De alguna película

Antes de dejarse caer sentado en el colchón, Pierre Donadou nos dijo que acaso la recordáramos de alguna película, y lo cierto es que podía ser de muchas de aquellos finales de los años sesenta. Más que una mujer, era un estilo con sus largas piernas enfundadas en medias caladas y su pecho resaltado por el armazón.

Ella pitó largamente del cigarrillo ensartado en su boquilla, y nos habló de un funcionario jujeño que no hacía mucho había viajado por Roma, cuyo acento ella esgrimía con coquetería. No recuerdo su nombre, dijo, pero dejó en el cuarto varios ejemplares del Tribuno de Jujuy, y así conocí estos Laberintos y los conocía a ustedes.

Vine a pedirle ayuda a Pierre, que lo conozco porque fui amiga de sus padres, pero sobre todo quisiera que me ayudaran el comisario Pierro y Bautisto Solón, no creo que haya otros que puedan hacerlo. ¿Y qué es lo que tienen que hacer?, quiso saber el padrecito. El tema no es tan difícil, le respondió, no voy a ser la primera actriz que sintió pavor por el paso del tiempo.

Se las hago fácil para no abundar en detalles: hubo un hombre que se hizo pasar por representante de artistas. Yo no necesitaba porque ya tenía mi renombre en Cinecitá, que por entonces estaba entre los estudios más importantes del planeta, pero la vez en que se me presentó en un restaurant, me besó la mano y dijo algo más.

Dijo que podía hacer de mí una estrella eterna, y al decirlo me clavó la mirada como para que supiera que ese era el asunto principal de nuestro trato. Así comenzó todo, nos dijo.

     

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...