A pocos días de iniciar el 2021 y de mirar lentamente el año que se inicia, pensando que el verano con sus días de cálido aire seco invade nuestras casas, los espacios y nos dan una tregua para lo que luego de las vacaciones se aproxima, una nueva etapa, un nuevo año para disfrutar y hacer.
 En nuestras vacaciones descubriremos o recorreremos lugares conocidos, quizás ríos, lagunas, arroyos o la urbana piscina y acompañados de unos mates individuales o mejor otra bebida, podremos disfrutar de la lectura, la música o el intercambio en las redes sociales.
 Es que las redes sociales han empezado a determinar nuestra vida, nuestros afectos, enojos, alegrías  y más allá de ser un mero pasatiempo, sumado a los confinamientos por el corona virus, ha pasado a dominar o regir la vida de muchos.
 No sólo la espontaneidad y rapidez con que se esparce la información pero también con la que desaparece.
 Gracias al internet y a las redes sociales hemos aprendido a estar conectados, compartir no solo fotos o videos sino también discutir, hacer encuestas, tomar parte en actividades grupales, aprender, hacer cursos.
 Pero en la música, esa musa inspiradora, relajante, motivadora o hasta a veces enervante, es precisamente uno de los artes más sublimes, más puros y más conectados no sólo con nuestros sentidos sino que también llega a nuestras emociones, nuestro pensamiento, nos hace cambiar de humor y nos transporta en el tiempo.
 Quien no habrá recordado escuchando una canción o “tema” de cuando uno era adolescente y las salidas nocturnas, los momentos con amigos, las ilusiones y sueños.
 También las clases de idiomas, cuando una canción en ingles se transformaba en la ocasión para escucharla en la clase de inglés por ejemplo. 
 Menos o quizás canciones en francés, que era un idioma menos popular ya durante los 80 en las escuelas de Jujuy pero que alguna buena profesora nos hacía escuchar y hasta despertar interés en esta lengua que en su época fue la lengua extranjera más hablada en el mundo.
 La barrera o quizás la imposición de segundas lenguas han determinado nuestros gustos a la hora de escuchar música o elegir una canción en la red, a fin de escucharla.
 Nos hemos dado cuenta que el castellano y la cultura hispana produce muchísima música pop, reggaeton y otros ritmos más modernos y populares entre la gente joven.
 Estrellas en las redes sociales y en canales de música, muchas veces de dudosa entonación y musicalidad pero de gran persuasión y bien “conectados” hacen que invadan las redes y los clicks que provocan entre el público determinen quienes van a ser los músicos mas populares y mas escuchados y vistos. Sus videos y coreografías van a ser copiadas por su audiencia.
 Pero gracias al internet y la rapidez con que pasan las cosas, logramos a pesar de la pandemia hacer música y colaboraciones online.
 El mundo musical hispano, con sus ritmos tan contagiosos y bailes sensuales, fruto de mezcla de raíces indígenas, africanas y europeas, atraviesan en un viaje de vuelta hacia Europa.
 Así, músicos y raperos o disc jockeys de gran fama logran, a pesar de la barrera del idioma, colaboraciones con estrellas latinas de las redes sociales y el YouTube.
 Francia, Inglaterra en un lento despertar a otras culturas no anglo parlantes y en menor medida Alemania, descubren la cultura hispana y se inicia un intercambio con músicos, o aspirantes a músicos de América Latina.
 Somos productores no sólo de bananas, café, carne, tabaco y otras sustancias tan apreciadas en el mundo pero que no cabe mencionar aquí y que el lector inteligente sabrá a que se refieren.
 Es que somos un continente que tiene mucho talento musical, riqueza, cantidad y variedad de ritmos no tan fáciles y melodías. 
 Sumado a la producción de estrellas, el alcance de los clics es el que quizás atraiga a los músicos de otros países y claro, de otros idiomas.
 El idioma castellano gana importancia no sólo por ser tantos los países que lo hablan y la cultura que cada uno tiene sino la música que es diferente y todo un desafío para otras culturas.
 También la cultura coreana con su música parece haber conquistado el universo juvenil aquí y en la China, literalmente. 
No sabemos si alguna llegará a ser materia de escuela, como el interés por el japonés o chino en el mundo hacen parecer un cambio de dirección.
 Pero de algo estamos seguros: el castellano se aprende en esos países y los lazos entre nuestras culturas nos aproximan.

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