Los silencios que duelen

Por PATRICIA NOEMÍ BESEL, Operadora social y comunitaria.

Desde tiempos antiguos las familias se reúnen al calor de una fogata o alrededor de una mesa para hablar, narrar historias, reír, llorar juntos, etc. fortaleciendo el vínculo en esos momentos compartidos.

Hoy en día en muchos hogares, los silencios predominan, cada integrante se muestra ensimismado en su mundo interno, en su dispositivo y en desconexión con su entorno más cercano.

Sabemos que uno de los axiomas de la comunicación es que todo comunica, es imposible no comunicar.

En una situación de interacción, toda conducta tiene valor de mensaje, es decir, es comunicación; por eso, por más que uno lo intente, no puede dejar de comunicar.

Actividad o inactividad, palabras o silencios, tienen siempre valor de mensaje e influyen sobre los demás.

Paulo Freire habla de "la cultura del silencio" producida por la imposibilidad de que los hombres y mujeres digan su palabra, de que se manifiesten, provocado por la clase dominante en el ámbito político y social. Esta cultura parece trasladarse al marco íntimo del grupo familiar.

Hablemos entonces del silencio, comenzando por diferenciarlos.

Silencio castigador: No se habla, se decide ignorar porque predomina el enojo, es un silencio agresivo-pasivo.

El silencio del tímido: Tiene miedo al que dirán, a expresar su opinión y ser juzgado, miedo al rechazo y a la burla.

Silencio reflexivo: Se toma el tiempo de observar, pensar, elaborar ideas y reflexiones internas.

Silencio porque no hay temas de conversación: Genera cierta incomodidad.

Silencio de la tristeza: Se habla despacio y poco, la mirada es hacia adentro.

Silencio espiritual: acallar todo ruido interno y externo para conectarnos con el Creador.

Hay algunos silencios que deben romperse de una vez y para siempre. En la trama vincular de muchas familias el silencio es la forma de comunicación más utilizada, hay cosas que no se hablan "no se pueden", "no se deben hablar" son pactos de silencio, secretos de familia que se procesan en la callada soledad, aquello que causa angustia o incomodidad. Temas como la sexualidad, abuso, adicciones, la muerte, el suicidio, etc.

Hay situaciones de las que no se hablan, como si al no hablarlo no existiera o nunca pasó, generando un desgaste psíquico y emocional para tapar, ocultar o negar lo innegable.

Hay silencios que duelen, que dejan cautivas las almas que enferman, que distancian, que gritan indiferencia, indefensión, desinterés por el otro. Decía el rey David: "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día".

En las diferentes entrevistas en la Fundación notamos parejas que pasan años sufriendo por un "supuesto" y que el temor los llevó a pasar mucho tiempo sin enfrentar el fantasma de eso que su mente supone, una vez que logran hablarlo la sombra de dudas, malos entendidos, confusiones, los miedos arraigados desaparecen. Solo debían abrir su corazón y poner todo en palabras.

Romper el silencio, darle nombre y manifestar en palabras situaciones tales como abuso, maltratos, secretos guardados, heridas del alma, etc. trae en principio un gran alivio y paz, constituyéndose en el primer paso al camino de la libertad; en su defecto callar y no hablar aprisiona el alma en la más densa cárcel de oscuridad y tristeza.

Observamos padres que ante el abuso de su niña, o el intento de suicidio de su hijo (por dar algunos ejemplos), deciden lastimosamente silenciarse, no dialogar ni reflexionar sobre lo ocurrido, no volver a traer el tema.

¿Qué podemos hacer para terminar con los silencios que duelen?

Debemos disponernos a aprender la habilidad de poner en palabras asertivas y afectivas, todo aquello que sea relevante, "Hablar cura, hablar sana". Propiciar intencionalmente tiempos y espacios de calidad y diálogo familiar.

Buscar alternativas de comunicación cuando sea doloroso o difícil abordar un tema (ejemplo, escribir un mensaje, una carta para iniciar y abrir la conversación).

Anímese usted a hablar y develar lo que esté oculto o latente en su interior que necesita ser sano en su relación de pareja, con los hijos, con los padres.

Aprenda a escuchar con empatía a sus seres queridos, de lo contrario no hablarán más.

El sabio Salomón escribió: "Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo. Un tiempo para callar y un tiempo para hablar".

Valore los silencios sanos y necesarios, pero decídase a terminar con aquellos que distancian, duelen y confinan a la tristeza y soledad.

Construyamos ambientes familiares donde se habilite la palabra en confianza, en amor, compartiendo diálogos profundos y abiertos, en búsqueda de la resolución de conflictos y sanidad del alma.

(*) La Fundación Luz de Vida trabaja fuertemente en "educar, prevenir y restaurar" a través de escuela para padres, talleres, consejería y contención familiar. íContáctenos! Alvear 731, primer piso, oficina N°2, San Salvador de Jujuy.

Comuníquese al 388-4544620, o ingrese a nuestra página de Facebook: Fundación Luz de Vida. íEstamos para ayudarles!

 

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