Alberto suma poder interno pese a la derrota

Pese a la derrota en las elecciones y a la precaria situación económica que vive el país, el presidente Alberto Fernández se encuentra hoy en el momento de mayor empoderamiento político interno que haya tenido en los últimos meses. Esto ocurre justo en momentos en donde el Gobierno empieza a verse obligado a tomar las medidas antipáticas que había decidido retrasar hasta después de los comicios, como la eliminación de las cuotas para viajar al exterior, el endurecimiento del cepo en el dólar financiero y una eventual suba de las retenciones a la carne.

Ese tipo de paradoja es un fiel reflejo de la creciente inestabilidad institucional por la que atraviesa el país, en donde no abundan los liderazgos muy definidos y el poder real suele estar bastante más repartido que en otras épocas de la historia reciente.

El jefe de Estado se benefició con la reciente unificación de la CGT, agrupó a muchos de los movimientos sociales que habitualmente cortan calles y rutas, y consiguió el respaldo explícito de gobernadores e intendentes para llevar adelante un programa económico alejado de los extremos del kirchnerismo.

Todas estas alianzas que actualmente son el soporte principal del Presidente deberán ir ratificándose con el tiempo, ya que los trabajadores y desocupados no tolerarán más pérdidas en el poder adquisitivo y los mandatarios provinciales y municipales no dejarán que una eventual caída en la imagen del Gobierno los afecte directamente en materia electoral. A todos ellos los une hoy el deseo de un Frente de Todos con menos influencia de Cristina, pero por ahora sin un cheque en blanco para nadie.

De hecho, el nuevo triunvirato de la CGT responde mucho más a una situación de supervivencia sindical que de alineamiento irrestricto con el Presidente, quien se ve favorecido indirectamente por el espíritu antikirchnerista de su cúpula, sobre todo por la inclusión del combativo Pablo Moyano. Los popes gremiales saben a la perfección que se viene un 2022 de elevada inflación, de liberación tarifaria y de una eventual licuación real de los salarios, sobre todo en el ámbito informal, que representa ni más ni menos que el 40% del total.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, clave en cualquier escenario de reordenamiento macroeconómico, parece haber entrado en un camino de aceleración para evitar continuar pagando abultados vencimientos en dólares en medio de la crisis. Los avances que presentan el ministro de Economía Martín Guzmán y el jefe de Gabinete Juan Manzur contrastan con la férrea resistencia de Máximo Kirchner, quien considera que "no se puede pagar la deuda a costa del hambre de los argentinos". Según altas fuentes oficiales consultadas por El Tribuno de Jujuy, por estas horas no se descarta que el acuerdo pueda estar listo antes de fin de año, aunque todavía no se conocieron detalles finos de la negociación. ¿Cuál será la estrategia para bajar el déficit fiscal sin incrementar la pobreza? ¿De qué modo se achicará la brecha cambiaria entre el dólar "blue" y el oficial? ¿Se aceptará un freno casi total a la obra pública? ¿Qué ocurrirá con las tarifas de los servicios públicos? ¿La oposición respaldará abiertamente lo que acuerde el Gobierno? ¿Cuál será la postura de Cristina? Por el momento, ninguno de esos interrogantes -que en realidad son pedidos explícitos del FMI- parecen estar esclarecidos.

Es evidente que luego de las elecciones, la Casa Rosada quiere mostrar señales de cierta moderación financiera para allanar el camino de un acuerdo con el Fondo. No es casualidad que sea casi un hecho que se elimine la prohibición de despidos y también la doble indemnización, como tampoco lo es que se analice la modificación de la polémica ley de alquileres, que provocó una desastrosa suba en los precios y una gigantesca reducción de la oferta de viviendas para rentar.

Al ratificar a todo el equipo económico, Alberto Fernández se animó a dar una muestra de autoridad que no había ocurrido tras la derrota en las Paso. Ayer se conoció que Guzmán -uno de los más cuestionados por Cristina- fue nombrado por el papa Francisco como miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Ese hecho, que posee una fuerte carga simbólica, fortalece aún más la posición presidencial de mantenerlo en el cargo. Otro de los ministros que antes de las elecciones parecía afuera del Gobierno es Matías Kulfas, de Producción. El funcionario albertista se siente más consolidado en su puesto y esta semana se animó a cruzar públicamente al poderoso secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, por su amenaza de aumentar los impuestos a la exportación de carne.

Algo parecido se vio la semana pasada en la Plaza de Mayo, en donde la CGT, los movimientos sociales y muchos intendentes del conurbano bonaerense organizaron un multitudinario acto en el que Fernández fue el único orador. Allí lanzó otro dardo de diferenciación con Cristina, al pedir que en 2023 todos los candidatos sean elegidos por medio de una Paso. Sólo alguien muy despistado podría no haber entendido el mensaje: la vicepresidenta armó unilateralmente las listas en todo el país, impidiendo a muchos peronistas disputar una candidatura contra dirigentes de La Cámpora. La agrupación que lidera Máximo Kirchner, en una evidente señal de toma de distancia, llegó cuando el discurso del Presidente ya había terminado. La primera impresión que aparece es que el kirchnerismo más duro necesita seguir siendo parte del Gobierno pero no quiere estar al frente en la defensa de muchos proyectos.

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