Se equilibra el mapa político en Argentina

La derrota del Gobierno en casi todo el país confirma lo que ya se avizoraba tras las Paso: se vienen dos años de fuerte reconfiguración en todo el esquema político argentino, dominado hace 18 años por la influencia casi excluyente del kirchnerismo. ¿Cómo se traducirá esto en la práctica? Por ahora es un poco apresurado sacar conclusiones tajantes, pero se reducirá el peso del oficialismo en el Congreso, se rediscutirán los liderazgos en el peronismo tradicional y se acentuará la disputa interna en la oposición por las candidaturas presidenciales. Todo ese combo, que incluye la pérdida del quórum propio en el Senado, impactará inevitablemente en lo que resta del mandato de Alberto Fernández, lo que resta saber es de qué manera y en qué magnitud.

Ni el aumento en la cantidad de votantes, ni las innumerables medidas económicas, ni los cambios de Gabinete, ni tampoco el anuncio de la mayor inversión en los últimos veinte años le alcanzaron al Gobierno para revertir su derrota del 12 de septiembre. El Gobierno intentó de todo, pero apenas debió conformarse con achicar la diferencia en la provincia de Buenos Aires, en donde se concentró la mayoría de los esfuerzos y de los recursos.

Al tanto de lo que reflejaban todas las encuestas previas a la elección, el Presidente se esforzó ayer antes de conocer los resultados por instalar que estos comicios eran estrictamente legislativos y que no se prevén cambios en el Gobierno. Alberto Fernández buscó adelantarse a los hechos con el único objetivo de descartar rápidamente del imaginario público una crisis política en el oficialismo similar o peor a la que ocurrió días después de las Paso.

Llamó poderosamente la atención que el Presidente haya estado totalmente solo a la hora de admitir la derrota, como si sólo él tuviera la responsabilidad de lo que pasó en las urnas. Cristina, que se escudó en una recomendación médica para no asistir al búnker, ni siquiera dio un mensaje por videoconferencia, lo que alimentó las especulaciones sobre cuál será su rol de cara a lo que viene.

Uno de los principales efectos que tuvo la elección de anoche es la dificultad que tendrá el Frente de Todos para encontrar un postulante competitivo para 2023. Tanto Axel Kicillof como Máximo Kirchner quedaron desdibujados por el resultado bonaerense. Algo parecido ocurrió con Sergio Massa, quien colaboró muy poco con la atracción de votos peronistas desencantados con la figura de Cristina. Este escenario les abre las puertas a los gobernadores oficialistas que consiguieron un triunfo, como Juan Manzur, Gerardo Zamora, Sergio Uñac y Jorge Capitanich. ¿Cuál será el posicionamiento de esos mandatarios en relación al kirchnerismo? Se supone que comenzarán a tomar distancia para evitar que la imagen negativa de la expresidenta los arrastre a ellos también. Un colaborador directo de uno de esos jefes provinciales sostuvo anoche a El Tribuno que "ya están avanzadas las negociaciones para darle impulso a una liga de gobernadores que influya directamente en las políticas del Gobierno".

La convocatoria al diálogo con la oposición, empresarios y trabajadores que lanzó el Gobierno en las últimas horas es la primera consecuencia del resultado electoral. En el Frente de Todos saben que se viene un período de alta inflación, de mucha inestabilidad cambiaria y de muy pocas reservas en el Banco Central, por lo que buscará diluir los costos políticos en la administración de esa penuria. La jugada -de dudoso efecto real- inquieta a la oposición, ya que la expone ante la sociedad ante dos opciones: mostrarse colaborativa con un Gobierno debilitado o poner trabas en un momento de mucha desesperanza. El Tribuno pudo averiguar que el jefe de Estado piensa poner sobre la mesa tres asuntos fundamentales para el futuro de la Argentina: la negociación con el Fondo Monetario Internacional, el Presupuesto 2022 y eventuales modificaciones en las leyes laborales. Estos asuntos, que representan el corazón de la política económica nacional, estuvieron ausentes hasta ahora de cualquier debate conjunto pese a la magnitud de la crisis, lo que también fue castigado por los electores en las urnas.

El Presidente dijo anoche que se viene "un camino de ordenamiento de las cuentas públicas, pero sin aumento del gasto", lo que limita desde el minuto cero el diálogo con sectores de centroderecha que vienen pregonando por reducir el déficit fiscal.

La oposición

En Juntos por el Cambio reinaba anoche la algarabía por haber alcanzado por tercera vez consecutiva más del cuarenta por ciento de los votos a nivel nacional. Los triunfos de Horacio Rodríguez Larreta en Capital y provincia de Buenos Aires lo ubican a la cabeza en la línea de largada para la pelea presidencial, pero también emergen otros aspirantes. Hubo contundentes victorias de Gerardo Morales en Jujuy, de Gustavo Valdés en Corrientes y de Rodolfo Suárez en Mendoza, lo que también los pone en la discusión de cara a 2023.

El gran desafío para la principal fuerza opositora está en no desgastar su coalición en una lucha anticipada por el poder. De hecho, Mauricio Macri se animó a hablar ayer de "una transición" por los próximos dos años, descontando que Juntos por el Cambio recuperaría la jefatura de Estado en la próxima elección. La declaración, que no cayó nada bien entre las "palomas" de Juntos por el Cambio, fue interpretada como un acto de soberbia que contrasta con la moderación que quieren exhibir de ahora en adelante, pero también como un posicionamiento político del expresidente, quien buscaría pelear otra vez por la presidencia.

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