Jorge lucha por el acceso a la Informática, sin barrera visual

Jorge Rafael Estrada tiene 32 años, está convencido de que la mejor apuesta de los organismos públicos y el sector privado es tornar accesibles, por ejemplo, sus páginas web para las personas con discapacidad. Y él se siente apto para aportar a ese cambio: no sólo estudia la carrera de Analista Programador Universitario en la Unju sino que cuando tenía 13 años perdió la visión por desprendimiento de retina.

Desde chico había sentido curiosidad por la electrónica, tuvo sus aventuras con investigar qué había adentro de un televisor o un equipo de música. Siempre decía que le gustaría estudiar Ingeniería Electrónica, pero lo ocurrido en su adolescencia le hizo cambiar un poco de rumbo.

Tras su paso por el Colegio Nº 2 "Armada Argentina", el contacto con su primera computadora y la desilusión de que los cursos de Informática fueran "muy visuales", Jorge decidió que quería trabajar enseñando en esa área. Entonces asumió un gran desafío, se inscribió en la Facultad de Ingeniería.

Corría el 2012 y "todos estaban sorprendidos porque era la primera persona ciega que estaba inscripta para la carrera de Analista Programador Universitario. Consulté a unos amigos ciegos que al parecer habían intentado y me decían que era muy difícil, que había muchas barreras y me sugerían que vaya a Humanidades donde no se tenía mucha Matemática y ya había personas ciegas", resaltó. Le planteaban que iba a ser el pionero.

Pero pudo más su curiosidad y las ganas de intentar. "Me preparé para rendir el examen de ingreso, aprobé con un buen promedio y pude ingresar a Ingeniería", recordó a El Tribuno de Jujuy. Por las dudas se había registrado en Humanidades, en la Licenciatura en Comunicación más que nada por la operación técnica pero no fue necesario.

Paralelamente construyó su familia con su señora Carla y sus hijos de 11 y 6 años: Joaquín y Valentín. Lo cual lo llevó a la preocupación de tener un trabajo y generar ingresos. "Es difícil, a veces te miden por la discapacidad y no por la potencialidad que uno puede tener más allá de la discapacidad", reflexionó.

Entre el 2013 y el 2016 dictó clases de Informática y Sistema Braille en una cooperativa de Ledesma, tuvo adolescentes y adultos como alumnos, siempre investigando y estudiando cómo enseñar a una persona con discapacidad. Cuando se discontinuó empezó a presentar infinidad de notas pero no obtuvo respuestas.

Empezó con los cursos particulares y en pandemia lo extendió al formato online, superando los límites de la provincia y del país. Últimamente está brindando clases a mujeres con discapacidad motriz, en el marco de un proyecto de Mudeba.

Además, mientras transita las últimas materias de su carrera -en la cual agradeció la ayuda del profesor Luis Moya- realiza reparación técnica de computadoras, en software de programas y hardware. Siempre con la seguridad de que "el día que me den esa oportunidad podré demostrar qué es lo que puedo hacer y cómo se puede cambiar" para convertir la accesibilidad en algo real.

En el Colegio hizo un curso de Operador de PC

Cuando estaba entrando al Secundario Jorge tuvo desprendimiento de retina de ambos ojos y quedó ciego. “Fue difícil al comienzo, tener que adaptar los materiales, estudiar de otra manera, era complicado para mí andar solo con el bastón, siempre dependía de alguien”, relató. Pero fue hasta que “sentí esa necesidad de tener autonomía, juntarme con algunos amigos, a partir de ese momento empecé a utilizar el bastón”.

Estuvo integrado en el Colegio Nº 2 “Armada Argentina” y también concurría a lo que -en aquellos tiempos- se llamaba Regímenes Especiales. Allí recibía apoyo, por ejemplo al contenido de las fotocopias la docente se lo grababa en formato de audio, en un cassette; o le explicaban contenidos que no le quedaban claro de Matemática. Sobre cómo vivió esos años, comentó que “me sentí bien, sentía que había cosas que no podía hacer pero no tuve problemas en relación a mis compañeros. Hice buenos amigos, me invitaban a algunos cumpleaños y juntadas”.

JORGE DURANTE SU ADOLESCENCIA

Incluso se animó a hacer un curso de Operador de PC en el establecimiento, “se sorprendió el profe -un ingeniero en Informática- porque era la primera persona ciega en manejar una computadora en el colegio”. Jorge rememoró que en su casa ya tenía una PC de escritorio con un lector -”un software que verbaliza todo lo que está en pantalla a través del audio”-, por lo que tranquilizó al encargado del curso optativo diciéndole que manejaba un programa con el que podía hacer todas las actividades al igual que los otros chicos. “Cuando me regalaron la computadora apenas sabía prender y apagarla, abrir Word y escribir; luego tuve que memorizarme el orden del teclado y las teclas de funciones”, dijo.

Tras obtener el certificado quiso seguir aprendiendo pero no halló muchas oportunidades porque “es todo muy visual, por ahí hay varios tutoriales que te explican pero como para una persona sin discapacidad”. En quinto año con un compañero que era muy bueno en Matemática, charlaban del futuro y él insistió en que le gustaba Informática.

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