momento no hubo mucha química sólo basto que salieran a bailar a El Príncipe para darse cuenta de que querían estar juntos. Él logró extender su visita por un mes y medio pero inevitablemente llegó el momento de marcharse.

"Él se fue y empezamos a chatear, recién aparecía internet, yo me iba al cyber para hacer videollamadas una vez a la semana. Una historia de amor muy hermosa", contó Candela. Pero ya cansados de la distancia un día Pablo le propuso irse a España para poder estar juntos. Propuesta que aceptó casi sin pensar.

"Yo dije me voy! Total, no pierdo nada y si me va mal me vuelvo. Y aunque no tenía mucha idea del mundo pensé que esa era mi oportunidad para ver de qué estaba hecha y de paso probar esa historia de amor", expresó. Y fue así que sin titubear y con sus padres afligidos por su inesperada decisión, la jujeña tramitó el pasaporte junto a una prima de Pablo y ambas emprendieron el largo viaje.

Durante el primer año vivieron juntos en Valencia y por el trabajo de Pablo que es militar se trasladaron a Zaragoza. "Me vine con una mano adelante y otra atrás y 50 euros en el bolsillo que me los gasté en el aeropuerto en una cabina de fotos", contó Candela asombrada de su inmadurez de entonces.

El primer año fue difícil. Les costó pasar de no conocer tanto a vivir juntos pero finalmente salieron a flote. Fue en ese momento que la jujeña considera que aprendió "realmente lo que era trabajar". "Trabajé de camarera, de ayudante y de jefa de cocina en un bar y en una tienda de ropa. Y aunque tuve experiencias en las que no la pasé muy bien, aprendí muchas cosas", valoró la jujeña.

Cuatro años después, en enero de 2008 Pablo y Candela se casaron por civil y por primera vez ella pudo volver a su tierra natal. "Me fui a Jujuy por un mes y puedo decir que fue el mejor de mi vida. Es que cuando me vine realmente sentí lo que era extrañar a mis padres, a mis hermanos y la desesperación de estar tan lejos. Ahí realmente te das cuenta de lo que es el amor a la familia y la unión" y fue a partir de ese gratificante viaje que intenta de volver por lo menos una vez por año.

Y cuando las cosas no podían ir mejor ya con una casa propia y su matrimonio consolidado en el año 2012, Candela recibió "el mejor regalo de la vida". Nació su primer hijo, Mateo. "Ahí me di cuenta de que yo había nacido para ser mamá", confesó. Y en 2016 nació Nerea, "la alegría de la casa", inquieta como ella sola y con una intensidad que contagia felicidad.

Entre otra bondades de la vida y del universo, Candela logró cumplir el sueño de casarse por Iglesia en Jujuy. "En 2017 fuimos a bautizar a Nerea y mi hermana nos había organizado el casamiento con la mejor fiesta de mi vida", un momento todavía inolvidable para los amigos y familiares e inconmensurable para ella que pudo llegar al altar del brazo de su padre y contar con la presencia incondicional de su abuelo que hoy ya tiene 92 años de edad.

Pero la jujeña todavía tiene dos sueños más por cumplir. Poder hacer allá unas buenas humitas y regresar a Jujuy. "Mi sueño es poder volver a vivir a Jujuy. Y aunque ahora parece casi imposible, no pierdo las esperanzas porque a Jujuy siempre se vuelve", dijo convencida.

 

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