Las flores en la música

El lector seguidor de esta columna despide enero y recibe al mes de febrero, festivo y rebosante de lluvias y calor extremo en la región subtropical y selvática de Jujuy.

Las vacaciones de verano en el hemisferio sur y la pausa de la vida normal a la que lleva el confinamiento en el hemisferio norte nos lleva a ver la vida de una manera más tranquila y lenta.

La gran mayoría de los conciertos y todos los encuentros culturales con presencia de gente se han cancelado. No podemos recurrir a conciertos, óperas o recitales, aún no sabemos cuándo podremos volver a poner un pie en el teatro, pero podemos disfrutar de numerosas obras musicales en línea, conectados, y así, ver los “live streaming” o conciertos en vivos. En realidad, nada nuevo, porque es como ver en la televisión un concierto en directo.

 Para los artistas, sin embargo, es una gran diferencia. Hacer conciertos sin público puede llegar a ser frustrante, falta la comunicación, el aplauso, el calor humano y hasta la tensión que en los últimos primeros minutos del concierto se apoderan de uno.

 Fijar la vista en el horizonte, caminar, pasear por nuestra ciudad, salir al campo, recorrer tramos a pie o en bicicleta, descubrir los parques, las plazas, jardines o la naturaleza que siempre ha estado allí pero no la veíamos.

Atrás han quedado los tiempos donde íbamos de vacaciones a países lejanos o vecinos. Aún el mundo no se ha sanado del virus y va a pasar un tiempo hasta que podamos viajar presencialmente, pues podemos viajar gracias al internet y ver ciudades que han reafirmado su presencia virtual.

 En la tranquilidad de la siesta podemos aprovechar para descubrir las flores de nuestra ciudad, las plantas que gentilmente nos ofrecen sus colores, pimpollos, flores y más tarde, frutos.

 Pero, ¿qué tienen que ver las flores con lo que nos toca en esta columna semanal sobre la música clásica y el arte en general?

 Pues, muchos compositores se han inspirado en la belleza de las flores para escribir canciones.

 El lector ilustrado sabrá que la canción, en la música clásica tiene un lugar muy importante, sobre todo en la cultura de la música clásica alemana. Es allí donde surgió el género canción culta, en inglés art song, mélodie en francés y en alemán, lied (significa canción) que a veces designa este género en otras lenguas.

 El arte del lied es muy expresivo, pues comprende la voz humana y un instrumento, generalmente el piano pero también puede ser la guitarra. El instrumento no es un mero acompañante, tocando armonías simples o sirviendo de “colchón” sobre el que el cantante interpreta libremente.

No, el compositor ha escrito para el piano o guitarra también una línea interesante y entre ambos instrumentos, la voz humana y su compañero de turno, hacen música juntos, dialogando y haciendo música de a dos.

 Es así que vamos a hablar de las flores y los compositores, tomaremos solo algunos ejemplos, pues el universo musical es tan amplio y las flores en la ópera también son un tema de gran interés.

 Un gran compositor alemán, de inspiración romántica, es Richard Strauss, no confundir con el compositor de valses vieneses, Johann Strauss, que era de Viena.

 Compuso un pequeño ciclo de canciones (muchos Lieder se componen en ciclos o grupos de canciones en torno a un tema) dedicado a las flores al cual llamó “Mädchenblumen”  Opus 22 y que es un ciclo de cuatro canciones: Kornblumen (aciano, una flor azul), Mohnblumen (amapola),  Epheu (hiedra) y Wasserrose (nenúfar, flor similar al irupé).

 Similar a este ciclo pero en tierras americanas, destaca el compositor argentino moderno Carlos Guastavino, conocido como el Schubert de las Pampas por el gran número de canciones que compuso y a cuyo género se dedicó con gran pasión.

 Su ciclo “Flores argentinas” es un viaje al interior argentino y sus ritmos, de las diferentes regiones de nuestro país y al interior del piano y la expresividad íntima de la voz humana.

Es un ramillete de doce flores argentinas: empezando con el “plumerito”, flor que tenemos en San Pedro de Jujuy en el cauce del Río Grande. Pasando por el clavel del aire, ignorado por la mayoría de nosotros pero de una simple y graciosa belleza hasta las flores del chilco o fucsia, flor originaria de la Patagonia. Una de las flores más representativas de nuestro país es, junto al ceibo, la flor de la tusca, que con sus graciosos pompones parecen amarillos algodones y que al decir de Guastavino “adornan la mañana como solcitos”.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...