La escasez de reservas condiciona el repunte

La escasez de reservas en el Banco Central está siendo, por estas horas, la principal preocupación del Gobierno en materia económica, ya que condiciona cualquier escenario de recuperación y genera especulaciones de todo tipo en los mercados. Esta situación, además de provocar una constante sensación devaluatoria en la sociedad, impacta de lleno sobre las expectativas financieras del país y también sobre las complejas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

De hecho, esta misma semana sucedieron dos hechos de suma envergadura que encendieron muchas alarmas en el Palacio de Hacienda: en sólo dos días se fueron 400 millones de dólares del sistema financiero y la titular del FMI, Kristalina Georgieva, salió a aclarar que todavía no se está cerca de un acuerdo por la deuda, como venía instalando el ministro Martín Guzmán. Consultado ayer por El Tribuno de Jujuy, un alto funcionario de la cartera económica afirmó que "puede haber una carta de intención antes de fin de año".

En la Casa Rosada saben a la perfección que si no se incrementa el stock de divisas extranjeras las versiones sobre eventuales corralitos y más limitaciones para el ahorro de la gente golpearán muy fuerte la credibilidad del plan plurianual que está diseñando el Gobierno. Ese programa, claro está, no sólo será observado con lupa por los organismos multilaterales de crédito, sino también por empresarios y eventuales inversores, dos sectores determinantes en la generación de empleo genuino.

Como premio consuelo, en Economía aseguran que estos meses ingresarán "varios millones dólares" por las retenciones a las cosechas agropecuarias y que eso permitirá "fortalecer un poco" la posición del organismo conducido por Miguel Pesce. Muy poco para la gran magnitud del problema que atraviesa el Central, en donde las reservas líquidas no superan los dos mil millones de dólares, dejando de lado el swap con China y los derechos especiales de giro, que serán utilizados para pagar vencimientos con el FMI.

La microeconomía está en pleno proceso de rebote de lo perdido por la pandemia, pero la macroeconomía parece estar mostrando síntomas diametralmente distintos: la brecha cambiaria no se reduce, el déficit continúa elevadísimo y la inflación sigue descontrolada. En el Gobierno muestran cierta alegría por los datos que el Indec difundirá a mitad de este mes, que podría rondar entre el 2.5 y el 3 por ciento. El número, que sería menor que el octubre, sigue siendo muy elevado, y más si se tiene en cuenta que en menos de un mes terminan los precios congelados y que tanto los combustibles como las tarifas están planchadas artificialmente.

¿Puede ser consistente un crecimiento en la economía de bolsillo con las variables financieras en pleno desequilibrio? Por supuesto que no, y esto ya fue demostrado en muchos pasajes de la historia reciente argentina, en donde la economía avanzaba a tasas chinas pero con fuertes saltos inflacionarios, cepos de todo tipo, restricciones a las importaciones y exportaciones y una bajísima tasa de inversión privada directa.

Esto ocurre en momentos en los que la mayoría de los indicadores comienzan a mostrar un repunte en el consumo, en la actividad industrial, en las ventas en los supermercados y también uno muy leve en el empleo registrado. "Si miramos los indicadores, vamos a ver que todos

Esta semana el Gobierno debió negar dos veces que vaya a haber una devaluación del dólar oficial y tuvo que salir a desmentir que los depósitos en moneda norteamericana de los ahorristas vayan a ser tocados por los bancos. Además, son muy fuertes los rumores sobre cuáles serán las nuevas medidas a tomar, entre ellas se menciona en los mercados una eventual limitación en la compra de dólar ahorro y un control aún mayor sobre la entrada de los productos importados.

La interna

La renuncia de la subsecretaria de Comercio Interior, Débora Giorgi, fue un nuevo síntoma de los cambios políticos que están ocurriendo en la conducción del oficialismo. La exministra de Industria era una de las funcionarias preferidas de Cristina Kirchner y respondía directamente al secretario Roberto Feletti, quien mantiene una fuerte interna con los ministros Matías Kulfas y Julián Domínguez, quienes están bajo el ala de Alberto Fernández. Antes de las elecciones, cuando asumió Feletti para armar los controles de precios, se lo mencionaba como posible ministro de Economía si se iba Guzmán. Hoy, en cambio, ni siquiera puede aplicar un incremento en las retenciones a la carne, como había afirmado que quería hacer hace dos semanas.

Hablar de "albertismo" es aún una ilusión política, pero no hay dudas de que el margen de acción de los funcionarios que no simpatizan con Cristina es cada vez más alto en las filas del Gobierno. De todos modos, la vicepresidenta tendrá una gran noticia en pocos días, que se sumará a la del sobreseimiento en la causa Hotesur y los Sauces, cuando Máximo Kirchner tome posesión formal del peronismo bonaerense. Según afirman cerca de la expresidenta, la idea del kirchnerismo más duro es replegarse en la provincia de Buenos Aires para sumar intendencias para La Cámpora.

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