Murió Sixto Vázquez Zuleta

Sixto Vázquez Zuleta vivía en estado de luminosa serenidad en su lugar en el universo: Humahuaca. Había nacido en Estación Perico -hoy ciudad Perico- en 1938. Su padre fue un kallawaya, sabio conocedor de los secretos de la tierra y de la naturaleza, y de él debe haber aprendido los primeros pasos de la filosofía profundamente americana que lo guió toda su vida. Y también de la mano de esas inquietudes, cuando ingresó a la Escuela Normal de Humahuaca, ya sabía leer desde los tres años. En esas aulas cursó toda la primaria y parte de la secundaria que luego culminaría en la Normal "Agustín Garzón Agulla" de la ciudad de Córdoba, donde se graduó de bachiller y maestro nacional. De regreso a Humahuaca, comenzó su labor docente rural en los valles cordilleranos, en la Quebrada y la Puna.

Sus largas caminatas por la región, recorriendo las antiguas poblaciones indígenas y los vestigios de las viejas civilizaciones locales, los intensos paisajes, los silencios poderosos, los cielos recargados de historias y presagios, recargaron también su corazón y su alma de investigador y creador. Sixto se fue convirtiendo en el escritor y el poeta, lúcido y preclaro, que sumaba materiales maravillosos para lo que serían a lo largo de su vida, sus libros de cuentos, sus noveles y relatos. Se preocupó por recuperar entonces, la riqueza de los valores aborígenes y sus estudios lo llevaron a ofrecer conferencias en diferentes lugares de Argentina y el mundo. El Inberoamericanisches Instituto de Berlín, el Instituto Iberoamericano de Madrid, el Ibero Club de Bonn, el Museo Real de Bruselas, la Universidad de la Sorbona en París, y en diferentes universidades argentinas y de América Latina lo reconocieron como disertante fluido, de ricos conceptos y conocimientos profundos.

Apasionado de la comunicación y los medios, en 1988, Sixto Vázquez fundó la FM Humahuaca, primera radioemisora estable de la Quebrada, y en el 2000, lanzó la primera televisora aborigen por aire del mundo: Indiocanal 12, emisora de baja potencia que, sin embargo, se conoció en todo el planeta. Desde esos medios, y sus libros, Sixto, o "ToQo", como prefería llamarse, combatió la destrucción del patrimonio cultural intangible de los pueblos antiguos mientras dictaba cursos de quechua, siendo el primero que enseñó sistemáticamente la lengua aborigen a nivel oficial. Hasta hace pocos días, "ToQo" siguió enseñando el quechua en el Instituto de Formación Docente y en la Tecnicatura de Folklore de la Unju que funcionan en Humahuaca. Además, publicó 15 libros, y fundó y dirigió el Museo del Patrimonio Intangible de la Quebrada de Humahuaca, y ocupó una cátedra como profesor extraordinario en la UBA.

Se apagó su vida, rodeado de sus libros, su música, de sus papeles sueltos, las novelas inéditas, los sueños pendientes y la gigantesca tarea cumplida por lo mucho que entregó. Sixto, o "ToQo", humilde, sencillo, generoso, jamás necesitó de levantar la voz, o mostrarse indignado frente a las contrariedades. Su sonrisa permanente, su mano cordial tendida a todos, y manera pausada de hablar, tenía la rúbrica de las certezas y la seguridad de las victorias que se consiguen con convicción que se lleva en la sangre. Su voz calló para siempre. Jujuy lo extrañará y le estará eternamente agradecido. Sixto, ahora, se integró al patrimonio intangible, a la heredad cósmica de una raza que jamás fue vencida.

 

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